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El Rastro de la Historia. NÚMERO ONCE

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Lindo y querido:

La proyección de la Falange en México

-Francisco Blanco-

En uno de los informes emitidos por el falangista Juan Pérez de Cabo para el Secretario General Fernández Cuesta, se calificaba a Méjico de "el pueblo mejor preparado para nuestra Revolución". Ilusionado de un pueblo mestizo que "admiran al héroe por instinto, porque descienden de dos pueblos heroicos" y además "…les seduce la gesta heroica de la España nacional". Pérez de Cabo, conocedor de las colonias españolas americanas pensaba que la revolución falangista era fácilmente exportable a aquel país. Llegó incluso a esbozar un plan de "nueva conquista de Méjico", a partir de la toma de los sindicatos CROM (Confederación Regional Obrera Mejicana)-de carácter nacional y sindical- y de la FROC (Federación Regional Obrera Comunista) a la que apuntilla Pérez de Cabo "cree ser comunista. Pero no lo es". El terreno lo suponía abonado este teórico del falangismo: Ejército favorable, veteranos de la revolución también y una colonia española simpatizante con el movimiento español rebelde aunque "Ninguno tiene la menor idea de nuestra doctrina". Planes, en donde la impresión de aventurerismo no queda ausente, pero que rebelan a un profundo conocedor y sobre todo a un activista de gran originalidad. Análisis en los que esperaba hasta la comprensión y apoyo yanqui en el movimiento obrero-militar que se conseguiría y en donde llegaba a ver al Presidente Rooselvet casi como un aliado ("…pues Roseevelt es, quizás sin sospecharlo, un pretotalitarista" Estas ideas cuanto menos sorprenden porque muestran una realidad diferente a la que hemos tenido sobre aquel país. La utopía creadora y revolucionaria de Pérez de Cabo no iba a llegar en absoluto. Pero Junto a ese hiperoptimismo que más parece fruto de la euforia romántico- revolucionaria, se observa una visión "diferente", tanto en cuanto a las pretensiones del autor del Arriba España como a la que tradicionalmente se mantiene sobre Méjico. La nación que no reconoció nunca al Régimen de Franco, que propuso su condena internacional, que fue lugar predilecto del exilio republicano, resultó también ser uno de los espacios donde la Falange se movió con mayor intensidad. En 1939 el Sinaia, el Ipanema y el Mexique llevaban a Méjico tres barcos cargados con exilados y a cargo de la SERE. Ese mismo años y al terminar la guerra civil española, el responsable falangista Alejandro Villanueva, experto conocedor de las Falanges de América, llegaba a hablar de un 95% de la colonia "simpatizantes de nuestra España".

La fundación del primer núcleo falangista mejicano se remonta al 2 de Junio de 1936, convirtiéndose por tanto en uno de los embriones pioneros de las Falanges del Exterior. De manera espontánea, José Vega, Baldomero Álvarez, Ramón Pérez y Gonzalo Álvarez iniciaron la organización, fundada en el establecimiento del primero de ellos en las calles Cruz Azul y Victoria de la Colonia Industrial de Méjico D.F. A los pocos días y tras una pronta dimisión de José Vega, que había sido elegido Presidente,(titulación extraña en la Falange a excepción del Presidente de la Junta Política) una nueva votación dio el cargo, ahora ya de Jefe, a Baldomero Álvarez quien a su vez nombró Jefe de milicias a Eduardo L. Vega y como Jefe de Prensa y Propaganda a Beremundo Ruidíaz Fernández ; asimismo designó un "consejo ejecutivo" (otra denominación extraña a la Falange) en donde quedaban integrados Ángel Lozano, Emeterio Bercedo, Marino García, Gonzalo Álvarez, Virgilio Barragán y José Celorio Ortega. Del hecho fundacional queda el acta que se levantó sobre lo ocurrido

