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El Rastro de la
Historia. NÚMERO DOCE
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FALANGE
E IGLESIA
-Francisco
Blanco -
A
partir de la obra de Guy Hermet Los católicos en la España de Franco
y de la consulta a textos que hacen referencia al tema que aquí se
trata, se ha elaborado una síntesis acerca de las relaciones entre la Falange y
la Iglesia. Asimismo se han consultado fuentes primarias depositadas en el
Archivo General de la Administración.
Hablar de la Iglesia y la Falange requiere, de entrada, precisar. En propiedad,
aquélla es la comunión de los fieles cristianos, con el mismo Cristo a la
cabeza, presidida en la tierra por el Papa, su vicario. Y la Falange, en rigor,
es el movimiento político fundado por José-Antonio Primo de Rivera, con la
intención, en su expresión más precisa y poética, de implantar en España
una justicia social profunda, para que, sobre esta base, los pueblos vuelvan a
la supremacía de lo espiritual. En este trabajo, sin embargo, no nos referimos
a una ni a otra en tan exactos e inexorables términos, sino en otros más
pedestres y aproximativos: nos referimos a la Iglesia española más como
estructura clerical que como comunión de fieles, y a la Falange, más como
aquello que surgió de la guerra civil, que acaso todavía no se llamaba
Movimiento, pero era ya el partido único de Franco, bien lejano ya de las
purezas y las ortodoxias fundacionales, realidad poliédrica.
Si
hay licencias poéticas, también acaso las pueda haber históricas, y nosotros
las reclamamos para tratar nuestro asunto.
Así
vistas, puede decirse que tanto la Iglesia como la Falange, entendiendo por
ellas su conjunto, fueron dos pilares fundamentales del franquismo. Jugó cada
una baza distinta en el proceso político del régimen, pero quedó claro que
mientras la Iglesia desarrollaba una estrategia mucho más pensada, la Falange
(a la que en este trabajo aludimos como tal) no hizo más que plegarse a lo que
su Jefe Nacional quiso que hiciera, y como comparsa suya funcionó hasta su
muerte; aunque algunas actitudes contestatarias de falangistas aportaran rasgos
de originalidad política que se distanciaba de la del Caudillo y fueron
abortadas por su inconveniencia, bien con los tiempos internacionales por los
que se producían, bien porque no entraban en los esquemas generales dominantes
del régimen.
Al
final, lo que para algunos pudo parecer combate tuvo un vencedor claro. La
corpulencia histórica de la Iglesia poco tenía que ver con la aparición fugaz
de una pequeña agrupación política que por los azares de la guerra se
catapultó a primera fuerza nominal en el seno del franquismo. Pero dichas así
las cosas no puede entenderse que entre ambas fuerzas no hubiera lugares de
entendimiento, más bien todo lo contrario. Incluso se dieron casos de "falangistización"
de los católicos profesionales, sobre todo en los primeros tiempos. Fernando-María
Castiella, Adolfo Muñoz Alonso, José-Mª Ruiz Gallardón o Enrique Jiménez
Arnau sirven como botones de una muestra mucho más amplia.
No
fue infrecuente en aquellos tiempos que los órganos rectores de la Iglesia, al
pretender controlar (compartir no se les hacía fácil) los resortes que hacen
posibles la conformación de las mentalidades (propaganda y educación) hicieran
surgir la desconfianza. Tal recelo era más por el temor de lo que pudiera ser
que por lo que realmente era. Como apunta Ramón Serrano Suñer, "entre
el clero con referencia a la "Falange", se habló más de una vez de
estatolatría, de panteísmo hegeliano y de otras cosas análogas" .
Desde luego, ninguno de los Ministros Secretarios del Movimiento o Viceministros
(Vicesecretarios) en funciones, dieron pie a este tipo de desconfianzas. Hubo
responsables de primera fila de la FET que provenían del profesionalismo católico,
como ocurrió con Gamero del Castillo. El propio Ramón Serrano Suñer tenía su
origen en las Juventudes de Acción Popular. Y los hubo, también, caso de José
Luis Arrese, que reelaboraron la doctrina primitiva, por si alguna duda había,
ajustándola a los moldes más ortodoxos posibles del catolicismo, extirpando cualquier semilla de potencial disidencia, real o
especulada.
Posiblemente
a la jerarquía eclesial le resultaban más cómodos los partidos confesionales,
creados o inducidos por ella, o aquéllos en donde se hacía del catolicismo un
título, pero de ahí a juzgar de panteización del Estado los presupuestos del
falangismo había un abismo. Si acaso, muy al principio, núcleos reducidos de
la Falange pudieron justificar, ante un estado de hipersensibilidad eclesial, la
puesta en guardia de la Iglesia, pero pasado un breve espacio de tiempo, que no
va más allá del año 42, tan solo quedaban algunos resabios trasnochados de
totalitarismo (argumento acusatorio) en el interior de algunas parcelas
dominadas por la FET; pero con referencia al fenómeno religioso tales actitudes
eran inexistentes. E incluso en algunos de ellos, caso de Sección Femenina, si
había algún resabio era de "totalitarismo católico" y no de otra
especie.
Falange
unificada y catolicismo institucional español: dos inquilinos de un mismo
edificio entre los que se suscitaban rencillas, por el control de las mismas
parcelas. Esta competencia es la que provocaría algunas chispas.
LA FALANGE DE PREGUERRA.
Las
figuras más destacadas que actuaron como ideólogos del conglomerado político
que cuajó en el 1934 con la denominación de Falange Española y de las JONS,
fueron Onésimo Redondo, Ramiro Ledesma y José-Antonio Primo de Rivera.
Onésimo
Redondo era un joven abogado de Valladolid, relacionado con los pequeños
propietarios agrarios, muy influido por la idea corporativa católica, exalumno
de los jesuitas y miembro de la ACNP. Su sindicato remolachero pertenecía a
aquella línea de actuación fomentada por la Iglesia y por sus miembros
seglares desde los finales del XIX y principios del XX, como valladar de
contención con las agrupaciones obreras de izquierdas. Aquella provincia había
sido la cuna de la primera Federación Provincial de Sindicatos Católicos, en
el lejano 1912. Entroncaba, pues, el pensamiento de Redondo con la doctrina
social de la Iglesia. Para Guy Hermet incluso, la posterior creación de los
sindicatos falangistas CONS, debido al influjo de Redondo, no fueron sino una
variante de los sindicatos católicos . Tal argumentación, que puede resultar
una interpretación válida, no debe descuidar otros derroteros de las Centrales
falangistas donde la influencia no se restringía solo a Redondo, ni a la
Iglesia. En cualquier caso, el núcleo primitivo de acción de Onésimo fue
Castilla la Vieja: dominio del campo, ausencia de irritantes contrastes en
cuanto a la propiedad, y mentalidades fuertemente inspiradas por la Iglesia.
Ramiro
Ledesma Ramos era una pieza de material distinto. Su formación filosófica
hegeliana le condujo en aquellos años a una postura religiosa de agnosticismo.
Ello no obstante, su pensamiento tenía en cuenta el respeto y la aceptación
del papel fundamental que la Iglesia católica había tenido y tenía en España.
Así, en la circular de Julio del 31 decía:
"No constituimos un partido confesional. Vemos en el
catolicismo un manojo de valores espirituales que ayudarán eficazmente nuestro
afán de reconstruir y vigorizar sobre auténticas bases españolas la
existencia histórica de la Patria.."; aunque dejaba claro que "no
aceptamos la disciplina política de la Iglesia”.
En
el Manifiesto de las JONS de noviembre del 31. al parecer por la influencia de
Onésimo Redondo, con quien había llegado al acuerdo de unificación entre las
Juntas Castellanas de Actuación Hispánica, JCAH y las Juntas de Ofensiva
Nacional Sindicalista, JONS, se incluyó un punto de mayor aproximación política:
"máximo respeto a la tradición católica
de nuestra raza. La espiritualidad y la cultura de España van enlazadas al
prestigio de los valores religiosos" .
