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Publica la Asociación Cultural "Rastro de la Historia".

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El Rastro de la Historia. NÚMERO TRECE

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Perla de la corona, sudario de tantos soldados, tierra de promisión de tantos emigrantes, Cuba siguió y sigue siendo, para los españoles, cosa de adentro, muy cercana.

Desde el primer momento, no pocos cubanos miraron hacia la Falange con interés, y con interés miró la Falange a Cuba.

De esos balbuceos trata este texto de Francisco Blanco, que es parte de una obra más extensa, sobre el Servicio Exterior de la Falange.


 

LA FALANGE EN CUBA


Las primeras menciones sobre la existencia de la Falange en Cuba se remontan a Junio del 36, fecha en la que Antonio Avendaño y Alfonso Serrano Vilariño decidieron su formación. Pugnas internas llevaron a la disociación entre un sector como FE y otro como JONS hasta febrero del 37 en donde el falangista Gregorio Prendes enviado por la Falange desde España pacificó y unificó las tendencias. Gregorio Prendes, falangista de Oviedo, no debió realizar una gestión convincente para el Secretariado Político ni para el Delegado Del Castaño que buscaron una persona que lo relevara. Tras descartar el candidato Rivera de la Portilla, jefe de las OOJJ de la FET en Badajoz, se decidieron a enviar a Alejandro Villanueva, encuadrado en la Delegación Nacional de Prensa y Propaganda. A Prendes le esperaba un proceso de depuración seguido por la Delegación Nacional de Justicia y Derecho de la Falange que le inhabilitaría por varios años.

Sustituido Prendes, Villanueva se quiso también quitar de encima a otro de los antiguos jefes cubanos, Muñoz Vallín porque, aunque le consideraba trabajador también le tildaba de molesto. Propuso a la Delegación de Exterior su marcha a España y su colocación en algún departamento, para lo que la Falange de Cuba correría con todos los gastos. A mediados del año 38 ese dirigente falangista ya estaba en San Sebastián trabajando en la Delegación Nacional

La situación de la Falange cubana pasaba por vaivenes propios de una nación que, bajo el amparo y dependencia de los EEUU, por defenderse de los totalitarismos dictaba medidas contra influencias de esa índole y que afectaban a la Falange. De forma paradójica aquellas cortapisas tenían más de efectos formales que reales. De hecho fueron frecuentes las comunicaciones falangistas hasta el final de la guerra española, en donde se alababa la conducta de los hombres fuertes del Ejército, fundamentalmente del Coronel Batista y del jefe de Policia Coronel Pedraza, por su actitud favorable. A pesar de lo cual la propaganda falangista quedaba temporalmente en suspenso.

Existía una amplia difusión impresa, pero de entre los periódicos editados en la isla, tan solo Diario de la Marina, Avance y Alerta propiedades de Pepìn Rivero se mostraban favorables a la causa nacional.

La organización falangista de Cuba contaba, a primeros del 38, con 3000 militantes. Su publicación Arriba España emitía una edición de 5000 ejemplares y se proyectaba duplicar en poco espacio de tiempo esa cantidad. Pero estas cifras que pudieran dar una impresión de gigantismo falangista no lo eran tanto en relación al total de españoles allí residentes y a sus inclinaciones políticas. Según uno de los jefes falangistas, el Delegado de Intercambio y Propaganda, Rafael Piñeiro, de la población de 300.000 españoles en la isla, 250.000 eran "rojos", 40.000 indiferentes y del resto ni una décima parte sentían con calor la doctrina de Falange. Entre los españoles adictos a la causa nacional funcionaba un Comité Nacionalista que mantuvo relaciones tirantes con la Falange y con el que Villanueva intentó congeniar a poco de su llegada.

La infraestructura conseguida por el núcleo cubano hace pensar en un grupo donde recursos humanos y materiales suficientes permitían un desarrollo notable. Desconocidas aquellas posibilidades en otros países del entorno, la FET de la Habana tenía tres oficinistas, trabajadores en Prensa y Propaganda, tres conserjes, un chófer y un empleado en la intendencia; además su Jefe Provincial cobraba 150 dólares al mes por el ejercicio de su cargo.

La pujanza de la Falange, salvados los momentos de suspensión, había llevado incluso a la formación de una Primera Línea compuesta por 150 hombres que, desde el mes de Marzo de 1938, montaban guardia en la sede falangista a pesar de la oposición manifestada por Del Castaño. Esa medida, que para el Delegado Nacional era temeraria e irresponsable y no se sujetaba a las necesidades encomendadas para la Falange Exterior, resultaba imprescindible para Villanueva, quien, desoyendo las advertencias de que aquello era dar pie para una campaña antifalangista, la justificaba en base a que :"son completamente necesarias. Yo estimo que no podríamos vivir aquí donde hay un noventa por ciento de españoles y cubanos rojos si no fuera por el miedo que tienen a los mil y pico falangistas jóvenes que tenemos". A lo más, las llamadas a la prudencia sirvieron para que las milicias continuaran haciendo guardia en la sede de la Falange, pero desprovistas de uniforme.

