(A)

133.- Esto del Estado corporativo es otro buñuelo de viento. Mussolini, que tiene alguna idea de lo que es el Estado corporativo, cuando instaló las veintidós corporaciones, hace unos meses, pronunció un discurso en el que dijo: "Esto no es más que un punto de partida; pero no es un punto de llegada". La organización corporativa, hasta este instante, no es otra cosa, aproximadamente, en líneas generales, que esto: los obreros forman una gran Federación; los patronos forman otra gran Federación (los dadores del trabajo, como se los llama en Italia), y entre estas dos grandes Federaciones monta el Estado como una especie de pieza de enlace. A modo de solución provisional, está bien; pero notad bien que éste es, agigantado, un recurso muy semejante al de nuestros Jurados Mixtos. Este recurso mantiene hasta ahora intacta la relación del trabajo en los términos en que la configura la economía capitalista; subsiste la posición del que da el trabajo y la posición del que arrienda su trabajo para vivir.

"Ante una encrucijada en la historia política y económica del mundo".
Conferencia en el Círculo Mercantil de Madrid. 09-04-1935. [jaoc0103.html]

(B)

134.- Pero los Estados totalitarios no existen. Hay naciones que han encontrado dictadores geniales, que han servido para sustituir al Estado; pero esto es inimitable y en España, hoy por hoy, tendremos que esperar a que surja ese genio. Ejemplo de los que se llama Estado totalitario son Alemania e Italia, y notad que no sólo no son similares, sino que son opuestos radicalmente entre sí; arrancan de puntos opuestos. El de Alemania arranca de la capacidad de fe de un pueblo en su instinto racial. El pueblo alemán está en el paroxismo de sí mismo; Alemania vive una superdemocracia. Roma, en cambio, pasa por la experiencia de poseer un genio de mente clásica, que quiere configurar un pueblo desde arriba. El movimiento alemán es de tipo romántico; su rumbo, el de siempre; de allí partió la Reforma e incluso la Revolución francesa, pues la declaración de los derechos del hombre es copia calcada de las constituciones norteamericanas, hijas del pensamiento protestante alemán.

Ni la socialdemocracia, ni el intento de montar, sin un genio, un Estado totalitario, bastarían para evitar la catástrofe. Hay otro género de ungüentos, de los que en España somos pródigos: me refiero a las confederaciones, bloques y alianzas. Todos ellos parten del supuesto de que la unión de varios enanos es capaz de formar un gigante. Frente a este género de remedios hay que tomar precauciones. Y no debemos dejamos sorprender por su palabrería. Así, hay movimientos de esos que, como primer puntual de sus programas, ostentan la religión, pero que sólo toman posiciones en lo que significa ventaja material; que a cambio de una moderación en la Reforma Agraria o un pellizco en los haberes del Clero, renuncian al crucifijo en las escuelas o a la abolición del divorcio.

"España y la barbarie".
Conferencia en el teatro Calderón, de Valladolid. 03-03-1935. [jaoc0086.html]