(A)

65.- Si una política no es exigente en sus planteamientos –es decir, rigurosa en lo intelectual–, probablemente se reduce a un aleteo pesado sobre la superficie de lo mediocre.

"Homenaje y reproche a don José Ortega y Gasset".
Haz, nº 12. 05-12-1935. [jaoc0152.html]

(B)

66.- La política es, ante todo, temporal. La política es una partida con el tiempo en la que no es lícito demorar ninguna jugada. En política hay obligación de llegar, y de llegar a la hora.

"Homenaje y reproche a don José Ortega y Gasset".
Haz, nº 12. 05-12-1935. [jaoc0152.html]

67.- ...Ningún régimen se sostiene si no consigue reclutar a su alrededor a la generación joven en cuyo momento nace, y para reclutar a una generación joven hay que dar con las palabras justas, hay que dar con la fórmula justa de la expresión conceptual.

"Juicio sobre la dictadura y la necesidad de la revolución española".
Parlamento. 06-06-1934. [jaoc0054.html]

68.- Cuando se llega a una posición política a través de este camino bastante dramático que yo he tenido que seguir, de este camino donde he tenido que ir sufriendo muchas cosas en lo más vivo de mi intimidad, no se sale al mundo exterior, no deja uno su tranquilidad, su vocación, sus medios normales de vida, la posibilidad de cultivar el espíritu, la posibilidad de vivir fuera del ruido, en ese silencio de donde se sacan las únicas obras fecundas; no se sale de todo eso, digo para darse el gusto de levantar el brazo por ahí. ... Se hace porque nuestra generación, que tiene tal vez por delante treinta o cuarenta años de vida, no se resigna a seguir otra vez viviendo en aquella capa chata incluida entre una falta de interés histórico y una falta de justicia social.

"Juicio sobre la dictadura y la necesidad de la revolución española".
Parlamento. 06-06-1934. [jaoc0054.html]

69.- Hay que creer en algo. ¿Cuándo se ha llegado a nada en actitud liberal? Yo, francamente, sólo conozco ejemplos fecundos de política creyente, en un sentido o en otro. Cuando un Estado se deja ganar por la convicción de que nada es bueno ni malo, y de que sólo le incumbe una misión de policía, ese Estado perece al primer soplo encendido de fe en unas elecciones municipales.

"Crisis del liberalismo" (1ª Carta a J.I. Luca de Tena).
Diario ABC. 22-03-1933. [jaoc0007.html]

70.- Toda gran política se apoya en el alumbramiento de una gran fe. De cara hacia afuera –pueblo, historia– la función del político es religiosa y poética. Los hilos de comunicación del conductor con su pueblo no son ya escuetamente mentales, sino poéticos y religiosos. Precisamente, para que un pueblo no se diluya en lo amorfo –para que no se desvertebre–, la masa tiene que seguir a sus jefes como a profetas. Esta compenetración de la masa con sus jefes se logra por proceso semejante al del amor.

De ahí la imponente gravedad del instante en que se acepta una misión de capitanía. Con sólo asumirla se contrae el ingente compromiso ineludible de revelar a un pueblo –incapaz de encontrarlo por sí en cuanto masa– su auténtico destino. El que acierta con la primera nota en la música misteriosa de cada tiempo, ya no puede eximirse de terminar la melodía. Ya lleva sobre sí la ilusión de un pueblo y abierta la cuenta tremenda de cómo la administre. ¡Cuál no ha de ser su responsabilidad si, como el poema de Browning, arrastra a una turba infantil detrás del caramillo para sepultarla bajo la montaña de la que no se vuelve!

"Homenaje y reproche a don José Ortega y Gasset".
Haz, nº 12. 05-12-1935. [jaoc0152.html]

71.- Se ha encendido en Europa, y arde ya en España, la llama de una fe nueva. De una fe que ve, en lo terreno y en lo civil, como primera verdad, ésta: un pueblo es una entidad total, indivisible, viva, con un destino propio que cumplir en lo universal. El bienestar de cada uno de los que integran el pueblo no es interés individual, sino interés colectivo, que la comunidad ha de asumir como suyo hasta el fondo, decisivamente. Ningún interés particular justo es ajeno al interés de la comunidad. Y, por consecuencia, no es lícito a nadie tirotear los fundamentos de la comunidad por estímulos de interés privado, por capricho intelectual o por soberbia.

"Luz nueva en España".
Artículo no publicado y destinado a Patria Sindicalista, de Zaragoza. Mayo 1934. [jaoc0053.html]

72.- He aquí la tarea de nuestro tiempo: devolver a los hombres los sabores antiguos de la norma y del pan. Hacerles ver que la norma es mejor que el desenfreno; que hasta para desenfrenarse alguna vez hay que estar seguro de que es posible la vuelta a un asidero fijo. Y, por otra parte, en lo económico, volver a poner al hombre los pies sobre la Tierra, ligarle de una manera más profunda a sus cosas: al hogar en que vive y a la obra diaria de sus manos.

"La tradición y la revolución".
Prólogo al libro Arriba España, de J. Pérez de Cabo. Agosto 1935. [jaoc0137.html]

73.- El hombre es el sistema; y ésta es una de las profundas verdades humanas que ha vuelto a poner en valor el fascismo. Todo el siglo XIX se gastó en idear máquinas de buen gobierno. Tanto vale como proponerse dar con la máquina de pensar o de amar. Ninguna cosa auténtica, eterna y difícil, como es el gobernar, se ha podido hacer a máquina; siempre ha tenido que recurriese a última hora a aquello que, desde el origen del mundo, es el único aparato capaz de dirigir hombres: el hombre. Es decir, el jefe. El héroe.

"En una tarde de octubre".
Prólogo a "El Fascismo", de B. Mussolini. Octubre 1933. [jaoc0010.html]

74.- ¿Qué aparato de gobernar, qué sistemas de pesos y balanzas, consejos y asambleas puede reemplazar a esa imagen del Héroe hecho Padre, que vigila junto a una lucecita perenne el afán y el descanso de su pueblo?

"En una tarde de octubre".
Prólogo a "El Fascismo", de B. Mussolini. Octubre 1933. [jaoc0010.html]

75.- ...este jefe volverá a encarnar el sistema para muchos años. Mas él –Duce, conductor– seguirá la fe de su pueblo en comunicación de hombre a hombre, en esa forma de comunicación elemental, humana y eterna que ha dejado su rastro por todos los caminos de la Historia.

"En una tarde de octubre".
Prólogo a "El Fascismo", de B. Mussolini. Octubre 1933. [jaoc0010.html]