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  PALABRAS PRONUNCIADAS EN MADRID EN EL HOMENAJE DE ACCIÓN ESPAÑOLA A EUGENIO MONTES, CELEBRADO EN EL HOTEL RITZ, EL 19 DE FEBRERO DE 1935

"La política tendrá que hacerse pensamiento"

A requerimiento del homenajeado, hace uso de la palabra el jefe de Falange Española, don José Antonio Primo de Rivera.

Comienza refiriéndose a la improvisación, y dice que tiene que improvisar en estos momentos, y que esto, que en el siglo XIX era acostumbrado y legal, hoy tiene todos los caracteres de la desvergüenza. Actualmente no sirve lo improvisado.

"No sé –continúa– a qué título hablo en estos momentos. Debe de ser a título de invitado. Carezco de representación intelectual, y por eso no he de invocar sino mi calidad de representante de una entidad política. Ya no es posible ser literato o político, exclusivamente, porque todo lo que es literatura, todo lo que son letras, se ha hecho política; claro que yo sospecho que la política también tendrá que hacerse pensamiento, que hacerse inteligencia. Los intelectuales, es cierto, se desentendieron en una época de lo nacional, pero no olvidemos también que lo nacional se había desintelectualizado por completo."

Habla a continuación del origen de la tradición española, y dice que España fue grande cuando no era castiza, esto es, antes de que las princesas y damas aristocráticas se dejaran pintar por Goya, antes de aquellos momentos bulliciosos de toreros y manolas.

España fue grande cuando sabía que todo lo que es grande puede servir a un destino universal. Celebro mucho que nos pongamos algunas veces, como ahora, al habla para hacer nuestros exámenes de conciencia, para examinar los problemas que nos inquietan.

Hace uso de la palabra a título de representante de una inquietud política en el seno del alma española. Añade que la política absorbe hoy todas las manifestaciones de nuestro pueblo, y que precisamente por intentar deslindar lo intelectual de lo político nos hemos encontrado en un callejón sin salida.

Habla de Eugenio Montes, de quien hace un cálido elogio, expresando la admiración que siente por la labor del pensador insigne, y dice que Montes recobra el sentido artesano de la intelectualidad.

Analiza, por último, el resurgir nacional hispano con los más puros valores de la raza, y termina diciendo que la grandeza de España hace ya cuatro siglos que resplandeció.

La Época, 22 de febrero de 1935.


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