No
parece que tal redacción, juzgada por algunos como aproximación a lo
confesional, deba ser calificada de tal, habida cuenta de que el propio Redondo
rechazaba la "confesionalidad" del Estado
El pensamiento de Ledesma acerca de la Iglesia Católica, que resultaba
un tanto atípico, en contraste a los de Primo de Rivera y Redondo, llegaría a
ser manipulado en la década de los sesenta y setenta por ciertos grupos de la
Falange alternativa, que quisieron creer ver en él, invocando, entre otras
razones, su frialdad hacia la Iglesia, el fermento revolucionario más potente
de la Falange. Es decir: pretendieron identificar la revolución o lo
revolucionario con la privación del sentimiento religioso o su contestación.
No parece aventurado decir que en algo emparentaban con ese sentimiento
anticlerical español del palo o la vela que sigue al cura en los vaivenes de la
historia de España.
Otra
visión más "católica" sobre el pensamiento de Ledesma menguaba su
innegable agnosticismo de aquellos años, contrastándolo con los últimos
testimonios que de él se tienen. Y es que, según datos fiables, Ledesma acabaría
encarando la muerte en el seno de la Iglesia. .
La
personalidad más importante, sin duda, de las tres, y la más influyente, fue
la de José-Antonio Primo de Rivera. La faceta religiosa de éste se nos
presenta con una claridad meridiana. Tanto su conducta personal como sus
declaraciones políticas se insertaban, sin margen de duda, en el marco del
catolicismo: "la interpretación católica de la vida es, en primer lugar,
la verdadera; pero es además, históricamente la española".
Del
cristianismo en su vida personal dan amplio testimonio quienes le conocieron, y
de ello queda huella en lo que al respecto han dejado escrito Ximénez de
Sandoval, David Jato , Narciso Perales , o Alejandro Corniero .Una evidente
confirmación de sus convicciones queda además en sus más sinceros escritos
como, por ejemplo, en su testamento .
El
estudio de la personalidad religiosa de José-Antonio ha sido objeto de un
trabajo profundo de Cecilio de Miguel . Este autor ha analizado la religiosidad
en las actuaciones del fundador de la Falange, evidenciando su devota vida
religiosa, con seguimiento del rito y liturgia, práctica de la oración y
frecuente lectura de las Escrituras, en una época en la que, por cierto, esos
usos no eran nada frecuentes en seglares cultivados. Todo ello, por cierto, no
obstaba para que las recomendaciones a los falangistas más tibiamente
religiosos no pasaran de eso, de recomendaciones ("ni
puedo, ni debo mandarlo como jefe")
La revisión de su perfil humano, de su carácter, de incluso su tarea
profesional como abogado (no admitía causas de divorcio), le situaban
plenamente dentro de la convencida militancia católica.
El
único punto de vista de su teoría política susceptible de crítica, desde la
perspectiva de la Iglesia, era aquél en donde se pedía la separación de la
Iglesia y el Estado, fijado por norma programática de Falange Española.
Antecedentes sobre el tema había en las enciclicas de León XIII Cum multa,
Humanum genus; de Pío X Vehementer nos, y de Pío XI Dilectíssima
Nobis, en donde se condenaba la separación completa entre Iglesia y Estado
y pesaba la excomunión para los católicos que la apoyaran (Nous avons lù,
de Pío XI contra Action Française o Non
abbiamo bisogno, rectificando al fascismo italiano). Sin embargo, no hubo
tal trato hacia la Falange porque en su ideario no se prescindía de la Iglesia
en el comportamiento social sino que se le asignaba un papel tan relevante, como
el del propio Estado, aunque de naturaleza distinta. Así al menos lo expresa
Cecilio de Miguel en el texto de referencia.
La
norma programática 25 de la Falange decía: "Nuestro
movimiento incorpora el sentido católico‑de gloriosa tradición y
predominante en España‑ a la reconstrucción nacional. La Iglesia y el
Estado concordarán sus facultades respectivas, sin que se admita intromisión o
actividad alguna que menoscabe la dignidad del Estado o la integridad
nacional" .
Esta afirmación,
que no jamás fue contestada por la Iglesia, se hubiera podido calificar como
errónea si de ella se hubiera entendido que el Estado sometía a la Iglesia sin
reconocerla sus derechos. La doctrina de la Iglesia en este asunto había
quedado expuesta en la encíclica Inmortali Dei de León XIII, publicada
en 1885, y en la anterior de Gregorio XVI, Mirari vos, que había visto
la luz en 1832, en donde se arremetía contra los que querían separar Iglesia y
Estado rompiendo la concordia. Esta idea de ruptura, obviamente, no
aparecía en la idea subyacente a la norma programática citada. Pese a ello,
aquella norma 25 sería aprovechada por algún destacado adherente falangista,
como el marqués de la Eliseda (que claramente se había equivocado de
localidad), para marcharse de la Falange. La justificación de su apartamiento
amparándose en el no catolicismo de la Falange, fue respondida por José-Antonio
de forma contundente:
"...la declaración sobre el problema religioso
contenido en el punto 25 del programa de la Falange Española de las JONS
coincide exactamente con la manera de entender el problema que tuvieron nuestros
más preclaros y católicos reyes, y segundo, que la Iglesia tiene sus doctores
para calificar el acierto de cada cual en materia religiosa; pero que desde
luego, entre esos doctores no figura hasta ahora el marqués de la Eliseda".
En
vísperas de la sublevación del 18 de Julio, José-Antonio se había
manifestado en contra del nacionalcatolicismo, porque consideraba la tolerancia
como norma inevitable y había mostrado su desacuerdo con las tendencias
intransigentes de los carlistas y otros integristas ; no, evidentemente, en lo
referido a sus creencias dogmáticas, sino en la proyección que de esas
verdades hacían en su praxis política.
La
separación Iglesia y Estado y la no confesionalidad resumían el planteamiento
hacia la Iglesia-institución de la Falange primitiva. Ni el "intimismo
religioso" de José-Antonio, ni el rechazo de los partidos
"cristianos" eran patrimonio novedoso de Primo de Rivera.
En
el pensamiento religioso de José-Antonio parecía pesar, si tenemos en cuenta
la opinión de su amigo Serrano Suñer, un tipo de religiosidad más intimista,
más privada. El que fuera Ministro de Interior y Exterior, emparentaba a Primo
de Rivera más en la línea cristiana de Cruz y Raya de Bergamín que en
ninguna otra. El desacuerdo con los partidos confesionales por parte de católicos
no sólo se daba en España. En esa línea de creatividad cristiana se insertaba
Emmanuel Mounier. Este pensador, crítico tanto del sistema comunista como de la
democracias occidentales, cristiano militante, no dudaba en atacar a los
partidos católicos o demócrata cristianos. La política confesional no entraba
en el pensamiento de Mounier. "Es de toda la política, no solamente de la
derecha, de donde Mounier entendía que había de disociar lo espiritual.
Siempre se opondrá a los que por compensación se sientan tentados a asociar lo
espiritual con la izquierda. Esto será uno de los ejes favoritos sobre los que
girará su acción política, en lucha constante contra los que pretenden
comprometer y confundir lo espiritual con lo temporal luchando para
distinguirlos en una jerarquía de valores, ya sea con la derecha; con la Acción
Francesa, El Eco de París y el general Castelneau, o con la izquierda como el
autor de un folleto Socialistas porque somos cristianos, o con los animadores de
la revista Tierra Nueva (cuya portada lleva la hoz y el martillo sobre una cruz,
o incluso más cerca de nosotros con la Unión de cristianos progresistas".
¿Existe una política cristiana? se preguntaba Mounier en junio de 1934: su
respuesta era negativa..."la experiencia ha demostrado que esos partidos
confesionales traían como primer resultado, atraer la atención, devolver energías
y fijar corazones satisfechos sobre "esta proyección sociológica de la
religión que es su constante amenaza interior... Una acción concertada entre
cristianos en el dominio temporal político no tendrá, por consiguiente,
eficacia más que en un conjunto de juicios históricos y prácticas
determinadas. Quizás reuniría una minoría de cristianos, unidos a los demás
por la comunidad sobrenatural, que hará que no se encuentren solos en su idea
política. Ellos habrán escogido por móviles cristianos, la creencia más
conforme para ellos con la justicia, pero por razones personales que nunca
comprometan al cristianismo..."
Hubo,
dentro de España, quien no aceptó la proyección política de la Iglesia en
partidos populares o demócratas cristianos. La postura eclesial llevada a la
política quedaba puesta en entredicho por Miguel de Unamuno:"¿Qué es eso
del cristianismo social? ¿Qué es eso del reinado social de Jesucristo, con que
tanto nos marean los jesuitas?¿Qué tiene que ver la cristiandad , con la
sociedad de aquí abajo , de la tierra? ¿Qué es eso de la democracia
cristiana? Quizá por ello, entre
otras razones, Unamuno pasó a ser uno de los ideólogos de determinados
falangistas y sujeto de crítica feroz por parte de la Iglesia.