Había actuado el jefe mandado desde España de reorganizador total de aquella Falange. y con plenitud de poderes tal que se permitía adaptar a su gusto las órdenes de la Nacional. Cuando el que fuera Jefe Provincial de Santander José Ruano, fue nombrado Inspector de algunas Falanges americanas, entre ellas la cubana, se comentó el hecho a Villanueva, dándole toda clase de explicaciones se trataba de un cargo únicamente honorífico, y se respaldaba su actuación. La reputación obtenida por haber enderezado la organización era muy valorada en España.

Los intentos de protección social de los emigrantes a través del Auxilio Social se habían convertido en una de las piezas claves de cohesión y de propaganda de la Falange en beneficio de la España rebelde. Junto a ello, el deseo de vincular a las distintas asociaciones benéficas en una sola entidad llevaron al intento de convertir el Auxilio Social en Hermandad Exterior Española. La preocupación y el interés de Villanueva por el Servicio creado por Mercedes Sanz Bachiller, se había manifestado ya en el informe que el jefe falangista había pasado a los Comités Nacionalistas de Cuba donde junto al admirable quehacer de esa institución, no se olvidaba - como marchamo de garantía - la preparación político-social recibida en Alemania por el Secretario Nacional del Auxilio, Manuel Martínez de Bedoya.

Precisamente, con el pretexto de tratar sobre la creación del Auxilio Social en Cuba y de la actuación del Comité Nacionalista, Villanueva quería realizar un viaje a España que le era denegado por del Castaño en base a la importancia que tenía su presencia en la isla. Prudencia y calma eran las consignas que daba el Delegado tanto para un tema como para otro. Le encomendaba además un viaje de inspección a Guatemala, Costa Rica y Venezuela para informar en detalle del desarrollo de aquellas Falanges.

La relación con los Comités Nacionalistas no pasaba por los mejores momentos a pesar de la actitud de su Presidente, Elicio Argüelles, muy favorable a la causa nacional y que era valorada muy positivamente por Villanueva. Sin embargo, la tibieza hacia la Falange estaba presente en muchos de los miembros del Comité. En el Plato Unico celebrado en La Habana para 5000 personas a mediados de Mayo de 1938, los comités nacionalistas sólo habían vendido 270 invitaciones y eso debido a las presiones que les hiciera su presidente. Sujeta a una dinámica de vaivenes, las tensiones con el Comité se ampliaban también al representante del Estado, Espelius y al Cónsul Adriansens, tildados de no ser amigos de la Falange.

Los beneficios recaudados en Platos únicos, donativos y suscripiones era causa del recelo de las autoridades cubanas por su destino final, dirigido a uno de los bandos que guerreaban.Para obviar aquello, Villanueva aparentaba que la totalidad de lo recaudado se reinvertía en el Auxilio Social de Cuba, aunque en realidad se seguía enviando a España.

Esa labor recaudatoria de la Falange posibilitaba el embarque en el mes de Agosto de 1938 de 80.000 cigarros puros, 140.000 cajetillas y 5.000 Kgs. de picadura para repartir a los combatientes nacionales del Ebro, Guadarrama, Somosierra, Extremadura, Castellón y Lérida.

Fulgencio Batista, que seguía una política zigzagueante con relación a la Falange y al estado franquista, en donde la influencia yanqui debían pesarle más que sus propias inclinaciones hacia modelos autoritarios, manifestaba su desacuerdo con la Falange. Ahora la excusa era suponerla restauradora de una monarquía contra la que lucharon los cubanos. Villanueva, aprovechando el multitudinario Plato Unico celebrado en Campo Armada el 19 de Marzo había replicado, en sintonía con los presupuestos falangistas, ante un auditorio de ocho mil personas, que los combatientes españoles no lo hacían por restauraciones monárquicas. Bien estaba para el jefe falangista decir aquello en lo que posiblemente creía. El tiempo no le dio la razón y desde luego Fulgencio Batista buscaría otras argumentaciones para enemistarse con la Falange, porque era esa una forma clara de congraciarse con el vecino del Norte.

Alejandro Villanueva, en pago a su valía, recibía el nombramiento de Inspector General para América, con tareas de vigilancia y coordinación de Jefaturas Provinciales del área del Caribe cuyo funcionamiento preocupaba a Exterior. Cuando por las misiones requeridas tuvo que marchar de Cuba se hizo cargo de la jefatura Manuel Gil Remírez, un falangista que había desempeñado el cargo de Alcalde en Salamanca y que dio honores falangistas al cadáver de Miguel de Unamuno en las Navidades de 1936.