La actuación de Álvarez en la jefatura fue contestada en el seno de la propia organización y, en opinión de la Delegación de Exterior, había sido en parte instigadora de la mala opinión creada en torno a la Falange mejicana. Se encargó transitoriamente de reformar las actividades del grupo Doroteo Fernández y a principio del 38 se hacia el nombramiento a favor de José Celorio Ortega, que sería también contestado por un grupo de militantes en Agosto del 38 con acusaciones como la de que era nacido y criado en Méjico "desconociendo por tanto la vida española", el haber intentado medrar con su registro como español en Octubre del 36 para ser elegido jefe o poniendo en tela de juicio su honradez comercial o supuesta megalomanía o su actividad "ostentosa y provocativa" que provocaba el recelo e incluso algunas medidas represivas del gobierno mejicano. El nuevo jefe propuesto por estos disidentes era el del Presidente de la UNE Francisco Sáinz Quintanilla quien según otros contrarios era quien atizaba el fuego de la discordia. El crecimiento de aquel núcleo fue uno de los mayores producidos en América; de una afiliación que en 1936 llegaba a los 118 miembros, en julio del 38 había pasado a los 1200. La organización debió atravesar los problemas clásicos de las organizaciones falangistas, prematuramente engordadas al compás de la Unificación y con una crisis de crecimiento, más acusado aquí por la falta de carisma del Jefe Provincial que se iba ganando la enemistad de muchos falangistas. Había también disensiones entre las secciones de la FET y así, por ejemplo, el núcleo de responsables de Frentes y Hospitales, que era una delegación más de la FET aunque con específicas características, funcionaba de forma tan autónoma que ni siquiera pertenecían al Partido. El clima de provisionalidad y de incertidumbre quedaba reflejado en el hecho de que la llegada del falangista sevillano Fernando Pomposo a Méjico en Junio del 38 se intentara utilizar como guía para el quehacer de las organizaciones mejicanas. Por la imitativa tendencia hacia lo que ocurría en España estaba presente el tema de la unificación en una sola organización política tal y como se había producido en zona nacional; pero la impresión que da aquello es que detrás de las distintas estrategias se movían intereses personalistas centrados sobre todo en el jefe falangista Celorio Ortega y el Presidente de la UNE (Unión Nacionalista Española) Saínz Quintanilla a quien apoyaba el representantes oficioso del Gobierno de Franco en aquella República, Augusto Ibáñez

El enredo que provocaban estas situaciones llevaba a cada cual a arrogarse la exclusividad falangista y la acusación de enemistad hacia el oponente; sin embargo suelen estar presentes una postura falangista que intenta englobar a los demás favorables del bando nacional y una postura de gentes de talante más conservador, mejor situados que al compás de los acontecimientos se intentan hacer con esa organización política única que es la FET. Y no resulta extraño que gentes que han indagado el funcionamiento de estas colonias de españoles adjudiquen militancias y preferencias que pudieran entenderse como erróneas.

Hubo también falangistas mejicanos que murieron en la guerra de España o que por su militancia política fueron asesinados. Así por ejemplo el médico Beremundo Ruidíaz que fue delegado de Prensa y Propaganda en Méjico murió en Teruel cuando formaba parte como voluntario de la 2ª Bandera de Asturias o Vicente Caso Mier que siendo teniente de la Legión murió en el frente de Brunete o Francisco Alonso asesinado en Méjico por gritar ¡Arriba España!

A comienzos del 39 graves problemas internos volvían a producirse en el seno de la Falange mejicana y en Marzo fueron el detonante para que el Delegado Nacional de Exterior, José del Castaño, ordenara a Alejandro Villanueva una visita de inspección, ya anunciada dos meses antes, para acabar con los elementos perturbadores que se habían rebelado contra Celorio Ortega. La desobediencia hacía mella en la Falange. Si Frente y Hospitales funcionaba desligada del Partido, las cantidades recaudadas para el Auxilio Social no se entregaban por enemistad con el Jefe Provincial. Pliegos de cargos con un sinfín de acusaciones tildaban a Celorio de megalómano, de poner la organización a su servicio, despilfarrando fondos para su mayor gloria y de provocar con sus actos la reacción de los sindicatos y del gobierno mejicano contra la Falange, que habían culminado con el asesinato de dos falangistas. Amparados en una estricta interpretación estatutaria, este grupo rebelde, reclamaba a un jefe de origen español y no a Celorio, de nacionalidad mejicana, y se volvía a utilizar de alternativa a Francisco Saínz Quintanilla,.

La llegada de Alejandro Villanueva se producía el 10 de Marzo del 39 y comenzaba su tarea reorganizadora con la aplicación de la reglamentación existente, pero con el suficiente tacto como para no abrir brechas profundas. Sustituía al jefe falangista por "su debilidad de carácter y su poco prestigio" aunque en recompensa a su abnegación y esfuerzo le nombraba Secretario de la Inspección para América con residencia en La Habana. Al tiempo imponía al grupo revoltoso una sanción para no poder ocupar en dos años puestos de mando en la organización. Medida extremadamente suave, pero que, en opinión de Villanueva, era la mejor tanto porque la disciplina del interior de España no era transportable con todo su rigor a las Falanges del Exterior como para evitar que una sanción más rigurosa les hubiera convertido en enemigos declarados. Tendía puentes con los miembros de la UNE de los que esperaba su entrada masiva en la Falange, evitando las investigaciones preceptivas de la Delegación de Información e Investigación y a cambio en pocos días esperaba engordar las arcas falangistas con veinte mil dólares procedentes de la UNE. En aquella línea de apaciguamiento se nombraba al nuevo Jefe de la Falange de Méjico, Genaro Riestra, (con prometedor futuro en la FET) íntimo amigo de Sáinz Quintanilla y representante de productos farmacéuticos, nombramiento que quedaba a la espera de la confirmación de la Delegación Nacional.