La
crítica a los partidos confesionales estaba presente en Primo de Rivera. Hacia
la CEDA tenía recelos por no intentar limar el anticlericalismo de la
constitución del 31. Al mismo tiempo se enfrentaba a esa formación "católica"
por su carácter político, inútil, pactista con los antiguos tragacuras del
corrompido partido de Lerroux. Política aséptica que llevó al "bienio
estúpido" Nunca se atacó su
creencia, a lo más, se echó en cara su sumisión al vaticanismo, su
clericalismo de sacristía o la "robotización carente de sentimientos a
que conducían algunos órganos del profesionalismo católico (Cfr. Arriba
28.03.35). La distinción entre fe viva y clericalismo precisaba de una
diferenciación tan importante como difícil de entender en aquellos tiempos, y
no es raro que se diera la confusión.
Hay
autores de peso que vieron en la Falange primitiva versiones de ideas sociales
pontificias. Stanley Payne considera que la doctrina católica del
corporativismo presente en la Quadragesimo Anno, con enorme vaguedad, fue
adoptada por la Falange con una variante del corporativismo católico a la que
llamó nacionalsindicalismo . No obstante, poco apoyo tuvo entre las masas
creyentes el pensamiento falangista, al que en medios clericales se consideraba
muy radical y no lo bastante católico.
Núcleos integristas en algunas zonas de la geografia española o la variante más
acomodaticia, más presentable, de la CEDA, significaban opciones más
seductoras para la masa católica española, y a ellas se afiliarían, en vez de
a la Falange ; aunque algún destello de filofascismo pudiera divisarse también
en ellas, como el deslumbramiento por la Italia de la época, que había hecho
mella en el lider católico Sánchez Juliá.
Sigfredo
Hillers en su Ética y Estilo falangista afirma que la Iglesia católica,
como depositaria de un cúmulo de verdades, no ha aceptado la utilización
exclusiva ni excluyente de esas verdades en beneficio particular de una
organización o de un grupo de personas . Pero, siendo cierta esta expresión,
es también verdad que la promoción eclesial ha favorecido a determinadas líneas
de actuación política de algunos católicos en detrimento de otros. Por tanto,
hablar de "católicos", con referencia exclusiva a los miembros de la
CEDA o AE y prolongar este vocablo en el régimen del general Franco con
significado diferenciador, puede conducir al yerro, aunque en el vocabulario
histórico haya quedado grabada tal calificación.
La
idea que subyacía en la Falange era una idea católica y la Iglesia, que se
sepa, no anatemizó la doctrina falangista. Pero en las sacristías florecían
con más facilidad otras plantas políticas.
El
espíritu religioso de la parte pensante de la Falange, de la Falange
doctrinaria, era bien patente, sin que ello significara que tal aceptación
fuera común a todos sus miembros.
Ocasionalmente,
respecto del asunto religioso, pudo haber alguna postura personal de radicalismo
laicista, más radicalismo verbal que otra cosa,
como resultó el caso de Angel Alcázar de Velasco. Pero si la hubo, no
pasó de lo anecdótico.
Resulta
interesante cotejar lo hasta ahora expuesto con el pensamiento expresado por un
falangista de filas, Pérez de Cabo. Éste había elaborado algunos
bosquejos doctrinales en los que José-Antonio encontró “lagunas
doctrinales” y a los que calificó de “imprecisos”
, pero con los que también había importantes coincidencias de pensamiento,
como él mismo también confesó . La obra de Pérez de Cabo, de la que ya se ha
hecho mención en Rastro de la Historia por
su conocimiento del fenómeno de Iberoamérica y por su fusilamiento en 1942),
llevaba por título Arriba España . Y su postura bien podía representar
la de bastantes falangistas hacia la Iglesia en la etapa anterior a la guerra.
Admiraba
Pérez de Cabo en la Iglesia la disciplina y el orden jerárquico "en
que todo está previsto, todo está calculado"; el culto a la
aristocracia: “a los cuadros de mando sólo pueden ir naturalmente, los que son
dignos de ascenso por su capacidad y por su esfuerzo". Lo cual no
obstaba para negar radicalmente el sometimiento: "esta
admiración despierta nuestra simpatía, pero no somete nuestro Estado al
imperio en que la Iglesia Católica consiste"
y "jamás por otra parte se
pondrá el estado nacionalsindicalista al servicio del proselitismo eclesiástico"
, misión que debe acometer la Iglesia. La religión tenía la consideración de
sentimiento humano irrenunciables: "no hay verdadero falangista en el hombre que no siente y cultiva
la emoción religiosa" . Acerca de la confesionalidad del Estado
opinaba que éste "no puede tocar la
cuestión de las confesiones, ni auxiliarlas ni perseguirlas mientras sus dogmas
y su moral no sean contrarios a la existencia y a los fines imperiales del
Estado nacional español" . Las afinidades con otros partidos
nacionalistas extranjeros eran negadas en lo tocante al sentimiento religioso
pues para Pérez de Cabo "estamos tan
lejos del espíritu ateo‑católico proclamado por la Action Française de
Charles Maurras como de la persecución a la Iglesia cristiana. Y aprovechamos
esta oportunidad para proclamar que aborrecemos el neopaganismo por su carencia
de sentido trágico y proscribimos el racismo por su carencia de sindéresis"
. La moral del Estado falangista no tenía dudas ya "no puede ser otra que la moral católica. Catorce siglos gravitan
sobre la conciencia del estado español, y la iluminan y transfiguran con la luz
del Sermón de la Montaña. Menguado estadista el que desconozca la fuerza de
ese factor histórico" Con
lo que se volvía a emparentar la religión no ya con la verdad filosófica sino
también como resultado de una elaboración histórica.
Tras
ver los perfiles que presentaba la Falange en su postura hacia la Iglesia,
convendría también trazar algunos rasgos definitorios de ésta. La postura de
la Iglesia católica tenía por bases de posicionamiento social, en la década
de los 30, un marco muy similar al trazado por el Profesor Montero
en el comenzar del siglo, con la salvedad, de enorme importancia, surgida
más tarde, de los partidos laicistas (entiéndase laicismo como
anticlericalismo, no como condición laical, que es la propia de todos aquellos
hijos de la Iglesia que no han hecho votos ni recibido órdenes). Este marco se
definía en el plano político por una actitud antiliberalista, asumiendo sin
embargo (a pesar de proyectos correctores) la teoría económica subyacente, es
decir, el capitalismo. En la dinámica de relación con el Estado y los sectores
sociales integrados en él, se apreciaba una actitud integrista con rechazo
expreso del aconfesionalismo y de la colaboración con los no católicos. Por el
contrario, se daba una tradición de convergencias entre el catolicismo social y
el reformismo conservador. En lo referido al intervencionismo estatal, éste no
era aceptado por los núcleos más reaccionarios, aunque mayoritariamente no
resultaba contradictorio, habida cuenta que la tradición intervencionista del
nacionalismo décimononico, prolongada en la Dictadura de Primo de Rivera, era
un proceso ya conocido y soportable.
No sin licencias cabe
encontrar, en la Iglesia en España, tres núcleos: la Iglesia catalana, la
vasca y la propiamente española (configuración regional que requeriría muy
necesarios matices: tanto el cardenal Gomá como el cardenal Plà y Deniel,
primados de la Iglesia española y colaboradores en primera línea del
alzamiento de Franco, eran catalanes), una figura de enorme relieve: el Cardenal
Primado y una cúpula dirigente de obispos o metropolitanos, que asumían una
visión eminentemente conservadora.
En
este marco, por mucho que la Falange participara de la cosmovisión católica,
no resultaba fácil la sintonía entre la modernidad de algunos de sus
postulados y los aquellos inquilinos incuestionablemente reaccionarios del
edificio de la Iglesia. Ello era determinante del olvido de la opción
falangista como opción anhelable.
