29.- La vida de todos los pueblos es una lucha trágica entre lo espontáneo y lo histórico. Los pueblos en estado primitivo saben percibir casi vegetalmente las características de la tierra. Los pueblos, cuando superan este estado primitivo, saben ya que lo que los configura no son las características terrenas, sino la misión que en lo universal los diferencia de los demás pueblos. Cuando se produce la época de decadencia de ese sentido de la misión universal, empiezan a florecer otra vez los separatismos, empieza otra vez la gente a volverse a su suelo, a su tierra, a su música, a su habla, y otra vez se pone en peligro esta gloriosa integridad, que fue la España de los grandes tiempos.
Discurso de proclamación de Falange Española de las JONS.
Teatro Calderón, de Valladolid. 04-03-1934. [jaoc0040.html]
30.- El sentido entero de la historia y de la política, como dije en el mitin de la Comedia, es como una ley de amor; hay que tener un entendimiento de amor, que sin necesidad de un programa escrito, con artículos y párrafos numerados, nos diga, en cada instante, cuándo debemos abrazarnos y cuándo debemos reñir.
La Falange ante las elecciones de 1936.
Discurso en el Cine Europa, de Madrid. 02-02-1936. [jaoc0179.html]
31.- Que asistimos al final de una época es cosa que ya casi nadie, como no sea por miras interesadas, se atreve a negar. Ha sido una época, esta que ahora agoniza, corta y brillante; su nacimiento se puede señalar en la tercera década de] siglo XVIII; su motor interno acaso se expresa con una palabra: el optimismo. El siglo XIX –desarrollado bajo las sombras tutelares de Smith y Rousseau– creyó, en efecto, que dejando las cosas a sí mismas producirían los resultados mejores, en lo económico y en lo político.
"La tradición y la revolución".
Prólogo al libro Arriba España, de J. Pérez de Cabo. Agosto 1935. [jaoc0137.html]
32.- Nuestro tiempo no da cuartel. Nos ha correspondido un destino de guerra en el que hay que dejarse sin regateo la piel y las entrañas. Por fidelidad a nuestro destino andamos de lugar en lugar soportando el rubor de las exhibiciones; teniendo que proferir a gritos lo que laboramos en la más silenciosa austeridad; padeciendo la deformidad de los que no nos entienden y de los que no nos quieren entender; derrengándonos en ese absurdo simulacro consuetudinario de conquistar la "opinión pública", como si el pueblo, que es capaz de amor y de cólera, pudiera ser colectivamente sujeto de opinión.
"Homenaje y reproche a don José Ortega y Gasset".
Haz, nº 12. 05-12-1935. [jaoc0152.html]
33.- Todas las juventudes conscientes de su responsabilidad se afanan en reajustar el mundo. Se afanan por el camino de la acción y, lo que importa más, por el camino del pensamiento, sin cuya constante vigilancia la acción es pura barbarie. Mal podríamos sustraernos a esa universal preocupación nosotros, los hombres españoles, cuya juventud vino a abrirse en las perplejidades de la trasguerra.
"La tradición y la revolución".
Prólogo al libro Arriba España, de J. Pérez de Cabo. Agosto 1935. [jaoc0137.html]
34.- Nosotros, los jóvenes, los que nos movemos por impulsos espirituales, libres del egoísmo zafio de los viejos caciques; nosotros aspirábamos a una España grande y justa, ordenada y creyente.
"Juventudes a la intemperie".
Arriba, nº 18. 07-11-1935. [jaoc0145.html]
35.- ¿A qué aguardan ahora las juventudes a la intemperie? ¿Renunciarán a toda esperanza? ¿Se retraerán a torres de marfil? ¿Aguardarán a confiar de nuevo en voces partidistas que otra vez las seduzcan para desencantarlas?
"Juventudes a la intemperie".
Arriba, nº 18. 07-11-1935. [jaoc0145.html]