Aquel acuerdo de integración se hacía posible entre otras razones por la amistad que unía al Presidente de la UNE, (para quien Villanueva se deshacía en elogios) y al nuevo jefe falangista Genaro Riestra. El aparente éxito se completaba con la previsible incorporación a la Falange en breve espacio de tiempo de un grupo de emigrantes hacendados (Ángel Urraza, Ambrosio Izu, Jaime y Luciano Arrechederra, Jesús Rivero Quijano, Victoriano Olazábal y Antonio Ordóñez entre otros)miembros de una agrupación conocida como El Submarino y que habían procurado fuertes sumas enviadas al Cuartel General de Franco

Aquel cúmulo de éxitos, aumentado por el triunfo definitivo de la España Nacional hicieron aparecer la euforia más imprudente. Mil falangistas uniformados recorrían el 28 de Marzo de 1939, Méjico DF para tomar posesión del Casino Español. En ese local con aforo de 2500 personas se pensaba realizar cinco días más tarde un Plato Único en donde los asistentes previstos para celebrar la victoria de Franco, doblaban ya la cabida.

Los discursos, exhibiciones y demás muestras de incontinencia iban a costar caro. El Gobierno de Méjico aprovechó aquellos fastos para expulsar a Villanueva, a Celorio y a Riestra al tiempo que suspendía las actividades de la Falange. A los tres dirigentes falangistas que habían sido convocados por Cipriano Arriola, Jefe de Información Política y social posteriormente les fue comunicado su traslado a Veracruz y la consiguiente expulsión

Nada de arrepentimiento sino todo lo contrario: orgullo por la lucha llevada a cabo, tal y como relata el periódico mejicano Excelsior. Villanueva manifestaba: "Soy un soldado al servicio de España. Este incidente vale bien poco, comparado con la sangre que mis hermanos han derramado en las benditas tierras de España. Regreso a Cuba donde continuaré la labor que me ha encomendado el Caudillo Franco"; Genaro Riestra no se quedaba atrás: "He trabajado por España sin ningún interés personal y cumpliendo con un deber…Me voy diciendo un entusiasta ¡viva México! Y ¡arriba España!". Celorio mostraba su tristeza por dejar Méjico, país al que amaba y calificaba de "caballeros" a las autoridades de Gobernación mejicana por las atenciones recibidas, a pesar de la expulsión.

El 4 de Abril la Falange era disuelta, el diario Excelsior relataba el día 5 Abril: "Acatando las disposiciones gubernamentales la Falange Española de Méjico acordó disolverse, según informó hoy el señor José Pría Noriega que fungía como delegado de administración de la misma". El mismo Pría, según el periódico referido trataba con exquisito tacto las resoluciones de disolución adoptadas e incluso señalaba que a los falangistas expulsados (Riestra, Villanueva y Celorio) "…las autoridades de gobernación les han dispensado toda clase de atenciones" continuó la actividad política encubierta. Al frente se situó a Eulogio Ortega

El 9 de Mayo Fidel Ruiz y Amador Fernández Noriega, encargados Provisionales de la Delegación Provincial de Prensa y Propaganda de FET y de las JONS, publicaban la siguiente nota: "Para los fines a que haya lugar y con objeto de que cualquier actividad que se pretenda desarrollar al amparo de la Falange Española Tradicionalista se considere como plenamente desautorizada, manifestamos públicamente que esta organización ha quedado totalmente disuelta, debiendo los españoles radicados en territorio mejicano acatar incondicionalmente las leyes del país que les brinda su hospitalidad absteniéndose de participar directa o indirectamente en actividades de índole político."

José del Castaño, que siempre había reclamado prudencia en las actuaciones, evitando aquellos rasgos más llamativos que provocaban restricciones a la Falange, había ordenado a Riestra, tras quejarse del comportamiento exhibicionista de la Falange mejicana, la inscripción de una Hermandad Exterior con estatutos similares a los del Auxilio Social de Cuba para centralizar la actuación benéfica en favor de la colonia española y como tapadera de la Falange en los casos de disolución o suspensión de la misma. Villanueva, Celorio y Riestra expulsados de México marcharon a Cuba.