A
pesar del poco entusiasmo del catolicismo oficial hacia la Falange, los
acontecimientos políticos iban a traer importantes variaciones en el
comportamiento seguido hasta entonces. A partir de febrero del 36 y como
consecuencia del triunfo del Frente Popular, se produjo un considerable trasvase
de las Juventudes de la CEDA hacia la Falange. Y no parece que fueran
determinantes de ese trasiego aquellos conatos de ataques y presiones que, según
Hermes se dieron por parte de los
estudiantes falangistas y carlistas contra la Confederación de Estudiantes Católicos,
alineada con la tendencia moderada de la CEDA, para lograr la ruptura de su
inercia en unos momentos que exigían mayor dinamismo.
Ramón
Serrano Suñer dejó patente en las charlas de El Escorial la profunda antipatía
que experimentaba José-Antonio hacia aquella agrupación estudiantil. Y resulta
creíble que personalidades falangistas bien vistas desde la derecha, como Giménez
Caballero u Onésimo Redondo, ayudaran a la radicalización de las JAP y a su
masiva entrada en aquella Falange de preguerra, ya acéfala. La Falange se
presentaba entonces como tabla de salvación, última trinchera de resistencia,
para no pocos católicos atemorizados
Parece
que fueron impulsos políticos y no de credo religioso los que motivaron el
traslado de una formación a otra. Aunque, en pura lógica, algunos tratadistas
del tema, hayan visto más correcto -por coherencia lógica- el marco de la
Falange como más idóneo para el quehacer político de los católicos con
inquietudes, que su encuadre en otras formaciones. En esa línea de pensamiento,
Salvador de Brocá afirmaba que "la
Falange era el único grupo que aunaba la modernidad consciente de su programa
con la atención cuidadosa a la tradición nacional y con fidelidad a la
interpretación católica de la vida" .
No
obstante, en aquellos meses de desconcierto y violencia desatada, debió
resultar más convincente para los trasvasados la belicosidad falangista que el
descubrimiento "intelectual" del catolicismo de la Falange.
FALANGE E IGLESIA DESPUÉS DE JULIO DEL 36.-
La
identificación del régimen de Franco con la Iglesia, y el aliento de ésta al
mantenimiento del Estado surgido el 18 de Julio (recuérdese la Pastoral del 37)
ha sido la causa de que la gran mayoría de los tratados con referencia al período
franquista refieran ese maridaje Iglesia‑Estado como una conjunción en
donde se reflejan tímidamente las fisuras. El Profesor Tusell, en un intento de
acreditación eclesial ante el repugnante francofascismo, revisaba esta
formulación tradicional:
"Sin embargo, es muy fácil exagerar la identidad
existente entre Estado e Iglesia, entre otros motivos porque bien clara resulta
esta identificación en la documentación más fácilmente disponible y de
manera especial en la prensa y en la propia experiencia vivida en aquellos
momentos. El hecho de insistir en la identidad nacional‑católica de todos
los sectores agrupados en torno al caudillaje de Franco no nos puede, sin
embargo, inducir a creer que no hubiera tensiones. Por el contrario, estas
existieron y fueron, además, en algún momento, graves" .
Tendríamos
por tanto que, junto a una clara línea de colaboración, ha de admitirse que
hubo desacuerdos dentro de la dinámica de relación entre la Iglesia y Estado.
Por lo que aquí concierne el estudio se centra con el Partido Único (el que, a
partir de abril del 39, se llamó FET y de las JONS), como integrante del
Estado, y la Iglesia católica.
Las
hipotéticas discrepancias doctrinales no obstaculizaron que algunos sacerdotes
alentaran, ya en tiempos de guerra, una política de conjunción con la Falange.
Esa línea que presentaba muchos y variados nombres tiene su arranque de manera
pública con Fermín Yzurdiaga, antiguo capellán de la ACNP de Pamplona y
director del primer diario de la Falange, el Arriba España, y,
después, de la revista Jerarquía. El padre Yzurdiaga, nombrado por el
Jefe Nacional del Movimiento consejero nacional del FET, se vería privado del
reglamentario permiso de su obispo para acudir a las sesiones del Primer Consejo
Nacional celebrado en el Monastario de las Huelgas Reales de Burgos, y pronto
sería destituido de su cargo de responsabilidad por presiones. El recelo
episcopal ante la decidida participación política se hacía a pesar de que el
núcleo falangista de Pamplona no presentaba el temido totalitarismo achacado a
otros centros falangistas. El Profesor Suárez entiende que los núcleos fuertes
del propagandismo de la Falange, ubicados en torno a Salamanca, Pamplona y
Valladolid, no reflejaban, salvo este último, ninguna proclividad al nazismo.
No
resultó casual la elección de Pamplona, núcleo del carlismo, como lugar para
la publicación del Arriba España. En aquella ciudad, refugio de los
obispos de Vitoria, Córdoba, Valencia y Toledo "los
falangistas intentaban eliminar sospechas sobre su ortodoxia e insertarse en el
sentido confesional del requeté" , aunque –cosas de la época- lo
mismo formaban una escuadra de honores para el Cardenal Primado que amenazaban
de fusilarle con ella por el desaire recibido del Prelado .
A
pesar de ese cambio de modales surgieron algunos roces, por el crudo
planteamiento falangista de la cuestión social, entre el Diario de Navarra,
y es que éste –grave pecado para algunos chapelgorris- había dado trabajo a
antiguos afiliados a sectores de izquierda.
Los
tradicionalistas recelaban de la religiosidad, ahora tan manifiesta, de la
Falange, y más la achacaban a un panteismo poético que a la ortodoxia católica.
El
Arriba España utilizaba una trama argumental que, si bien no se
contradecía con la etapa anterior falangista, sí enfatizba fervores poco
usuales hasta entonces. Se mostraba interesado en demostrar la búsqueda del
cristianismo por parte de la Falange y en su proclamación de catolicismo, en
defender la restauración de la Compañía de Jesús y en la necesidad de
colaboración de la Iglesia con el Estado. Lo que luego se denominará como
nacionalcatolicismo pudo tener en esta publicación un punto de arranque histórico.
En aquel cargado ambiente de Pamplona, magistralmente descrito por Rafael García
Serrano en La Gran esperanza, resulta difícil comprender la referencia
de que la Falange acusaba a Monseñor Olaechea (que se había negado a bendecir
sus banderas de voluntarios que partían hacia el frente) de mostrar simpatías
con los socialistas . Más convincente resulta la argumentación contraria, es
decir, la acusación de la infiltración de ideas y hombres de la izquierdas o
sin escrúpulos en las crecidas filas falangistas. Táctica habitual seguida por
los sectores conservadores y no carente en algunos casos de pruebas para ello .
A
las múltiples y conocidas acusaciones sobre la infiltración de
"rojos" en la Falange, carta del Conde de los Andes al General Franco
en donde le decía acerca de la Falange:" más adelante, y sin que nadie
pudiera evitarlo, los rojos vencidos hallaron causa explicable en esta ideología".
y queja del jefe local de la Falange del Valle del Mena en Burgos de ser
tachados de rojos por los elementos reaccionarios de la provincia
El
miedo a la contaminación de la Falange o de la idea que cada cual pudiera tener
de ella, no sólo era patrimonio de falangistas puros o auténticos, o de
sectores tradicionalistas, El cardenal Gomá, en Octubre de 1936 había mostrado
a monseñor Pacelli su preocupación porque en la Falange se "estaban acogiendo.. muchos aventureros, o ventajistas, o
indiferentes" . Pero es que a la Falange, como tabla de salvación, se
arrimaban muchas gentes que no podían demostrar su "pureza de sangre"; para estos nuevos advenedizos ya se
prepararía con el tiempo la depuración correspondiente. Si antes de la guerra
y en los primeros meses del conflicto fueron gentes de CEDA y JAP, ahora
arribaban personajes de otros bandos, incluso sacerdotes afines al nacionalismo
vasco que, para evitar el exilio, se hicieron falangistas
Para
el Cardenal Primado, los falangistas tenían considerable fondo de fe cristiana
y sentido de la Patria, pero le preocupaban las influencias totalitarias y los
muchos sindicalistas y socialistas que estaban entrando en sus formaciones. Había
miedo al contagio, lo que no era extraño, dada la corta edad, la naturaleza infantil
de aquella Falange descabezada y la admiración no muy informada que algunos
experimentaban hacia ciertas experiencias con base en Alemania. Más que nada,
un ejercicio de simbolización, de proyección mental sobre un fenómeno
deslumbrante. Pero esas reticencias están más que demostradas. El Profesor Suárez
indica que, en reunión de Gomá con el entonces Secretario de Estado Vaticano,
Pacelli, mientras le mostraba su confianza total en Franco, manifestaba sus
miedos al falangismo o, al menos, a algunas de sus derivaciones "hacia actitudes socialistas o totalitarias" .