Cuando la guerra española llegaba a su fin, Gil Remírez, tras realizar un viaje de inspección por las 32 jefaturas locales esparcidas por Cuba, informaba del excelente ánimo de aquellos falangistas. En su misión visitadora por la isla había estado acompañado de otro falangista, Sergio Cifuentes, Administrador del Arriba España y que con el tiempo llegaría a ser una pieza clave en el funcionamiento de la Delegación Nacional de Exterior. Aquel sentimiento de optimismo relatado por Gil Remírez, se contagiaba ahora a las relaciones que se mantenían con el nuevo representante Miguel Espinós, quien se mostraba más colaborador con la Falange que su antecesor en el cargo.

En contraposición, las relaciones con los Comités Nacionalistas se deterioraban cada vez más, posiblemente influía el deseo de pervivencia de los Comités que tenían los días contados a partir del final de la guerra. Para aquellas agrupaciones plagadas de "caciques y masones" y apoyadas en el general Monteverde, Gil Remírez encontraba el calificativo de "indecente" para definir la relación mantenida con la Falange.

La victoria total de las tropas nacionalistas no sólo ponía nerviosos a los comités. La opinión pública cubana reaccionaba en contra como no lo había hecho antes hacia los sectores franquistas y sobre todo contra la Falange. Por el emplazamiento geoeconómico de Cuba, el presagio de un conflicto internacional era determinante de aquella actitud. Comenzaba a partir del final de la guerra de España, una situación mucho más belicosa que la vivida por la Falange de Cuba hasta entonces.

El 14 de Abril de 1939, Gil Remírez mandaba a del Castaño, via Ministerio de Relaciones Exteriores, un telegrama angustioso en los siguientes términos "Dinos si salimos España primer barco punto de haber guerra europa nos meteran cárcel aquí sin poder hacer nada. Remírez."

Al día siguiente, volvía a dirigirse a del Castaño repitiéndole el telegrama y acuciándole la marcha:..."Como en citado despacho te anticipo, de haber en Europa una guerra la primera medida que aquí tomarán será la de encerrarnos, con lo cual nada útil haremos para España y la privaremos de defenderla con el fusil en la mano, lo de encerrarnos será en el mejor de los casos, porque puede ocurrir también que nos arrastren.."."

A los dos días de aquella comunicación se producía la detención de un grupo de falangistas en el domicilio particular de una de las detenidas Maria Izquierdo. Se les acusó de reunión ilícita "con el fin de ayudar moral y materialmente las contiendas bélicas de países extranjeros". El auto del proceso resultó condenatorio": ...decretándose la prisión de los mismos en la cárcel de Guantánamo hasta que presten fianza por la suma de DOSCIENTOS PESOS moneda oficial, cada uno y contraigan la obligación apud-acta de presentarse todos los sábados ante el Juzgado de su domicilio y cuantas más veces fuere llamado por el Juez o Tribunal que en lo adelante conociere de la causa."

Azuzados por USA, el gobierno cubano ponía en marcha el Decreto publicado durante la guerra de España por el que se prohibía la propaganda a favor de países beligerantes. La política que encarrilaría USA en caso de persistir el conflicto estaba muy clara para Genaro Riestra, residente en Cuba desde su expulsión de Méjico y jefe ahora de la Falange de la isla:

"Los Estados Unidos iniciarán una política de beligerancia -aun sin intervenir directamente en la guerra- que tendrá repercusiones notables en los países hispano-americanos y, sobre todo, en Cuba. Llegado este caso, y aun a sabiendas de que se comete una injusticia, puesto que nuestra actuación no puede ser más limpia ni más ajustada a la Ley, correremos el gravísmo peligro de que nuestra organización sea clausurada y disuelta."

La puesta en marcha de medidas limitadoras ya incidía en la Falange. La propaganda radiada y la postal quedaron en suspenso y ante el temor (dado por seguro por Riestra con presupuestos totalmente creibles) que en las medidas contra el "quintacolumnismo" se incluiría a la Falange, proponía el traslado de la organización al edificio de la embajada con el fin de gozar de la condición de extraterritorialidad. Aquella medida era opuesta, una vez más, al sentir de los diplomáticos españoles acreditados en Cuba, que incluso negaron la posibilidad de emisión desde la embajada de un cable telegráfico a España con esa petición.