La situación se iba a complicar. La llegada de contingentes españoles de exiliados próximos a los 50.000, gracias a las condiciones legales creadas por el Presidente Cárdenas y su ministro de Gobernación, convertían a Méjico en tierra de asilo. A los problemas ya tradicionales de la Falange se unía ahora esa considerable masa de españoles enemigos de la Falange. No faltaban tampoco las acusaciones desde algunos periódicos del intento de apoderarse de la directiva del Centro vasco de Mexico o el ataque al Consejo de la Hispanidad por considerarlo un órgano franquista contra los pueblos americanos para sorprenderlos "con una cruzada de templarios fascistas" que caldearía los ánimos.

Las órdenes de seguir actuando con otra cobertura y otros personajes ya se había decidido desde España cuando la orden de expulsión de los falangistas. En efecto, el delegado del Castaño había considerado y así se lo había dicho a Genaro Riestra que no debía continuar en el cargo de jefe de la Falange mejicana incluso en el supuesto de que se levantara la orden de expulsión que pesaba contra él. La posibilidad de funcionamiento pasaba por "…que nuestra organización en Méjico, valiéndose de terceras personas influyentes y bien situadas cerca del Gobierno mejicano, gestionen tu regreso a aquel país; nosotros trataremos también de conseguir ese resultado por los medios y procedimientos que se nos ofrezcan como posibles …El caso del camarada Celorio Ortega creo debe ser enfocado en la misma forma que el tuyo". Daba también instrucciones de seguridad y repliegue: poner en lugar seguro toda la documentación de aquella Falange y suprimir en los escritos "el membrete y sello de nuestra Organización"

La difícil situación creada dificultaba la actuación y producía numerosas bajas entre las antes repletas filas falangistas. Estos, mientras tanto, intentaban demostrar lo benéfico que resultaba el régimen franquista para España y los logros conseguidos, entre los que destacaba la redención de penas por el trabajo, exaltada en la publicación La Justicia de Franco editada por aquella Falange.

A principios del año 40 el nuevo Jefe Provincial Eugenio Celorio se quejaba al Jefe de Prensa de Exterior, Manuel Aznar, de la falta de comunicación con España, de la vigilancia a que se encontraban sometidos por las autoridades mejicanas y de la actividad antifalangista del representante Augusto Ibáñez. Se emitieron circulares en donde a este y a otros significados personajes se les acusaba de ser "los responsables directos del estado de desorientación y mistificación-sic-en que se encuentra la colectividad española".

Tal cúmulo de luchas internas, apariciones y desapariciones de la Falange, suspensiones, expulsiones, pactos o enfrentamientos de grupos de dentro de la Falange, de ésta con otros grupos afectos al Régimen, de éstos con exiliados republicanos etc. hacen dificultosa la labor de saber quién era quién en Méjico, pero existen estudios simplificadores que, si bien tienen la ventaja de resultar más comprensibles, responden a verdades a medias de lo ocurrido.

Con el Presidente Ávila Camacho parece hubo cierta tolerancia hacia actividades que las extensiones de la FET tenían en Méjico. Presiones de los grandes órganos periodísticos yanquis en base a supuestos servicios servicios falangistas en favor del nazismo y sin duda, la presión política norteamericana acabaron con la disolución oficial de la Falange mejicana en el verano de 1942, (año en el que Méjico entra en guerra en el bando aliado). A. Chase con sus acostumbradas exageraciones y mentiras llegaría a hablar de militantes falangistas en Méjico colaboradores de los nazis a través de una agrupación sinarquista que controlaba a más de quinientas mil personas. Tal estrategia resultaba "inverificable" hasta para el Departamento de Estado americano que leía en el libelo de Chase que los agentes nazis eran transportados a Méjico en barcos españoles, barcos que "…no habían atracado en puertos mexicanos durante años") según comenta Lidia Mularska-Andziak

Encubierta en actividades de auxilio, los restos de la Falange continuaba de alguna manera su funcionamiento y hay constancia de recaudaciones de dinero en 1944. Pero la carencia de relaciones oficiales entre el gobierno de España y el mejicano impedían el envío de estas cantidades. Con el pretexto de ser donaciones para ayudar a los damnificados del incendio de Santander se realizaron gestiones para desbloquear la cuentas utilizando la intermediación de la representación portuguesa.