En
Mayo del 39 se produjo un cruce de cartas entre Gomá y Franco. La Religión, la
Patria, España, habían vencido a sus enemigos. En esa lucha habían
participado activamente las milicias de la Falange, Sin embargo, los Arzobispos,
reunidos en Toledo del 2 al 5 de Mayo del 39, se llegaron a plantear la base
documental de la prohibición a sacerdotes y religiosos de inscribirse en la
FET. Su postura final se limitó a pedir que no colaboraran en organizaciones
falangistas. La respuesta de algunos fue la ignorar tal petición que, al poco
tiempo, caía en saco roto, aprestándose altas jerarquías de la Iglesia a la
colaboración con servicios dependientes de la FET.
En
Junio del 39, el hombre fuerte de la Falange unificada, Serrano Suñer, firmaba
en el Vaticano unos acuerdos centrados en el tema de provisión de vacantes de
obispos, administradores apostólicos, etc; y el Estado, en contrapartida, se
comprometía a establecer negociaciones, respetando los cuatro primeros artículos
del Concordato de 1851 (resumidos en la exclusividad de la religión católica;
en la instrucción en todos los niveles conforme a la doctrina católica; en el
respeto, ayuda y apoyo a los prelados; y en ser la Iglesia la encargada de la
pureza de la fe y de las costumbres y de la educación religiosa de la
juventud).
Desde
Roma, el Papa, con su encíclica Summa Pontificatus, prevenía contra el
estatalismo de moda en Europa por aquellos años, del que no se privaban
sectores falangistas partidarios del Estado totalitario. Enseñaba el Pontífice
que el Estado no era omnipotente y que había de someterse al orden moral y que
la Iglesia ‑custodia de ese orden‑ no podía, en consecuencia,
someterse al Estado. Ciertamente, la argumentación no era nueva y enlazaba con
disposiciones papales anteriormente expuestas. El caso de España demostraba que
tales principios se sabían y aceptaban. Los sectores con más proclividad al
nazismo del interior de la Falange intentaron la censura de la encíclica, en la
que podían verse de alguna forma reflejados. Eran pataletas contra un gigante,
por parte de sectores minoritarios, que tenían algunas parcelas de poder, pero
que nada podrían a la larga. Franco retiraría su apoyo a estos sectores y se
encargaría de tener perfectamente controlada bajo sus órdenes a la gran masa
de la Falange Tradicionalista.
Al
año de la victoria de las tropas de Franco, el Cardenal Segura, una de las "dos
figuras descoladas de un retablo ochocentista", según Maura , se
negaba a que fueran grabados los nombres de José-Antonio y de los caídos de la
zona nacional en la fachada de la catedral de Sevilla, tal y como se estaba
haciendo en iglesias y catedrales de toda España. Argumentaba el Cardenal
disposiciones del Derecho canónico y amenazaba con fulminar las más graves
penas, incluida la excomunión, contra los que no obedecieran sus mandatos. La
postura del cardenal, expulsado de España en época de la República, excéntrico
donde los haya, chocaba con la síntesis entre la ideología azul del Régimen y
los ideales cristianos que preconizaba, un ejemplo entre otros, el obispo de
Madrid‑Alcalá y Patriarca de las Indias Occidentales, Eijo y Garay.
La
consideración de la Falange unificada como enemiga del Ejército y de la
Iglesia en unas conferencias del 43, serían nuevas invectivas de Segura contra
FET. En aquél para quien caudillo era
lo mismo que capitán de bandoleros, las posturas sorprendentes eran cotidianas.
Y entre las más chocantes, que aquel cardenal enemigo
de la Falange, se mostrara "cariñosísimo" con el II Jefe
Nacional de FALANGE ESPAÑOLA de las JONS, Manuel Hedilla Larrey, purgado por
Franco tras el decreto de Unificación, todo lo contrario a la postura que mostró
el primado Pla y Deniel .
El
año 41 presentaba unos acuerdos de trascendental importancia para las
relaciones entre el Estado y la Iglesia. Por parte del primero, volvía a ser
Serrano Suñer el encargado de realizar los tratados que supusieron una
"goleada" al Estado por parte del Vaticano en opinión del Profesor
Marquita . Por dichos acuerdos, la más representativa figura política del
nuevo Estado y hombre fuerte del Partido, Ramón Serrano Suñer, dejaba en manos
de la Iglesia el control moral de la sociedad y de la juventud en particular, la
enseñanza religiosa, la censura de publicaciones y la no entrada del Estado de
forma unilateral un cuestiones mixtas que afectaran tanto al propio Estado como
al Vaticano. Dichos acuerdos en donde el poder político se plegaba de forma
inexorable a las peticiones de la Iglesia presidirán, según Marquina, las
relaciones durante todo el franquismo .
Desde
esa perspectiva de sumisión no resultará extraño que, con el paso del tiempo,
la urdimbre legislativa fundamental del Estado fuera considerada por expertos en
temas jurídicos (caso del que fuera Fiscal General del Estado, el socialista
Leopoldo Torres) como una anacronía por las connotaciones teocráticas
reflejadas .
En
Noviembre del 42 y dentro de la lógica de la necesidad en que el general Franco
se movía, como lugar de contraste de pareceres –curiosamente, cuando
empezaban las dificultades a los aliados‑ se publicaba la Ley del Cortes
en donde la entrada de prelados quedaba reflejada en el artículo 2 apartado I.
El nacionalcatolicismo, conjunción del Estado con la Iglesia continuaba su
marcha. El cardenal Vidal i Barraquer denunciaba al Papa en el año 42 que tanto
seminaristas como profesores del Seminario español en Roma hacían el saludo
fascista y cantaban el "Cara al sol". Y es que en los seminarios y
allende nuestras fronteras, la configuración ideológica del nuevo Estado, el
maridaje, se estaba produciendo.
A
pesar de la sumisión y de los acuerdos, aún habría motivo de sobresaltos para
la Iglesia por ciertas actitudes individuales. El catedrático paleojonsista, más
tarde represaliado por el franquismo, Santiago Montero Díaz, despertaba la
prevención de la Iglesia al proponer, en la debacle de Alemania, acompañarla
en su muerte. Así lo había planteado el expresado profesor en su conferencia
"Sócrates o la manera de morir".
Aquel
radical planteamiento respondía a individualidades y no reflejaba el sentir
general de una Neofalange que, con José Luis Arrese al frente, había entrado
en el plano de la reconducción absoluta hacia los intereses que marcara el
Estado. Las publicaciones del momento daban buena prueba de ello. El Boletín
Oficial del Servicio Exterior de la FET, continuado a partir de 1946 con el
nombre de Boletín Oficial de la FET era una muestra evidente de que el
radicalismo (si es que alguna vez había hecho acto de presencia) había quedado
atrás. Como ya se ha comentado desde artículos de Rastro de la Historia, la preocupación máxima por parte de la
Falange unificada era, por aquel entonces, la de dejar patente su componente católica.
Las
semanas siguientes a la Conferencia de Postdam, la policía detectó fuertes
tensiones en el interior del régimen. Y es que, ante la derrota del Eje, no
pocos tradicionalistas, militares y católicos
empezaban a encontrar en la Falange un excelente chivo expiatorio al que cargar
con la culpa de la pasada afinidad con las naciones derrotadas.
El
estratega Franco ponía ahora en marcha, con más empuje que nunca, la unidad más
idónea para el combate. Ahora le tocaba el turno a la Iglesia. Había que
demostrar, todavía mucho más, que el régimen obedecía a una postura política
de corte cristiano. En este marco se situaba el folleto que el jefe del Estado
dirigía a los mandos juveniles ‑sector en manos del Partido‑ "Tres
lecciones en la primavera", en donde se exaltaba el carácter cristiano
y la obra del Régimen.
