En esta primera, parte se reúnen aquellos pensamientos que pueden considerarse como fundamentales, como formando parte de una «concepción del mundo». No se pretenda hallar en ellos profundidad metafísica, originalidad filosófica, sistema. El político, como el poeta, toman su «concepción del mundo» de la cultura en que se hallan sumergidos; pero no es lícito exigirles que la produzcan o creen ellos mismos. Sería sacar las cosas de su quicio, y confundir lamentablemente ocupaciones y tareas.
Se verá —se ha visto ya, y comentado mucho— la posición rigurosamente «antimoderna» de JOSÉ ANTONIO: si la cultura «moderna» —es decir, la anterior a la guerra europea— gira alrededor de una frase de Pascal —«El corazón tiene sus razones que la razón no comprende»— y de una frase de Goethe —«En el principio era la Acción»—, JOSÉ ANTONIO, proclamando la supremacía de la Inteligencia, del Verbo —del Logos—, y proclamando su «modo de amor intelectual», aparece bien claramente opuesto al principio fáustico de la Acción y a la obscuridad pascaliana de las «razones sentimentales».
Las nociones del Hombre, de la Historia, de la Patria, de la Nación y del Estado, así como las de Política, Revolución y Mando, no son sino el desenvolvimiento consecuente y orgánico de aquella postura inicial que profesa y mantiene la supremacía de la Inteligencia.