La argumentación que usaba Riestra para este intento, que comprometía a la representaciòn diplomática española, se apoyaba en tres sólidas razones: Falange contaba ya con 23.000 afiliados en las islas y respetaba escrupulosamente las leyes cubanas; el Auxilio Social realizaba una labor imprescindible para españoles indigentes; y, además, el Jefe de esa Organización que se hacía preciso encubrir era el Caudillo.

El problema con la embajada se acabó resolviendo de forma parcial. Se trasladó el fichero y los recibos al edificio que utilizaba la representación española y se delegó en un empleado de la Falange la realización de las tareas de emisión de recibos. Riestra se sentía incómodo y las suspicacias hacían mella en él. Temía intentonas desde la embajada para que la Falange se disolviera, a lo que no estaba dispuesto, a pesar de las adversidades: "Sería absurdo pensar en disolverla cuando en realidad nadie nos ha dicho una sola palabra hasta el presente momento"

Podría pensarse que Riestra jugaba a la temeridad, pero su experiencia mejicana le había dado el necesario poso de la prudencia. En Enero de 1940, el jefe cubano había dirigido un texto a la Delegación de Exterior en donde él mismo advertía de la necesidad de no mencionar la palabra "imperio" o de atacar a los americanos. El temor a realizar actos que pudieran entender provocativos, le llevó a la compra masiva de los ejemplares de la revista Horizonte en donde un artículo de Jacinto Miquelarena podía dar lugar a las suspicacias. Continuando aquella actitud de prudencia el Delegado de Prensa y Propaganda, Sergio Cifuentes, tuvo que intervenir contra excesos en la interpretación del significado de la palabra imperio, tan perjudicial para la Falange.

No mejoraba el entendimiento con la diplomacia española y Riestra se quejaba de la indiferencia demostrada ante la fecha del 18 de Julio y de la situación de soledad en que se hallaban:

"Aquí estamos todos como una isla desierta en medio del mar, completamente abandonados a nuestra suerte sin que a la representación oficial de España le interese poco ni mucho cual puede ser esta."

La opinión pública estaba intoxicada con folletos del tipo La Quinta columna de las Américas profusamente repartido en Cuba y en donde se lanzaban los ataques ya conocidos . Las feroces campañas contra el "quintacolumnismo" de la Falange llevaron a una investigación del Ministerio del Interior cubano sin resultado acusador alguno, a pesar de lo cual los registros y las advertencias policiales contra la Falange eran frecuentes.

Grupos ciudadanos, algunos portando el ridículo nombre de Comité de la Acera del Louvre (Amigos de los americanos), desde el flanco de su americanismo, atacaban a España y muy especialmente a la Falange. El lider de aquel grupo de cipayos, Rafael Reyna, pedía al Coronel Batista la expulsión de Riestra con el rosario de acusaciones tópicas sobre imperialismo, ataque a la democracia cubana...etc. etc.. Antiguos periódicos favorables al gobierno franquista y a la Falange les daban ahora la espalda, así ocurría con los que eran propiedad de Pepín Rivero "la gran estafa de Cuba" en palabras del Jefe Riestra.

Culminaban las medidas cuando en Julio de 1941 era detenido el Secretario de la FET cubana, Francisco Alvarez García. Juzgado bajo las acusaciones de quintacolumnista y espía, un compromiso político consiguió la absolución del encartado con la condición de que se marchara de la isla. A su llegada a Madrid continuaría ostentando el cargo de Secretario de la FET de Cuba, pero desde España.

En Enero del 41 la publicación de un Decreto de Defensa Nacional, afectó a la Falange en el sentido de la prohibición de leyendas o títulos que hicieran referencia a política extranjera. Por tal motivo la publicación falangista pasó a llamarse Unidad.

Temas culturales y no estrictamente políticos, divulgación de España y ocultación en lo posible del Partido eran también los cometidos de la labor radiofónica que realizaba Alvaro de la Iglesia.

Las medidas de seguridad se reforzaban y el Encargado de Negocios, Espelius, transmitía el deseo del Cónsul General de que la correspondencia de FET fuera en valija diplomática por la censura que se ejercía sobre el correo. Las dificultades cada vez más agudas, acarrearon la falta de apoyo y la paulatina desaparición de la Falange cubana.


¿Quedó algo de todo aquéllo?

¿En la proclamada simpatía de Fidel por la figura de José-Antonio?

¿En los colores de la bandera del Movimiento 26 de Julio?

¿En el heroísmo de los universitarios de La Habana que murieron al grito de ¡Viva Cristo Rey!, fusilados por los castristas?

Quedó, desde luego, en la memoria de no pocos cubanos, que hoy todavía recuerdan que el "moriré de cara al sol" de Martí, es pariente muy próximo del verso que encabezó el himno de unos hombres de la madre patria, que querían la redención de todos los pueblos hispanos.