En
la redacción del Fuero de los Españoles,
en 1945, una ley que urgía sacar adelante en el nuevo contexto político, el
tema religioso era inexcusable, y volvió a abrirse el debate entre las
distintas facciones del Estado: fundamentalmente entre el integrismo religioso,
en el que se encontraban tanto la corriente tradicionalista como los sectores
clericales, y aquellos otros que pensaban que debía el Estado conservar una
disposición menos comprometida con la Iglesia institucional; finalmente será
el Vaticano quien redacte el artículo 6, consecuencia de los acuerdos del 41.
Volvía pues la Iglesia a imponer sus deseos; aunque el cardenal Segura, opuesto
por completo a la libertad de cultos, no evitará la ocasión de publicar un
Informe opuesto al citado artículo .
Leopoldo
Eijo y Garay, personaje sintético donde los haya, pilar del nacionalcatolicismo,
en la conmemoración del año Santo de 1950 declaraba que "a la luz del derecho Canónico, las relaciones entre la Iglesia y
el Estado son hoy en España los ideales, de tesis, no de hipótesis".
Asesor Nacional del Frente de Juventudes, pensaba que, al fundirse las enseñanzas
pontificias y la doctrina de la Falange, se formarían las generaciones que
salvarán a la Patria. Tomando como base la postura de José-Antonio frente a la
panteización del Estado, relacionaba directamente, en su especie de arenga, las
enseñanzas sociales del fundador de la Falange con las de la Rerum Novarum.
A primera vista podría pensarse que el Patriarca de las Indias Occidentales se
plegaba a la ideología nominal del Estado, máxime teniendo en cuenta que, según
Payne, Eijo y Garay fue el único prelado dispuesto a servir a Franco en el
puesto de Consejero de Estado. Pero hay actitudes del prelado que demostraban
que su puente tendido tenía muy en cuenta la orilla más firme en donde se
anclaba, y que por supuesto era la Iglesia. De esta forma Eijo y Garay, "el
obispo azul", fue el primero que dio cobijo al Opus Dei: la entidad de la
que, con el tiempo, saldrían aquellos tecnócratas enemigos y vencedores de los
sectores residuales de la Francofalange. El apoyo de Eijo al Opus Dei, al
otorgarle un estatuto canónico, fue, muy posiblemente, para defenderle de los
ataques de que le hacían objeto los francofalangistas .
Si
el Obispo de Madrid fue efectivamente un personaje sincrético entre la ideas de
la Iglesia y las de la francofalange, tampoco conviene magnificar su posición
en el sentido de que olvidara su función de dirigente de la Iglesia. Desde esa
función dirigía severas advertencias al Asesor Eclesiástico de la Organización
Sindical por una posible animadversión con la HOAC . No olvidaba Eijo que,
antes que del Estado y, por supuesto, del Partido, él era dirigente de la
Iglesia.
El
Régimen de Franco se aprovechaba (con beneficio mutuo) de las actitudes
conservadoras y reaccionarias de que hacían gala algunos miembros de la Iglesia
que, unidas a las ideologías de otros grupos presentes en el Estado, produjeron
una simbiosis entre los postulados de ambos dando lugar al fenómeno conocido
como "nacionalcatolicismo",
que estaba produciendo "la más
notable restauración tradicionalista, religiosa y cultural que se haya visto en
el siglo XX en cualquier país europeo" .
El
término nacionalcatolicismo fue
divulgado en los años 60 por González Ruiz, un canónigo malagueño que
buscaba el arrimo del progresismo, pero ya antes había sido utilizado por José
Pemartín y por el cardenal Gomá. Expresaba la identificación entre lo
nacional español y lo católico. La Neofalange, poliédrica, lo mismo ponía en
juego su faceta agnostizante que servia de confluencia sincrética para
desarrollar el nacionalcatolicismo, en donde se contaba con el concurso de otras
fuerzas y muy especialmente del adaptacionismo de los medios eclesiásticos.
En la preparación de
aquel fenómeno confluían factores de diversa índole. De gran importancia
resultaba lo que se podría denominar como "factor agrario". No
resultaba ajena a ello la conversión de un país todavia agrícola, con
mentalidad agraria en tránsito hacia soportes económicos distintos. Resulta un
síntoma la fuerte significación que Castilla la Vieja tenía para la Iglesia y
para la Falange.
En el "Nuevo
Estado" la práctica pastoral quedaba resumida en la palabra
"rerruralización", como en eco levítico del grito falangista
"Arriba el campo". Tanto para la Iglesia como para la FET, el ámbito
rural era visto con valores de los que la sociedad urbana estaba huérfana . Y
la plasmación cinematográfica de aquella postura quedaba manifestada de manera
impresionante en el magistral film Surcos,
del entonces director falangista José-Antonio Nieves Conde. Aspecto
de la lucha entre la ciudad y el campo, manipulada esta lucha los elementos más
conservadores ha sido esbozado por Carlos Hermida (Historia 16 )
Desempolvando
los textos de Jose Aragón Montejo(de la Asociación de Agricultores de España),
de Emilio Zurano ("el horror del campo y los errores de la ciudad") y
Daniel Guerrero de la Iglesia ("Campo contra ciudad"). Extrae como
conclusión el citado autor que la ciudad era buscada como chivo expiatorio de
los males que aquejaban al campo y lo era por aquellos que mantenían una
situación de dominio en este medio. Dando por sentado que la base electoral de
la CEDA se encontraba en los territorios campesinos castellanos , aunque no
votantes de la Falange, anduvieron prestos a dejarse llevar por el discurso
falangista en los albores de la guerra, durante y después.
Los
campos de actuación y los lugares de búsqueda de la masa humana que incorporar
a los contingentes al ejército de la Iglesia o al de la Falange tuvieron
similitudes. Según el estudio de Hermet sobre los lugares de práctica
religiosa, de los reductos nutrientes de seminarios y de asistencia a actos
religiosos había bastante coincidencia con los núcleos en los que la Falange
buscaba adeptos . La Falange misma era, en sus organizaciones juveniles, un nada
tibio ni menguado semillero de vocaciones religiosas.
En
la genealogía del Nacionalcatolicismo
intervinieron, como elementos del factor político, los conservadores (Acción
Española), el catolicismo social (ACNP) y falangistas con distintas tendencias.
La primera fuerza citada será el motor principal, en cuanto conseguirá plasmar
sus planteamientos ideológicos en el entramado del nacionalcatolicismo.
Los
rasgos definidores del fenómeno serían,
como modelo: la cristiandad; como antimodelo: la modernización; como reacción
saludable: la contrarrevolución fascista. Se trataba del triunfo definitivo de
las fuerzas del bien a través de la Cruzada Española, que habría traído como
consecuencia la restauración de la cristiandad y del modelo político imperial.
El predominio de los presupuestos ideológicos en manos del pensamiento
conservador con la consiguiente supeditación a este pensamiento de la ideología
falangista.
La
imbricación de elementos religiosos, políticos y militares fue muy importante.
Surgieron contratiempos, pero posiblemente, en su conjunto, la colaboración fue
el factor determinante para la supervivencia del Estado y unieron más los
enemigos comunes que las diferencias.
Esa
colaboración, que se había dado secularmente en España y que contó con paréntesis
en el XIX y durante la segunda República, encontraba otra vez más, condiciones
propicias para establecerse. Cuando a Casimiro Morcillo en una etapa en que en
medios eclesiásticos se rumiaba ya el desenganche, le preguntaban por su labor
como procurador en Cortes respondía:
"Comienzo por decir que a mi, personalmente no me
agrada ser procurador en Cortes, y si lo fui es porque consideré, tras las
debidas consultas con mis autoridades superiores que era un cargo que tenía que
aceptar. En cuanto a la tesis general no veo incoveniente en que haya un número
de obispos procuradores en Cortes, sinceramente no lo veo. En primer lugar hay
una larga tradición, y no sólo en España, sino en todos los países europeos
que han sido cristianos. En nuestro país, por no remontarnos muy lejos, he de
recordar que en tiempo de la monarquía eran senadores, por derecho propio,
todos los arzobispos e incluso algunos obispos. En segundo lugar, es una forma
de lograr esa inteligencia , de que antes hablábamos entre la Iglesia y el
estado. Finalmente una representación de la Iglesia en los órganos en los
organismos legislativos no deja de tener sus ventajas, especialmente para velar,
en cuanto sea posible, porque las leyes respeten el derecho natural".
La
reconducción hacia los moldes católicos era un hecho. Cierto anticlericalismo
de los falangistas quedaba limado por la práctica, de uso corriente, en
actividades programadas por la Iglesia. Para Javier Villalba, en aquellos
tiempos , los propios falangistas
demostraron un fervor inusitado en ellos hasta entonces, recibieron según
parece ‑la multitud de ejemplos y de conversiones es tan grande que se
puede aseverar‑ órdenes precisas de ir a misa, de confesar y comulgar.
Tal postura coincide (por testimonios orales recibidos) con la actitud
comprobada de ciertos militares y falangistas agnósticos, que participaron con
fe inusitada en los cursillos de cristiandad, dando muestras de una conversión
acelerada en su particular camino hacia Damasco .
Al
comienzo de los cincuenta, con los trabajos preconcordatarios en el interior de
España, se planteaba el dilema apertura laica y estatismo contra tradición
eclesiástica y enseñanza privada. Integrantes de esa intelectualidad
falangista (revisionistas y críticos ya por esas fechas), serian llamados por
el ministro de Educación, Ruiz Jiménez para colaborar en su Ministerio.
Se
presentaba un panorama que Calvo Serer, en 1953 desde "Ècrits dè
Paris", definiría como de dos fuerzas en la política interna de España;
la izquierda falangista y la derecha democristiana. Mientras tanto, sectores dóciles
de la Francofalange como la Sección Femenina acudían a Roma para la proclamación
por el Papa Pío XII del dogma de la Asunción de la Virgen Maria.
Según
Luis Suárez "Las camisas azules
mostraron al Papa que Falange era, con toda su carga política propia, un
movimiento católico". . Las romerías falangistas con destino al
Vaticano no se limitaron a la agrupación de mujeres. El Frente de Juventudes y
la Organización Sindical harían sus preparativos también para dar testimonio
de su catolicismo militante.
El
francofalangismo más católico estaba presente en el gobierno del 51. De
Ministro Secretario, el dócil Fernaández Cuesta y en Trabajo, José-Antonio
Girón, quien en 1954 dará el gobierno de la Universidad de Gijón a la Compañía
de Jesús.
El
afianzamiento del régimen con el establecimiento del Concordato y el
acercamiento a USA, impulsaban curiosamente al Partido Único. El sector menos
presentable de cara al exterior de entre los integrados en el Estado, cobraba bríos
en este preciso momento, y volvía a sacar de su repertorio antiguos resabios de
totalitarismo (Cft. El Congreso de 1953, en Rastro de la Historia 11). Bien es cierto que sólo a niveles
verbales o con proyectos pronto neutralizados por otras fuerzas o por el propio
General Franco. Si el SEU había comenzado una etapa de revitalización en 1951,
la FET celebraba en 1953 su Primer Congreso donde nuevamente el radicalismo
verbal se constituía en la forma de expresión del francofalangismo. Se confundían
los deseos con la realidad y se diseñaba una política de intenciones tendente
a autoafirmar algo que cada vez estaba más lejos: la creación de un estado
falangista: "bajo ningún pretexto
consentirá la Falange la ilegítima actuación de camarillas que pretendan
mermarle de su condición de única inspiradora del Estado"
En
el año 56, cuando el proyecto constitucional de Arrese está en vía muerta,
atacado por los cardenales Pla y Deniel, Arriba y Castro y Quiroga Palacios, que
probablemente recibieron órdenes superiores, bajo el pretexto de que se tendía
a un Estado totalitario de tradición extranjera, no española y carente de la
unidad que significó el 18 de Julio, el Vicesecretario Salas Pombo pasaba unas
consignas a las Falanges provinciales advirtiendo de maniobras que pretendían
enfrentar a la Falange con el Ejército y con la Iglesia: "Hemos de estar alerta contra todo intento de provocar fricciones
contra la Iglesia" . La Junta Suprema de la HOAC, apadrinada por los
obispos, dirigía a éstos un memorando contra las leyes propuestas y pidiendo
la supresión de la Delegación Nacional y de las provinciales de los
Sindicatos.
En
la política española hacían su aparición pública algunos miembros del Opus
Dei, que se verán comprometidos en la política del Estado y desarrollarán su
tarea dando lugar a la llamada tecnocracia. Si bien el Opus Dei pregonaba que
las acciones de sus miembros dedicados a la política tenían carácter
exclusivamente individual, de modo que cada miembro de la Obra era plenamente
libre y, por tanto, plena y personalmente responsable,
no lo veían así muchos miembros de la francofalange que, celosos de que
alguien ajeno a ellos alcanzara puestos de relevancia pública, no se
resignaban, e iniciaban una campaña de desprestigio contra la institución, sin
pararse a considerar la presencia de falangistas en el entorno fundacional de la
Obra (Alberto Ortega), o la evidencia de que algunos de sus más caracterizados
miembros (Vicente Mortes, Herrero Tejedor) eran también francofalangistas. El
10 de Abril del 57, el Servicio de Información de FET presentaba un informe
sobre la situación universitaria, que se hizo llegar a manos del general
Franco; en él se aseguraba que, desde el Colegio Mayor Moncloa (vinculado al
Opus Dei) se orquestaba una trama para desacreditar a la Falange. Ésta y otras
coyunturas, como las suscitadas por la concurrencia a oposiciones de cátedra de
candidatos del “Moncloa” y del seuísta “César Carlos” darían lugar a
enfrentamientos que en ocasiones se saldaron con algún mamporro , llevando la
peor parte los de este último Colegio Mayor, por el inestimable apoyo prestado
a los del “Moncloa” por uno de sus colegiales, un japonés estudiante de
español que resultó ser maestro de judo.
La
retirada de elementos de la Francofalange del gobierno de Franco del año 57
propició, en la competencia acostumbrada por la apetencia de poder, reacciones
en contra de los tecnócratas católicos. Participaban de la contestación los
Paris Eguilaz, Funes Robert y el grupo de Velarde, Fuentes, Rojo Duque, Sampedro
y Tamames . Desde los Órganos universitarios del Movimiento se producirán
ataques contra la apertura de la Universidad de Navarra, obra corporativa del
Opus Dei, hasta el punto de que el Ministro de Educación, Jesús Rubio García-Mina,
próximo a la Francofalange, no acudió a la ceremonia de inauguración de este
centro.
Indica
Hermet en su libro que en el año 64 aparecieron panfletos de la Falange contra
la monarquía, el capitalismo y el Opus Dei y que tras esta campaña se
intensificaron los cenáculos de falangistas
de izquierdas que escaparon del control del partido. Aunque es cierta la
oposición hacia la línea política de los tecnócratas por parte de los
elementos de la francofalange, que se veían marginados en el reparto de poder,
nada tiene que ver con la aparición, en esos años, de quienes, proclamándose
falangistas joseantonianos, decidían organizarse al margen del Movimiento. Y es
que estos no eran candidatos a ningún reparto de poder, sino militantes de una
revolución que decían pendiente y traicionada por el franquismo.
A
la elección de Montini como Pablo VI, el diario Arriba hubo de corregir
ataques recientes al prelado milanés, ahora Papa, entre ellos el que le había
dirigido uno de José Maria de Llanos, en tono de viejo falangismo
Desde
el Movimiento, para intentar vitalizar una estructura cada vez más sin vida, se
intentó la promoción de algo muy querido por la Iglesia: la participación
familiar. Con tal fin y a impulso fundamental del Delegado de Asociaciones del
Movimiento, Fraga Iribarne, se asistió a Congresos Internacionales sobre la
familia (agosto de 1960, en la Universidad de Columbia, en Nueva York) o se
celebraron Congresos de la Familia en España, que contaron con el apoyo
eclesial desde sus más altas instancias. Fruto de aquello fue la salida a la
calle de la revista Familia Española en donde se conjugaban las tesis
del Movimiento con el modelo familiar de la Iglesia y, por tanto del matrimonio
indisoluble, "contra el que únicamente
la legislación de la Segunda República quebró una línea de conducta"
. Su redacción era un compendio de ambas instituciones: Manuel Fraga, Eijo y
Garay, Muñoz Alonso, Fernández Cuesta o el Obispo Vicente Enrique y Tarancón
se sumaban a aquel esfuerzo que, tras unos años de vida, entró en vía muerta.
A
pesar de que el general Franco insistía en que la tarea de la Organización
Sindical era "la función práctica
de forjar la conciencia social de los españoles dentro de los principios que el
magisterio de la Iglesia católica nos enseña"; tales manifestaciones
no pueden ocultar el desenganche de la Iglesia con el Estado en el periodo
siguiente al Concilio Vaticano II.
Los
intentos de revitalización del Movimiento con la Ley Solís sobre asociaciones
de familia y mujeres casadas, dentro del Movimiento, eran contestados por los
obispos, con Olaechea de protagonista, acusando al proyecto de ir contra el
derecho natural por intentar someter las familias al Movimiento.
En
la muerte por inutilidad manifiesta del SEU, en 1965, la revista Eclessia,
aludiendo a las doctrinas pontificias pedía estructuras más representativas .
Los
años 60, marcados en política por la presencia de los grupos de la Falange
alternativa, tuvieron una postura religiosa muy definida y que puede
considerarse heredera de las distintas ópticas que en el mundo de la Falange
había tenido la religión. El primer núcleo disidente agrupado bajo las siglas
FES procuró incluir en sus contenidos doctrinales la postulados de la Iglesia
católica por considerarlos esenciales en la idea de la Falange. Partían del
presupuesto de que lo esencial en el pensamiento de José-Antonio era la baza
espiritual e intentaron aplicarla a su actuación política. Oraciones en las
reuniones de militantes, retiros espirituales‑políticos, albergues,
celebraciones mediante actos religiosos de los aniversarios de sus caídos o la
publicación de un libro que, a modo de guía espiritual, iba a resumir sus
planteamientos políticos y que intentaba ser un libro de cabecera del militante
falangista, eran muestras claras de su preocupación religiosa.
Tal
postura iba a ser respondida por otros grupos de la Falange alternativa que por
escisiones irían surgiendo. La polémica planteada en la Falange de la
preguerra de matiz ideológico entre la opción ramirista y la joseantoniana,
volvía a cobrar actualidad. Se acusaba al FES de querer que los obispos fueran
al tiempo gobernadores civiles, de ser sus dirigentes miembros del Opus Dei, de
considerar a sus publicaciones como "hojas parroquiales".. etc. Toda
una gama de improperios, sin base alguna, que emparentaban el radicalismo verbal
de éstos con el lenguaje
insultante que miembros de la Guardia de Franco dirigían años atrás a
sectores de la Iglesia . El FES juzgaba las actitudes globales de aquellos núcleos
como la de ser "fieles seguidores del Movimiento Nacional".
La
postura del FES con respecto a su relación con la Iglesia, redactada ya cuando
se produjo su conversión en Falange Española Independiente, en 1976, se
resumía en:
- Abogar por un Concordato.
- Pedir la supresión de privilegios que tenían
los clérigos al considerar "que han perdido la autoridad moral ante el
pueblo español..."(exención del servicio militar, exenciones
fiscales, privilegios jurídicos...etc.)
- Distinción de los bienes eclesiásticos del
clero entre aquel que cumple una función social, a quien es lícito
respetar sus bienes y aquellos que no lo cumplen a los que habría que
incautárselo o al menos impedir que los enajenaran.
- Negativa a la financiación o ayuda estatal,
teniendo en cuenta las honrosas excepciones que puedan producirse.
- Control del Estado en las asignaciones
voluntarias que los ciudadanos decidan entregar a la Iglesia, si ésta no
opta por obtener fondos de la caridad pública.
En lo referido a la moral católica:
- Protección a la familia, nacidos, menores y
los concebidos no nacidos.
- Negativa a la aceptación del Estado del papel
de legalizador de uniones o separaciones matrimoniales.
- Consideración del aborto como un delito moral
y jurídico, perseguible de oficio.
- Negativa a que el Estado marque una política
demográfica, asignándole a éste el papel de repartidor de la riqueza para
ayudar a las familias en general y a las numerosas en particular.
Se
observa pues una fidelidad total a los planteamientos morales de la Iglesia Católica,
en la línea más rigurosa.
Distintos
grupos provocados por la escisión del núcleo FES, confluyeron, tras años de
inactividad o de posturas más o menos gauchistas, en una organización denominada FE de las JONS Auténtica
que con respecto a la Iglesia católica y a su moral, se resumía en
presupuestos emparentados con los de la vieja Falange, a los que añadían parte
de producción propia que escapaba de los márgenes comúnmente aceptados en la
Falange:
- Separación Iglesia Estado. Negativa a
establecer un nuevo Concordato, aunque se acepten en ocasiones puntuales,
acuerdos entre ambas instituciones.
- Reconocimiento por parte del Estado del
matrimonio civil sin inmiscuirse en el contrato que supones el matrimonio.
- Aceptación explícita del divorcio.
- Aceptación explícita de los anticonceptivos.
- Apertura de un debate en torno al aborto desde
una postura defensora de la vida.
- Negativa a la planificación familiar dirigida
al tratarse de un problema de conciencia.
Aunque
Fuerza Nueva no era una agrupación falangista sí contaba con militantes
de esta tendencia. Se trataba de un conglomerado sintético a base de los
principios más primitivos del Régimen; aglutinaba elementos del
tradicionalismo, de la Francofalange y de los sectores más integristas del
clero (algunos como el Padre Fernando Hernández Quirós, de una honradez
personal a prueba de bomba). Gran parte de los números de la revista se
dedicaban a la crítica contra el desenganche de la Iglesia del Régimen.
Aquella preocupación religiosa no podía resultar extraña si se tiene en
cuenta que el fundador del grupo (Blas Piñar López) procedía de la Acción
Católica y que colaboradores activos de la revista eran sacerdotes (Vicente
Marcos o Fernando Hernández -del que el autor de este artículo guarda grato
recuerdo, admiración y respeto-) y además, contaban con la simpatía de los
sectores más conservadores del clero agrupados en torno a la Hermandad
Sacerdotal. La critica hacía la actitud postvaticanista de la Iglesia española
no se centraba tan solo en los sectores progresistas de la Iglesia española,
sino que llegaba a los obispos, a la Conferencia Episcopal. Se les tachaba de
haber aceptado influencias protestantes cuando menos , de estar mediatizados por
el marxismo o de pérdida de fe .
Su planteamiento religioso se movía en los sectores más integristas de la
Iglesia, con postulados que diferían de la interpretación que del Concilio
Vaticano II estaba dando una gran parte de la Iglesia española, que se
actualizaba al compás del envejecimiento del general Franco.
LOS MARCOS FUNDAMENTALES DEL CONFLICTO
El
temor al totalitarismo del Partido Único se concretaba fundamentalmente en las
parcelas de Propaganda y Educación. A continuación se estudian las tensiones
surgidas en torno a estas dos parcelas y también en lo referido al mundo del
trabajo, dado que una vieja aspiración de algunos sectores de la Iglesia
consistía en formar sindicatos católicos, a los que la configuración unitaria
del régimen no dio cabida.
LA PROPAGANDA
Sectores
de la FET con gran proclividad al Nuevo Orden europeo, se encargaron de la tarea
de Información y Propaganda en el Nuevo Estado. Desde el Ministerio del
Interior, Ridruejo, Jiménez Arnau y Antonio Tovar controlaban los moldes de
difusión del Nuevo Estado, llamados por Ramón Serrano Suñer a colaborar con
él.
La
publicación de la encíclica "Con
ardiente preocupación" (Mit brennender Sorge), en donde se criticaba
el totalitarismo de los nuevos estados, con especial atención a Alemania,
procuró la animadversión de la prensa de aquel país contra el documento y
contra el Vaticano. En España a través de El Adelanto de Salamanca se
reprodujeron los ataques en escala proporcional contra el documento papal, pero
ello no fue obstáculo para que todos los boletines episcopales en 1938
publicaran la encíclica . Según el Profesor Suárez, la Alemania nazi presionó
ante Serrano, ya en Marzo del 37, con la finalidad de que se diera publicidad a
la Encíclica Divini Redemptoris en detrimento de la otra. Ambas fueron
publicadas el 17 y 19 de Marzo del 37. La de la condena al paganismo nazi, fue
traducida desde el francés por Gomá y resumida por el Primado en una Pastoral
para asegurar su difusión Emparentado
con la Mit Brennender Sorge, el
cardenal Gomá expresaba el temor de que el nacionalsindicalismo pudiera
evolucionar a posturas nacionalsocialistas, y así lo expresó en su pastoral "Catolicismo
y Patria". Tal preocupación se vería sin fundamento con el paso del
tiempo y no puede olvidarse que la admiración por lo alemán también se daba
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