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En uno de los informes emitidos por el falangista
Juan Pérez de Cabo para el Secretario General Fernández Cuesta, se
calificaba a Méjico de "el
pueblo mejor preparado para nuestra Revolución". Ilusionado de
un pueblo mestizo que "admiran
al héroe por instinto, porque descienden de dos pueblos heroicos"
y además "…les seduce la
gesta heroica de la España nacional". Pérez de Cabo, conocedor
de las colonias españolas americanas pensaba que la revolución
falangista era fácilmente exportable a aquel país. Llegó incluso a
esbozar un plan de "nueva conquista de Méjico", a partir de la toma de los
sindicatos CROM (Confederación Regional Obrera Mejicana)-de carácter
nacional y sindical- y de la FROC (Federación Regional Obrera Comunista)
a la que apuntilla Pérez de Cabo "cree
ser comunista. Pero no lo es". El terreno lo suponía abonado
este teórico del falangismo: Ejército favorable, veteranos de la
revolución también y una colonia española simpatizante con el
movimiento español rebelde aunque "Ninguno
tiene la menor idea de nuestra doctrina". Planes, en donde la
impresión de aventurerismo no queda ausente, pero que rebelan a un
profundo conocedor y sobre todo a un activista de gran originalidad. Análisis
en los que esperaba hasta la comprensión y apoyo yanqui en el movimiento
obrero-militar que se conseguiría y en donde llegaba a ver al Presidente
Rooselvet casi como un aliado ("…pues Roseevelt es, quizás sin sospecharlo, un pretotalitarista"
Estas ideas cuanto menos sorprenden porque muestran una realidad diferente
a la que hemos tenido sobre aquel país. La utopía creadora y
revolucionaria de Pérez de Cabo no iba a llegar en absoluto. Pero Junto a
ese hiperoptimismo que más parece fruto de la euforia romántico-
revolucionaria, se observa una visión "diferente", tanto en
cuanto a las pretensiones del autor del Arriba España como a la
que tradicionalmente se mantiene sobre Méjico. La nación que no reconoció
nunca al Régimen de Franco, que propuso su condena internacional, que fue
lugar predilecto del exilio republicano, resultó también ser uno de los
espacios donde la Falange se movió con mayor intensidad. En 1939 el
Sinaia, el Ipanema y el Mexique llevaban a Méjico tres barcos cargados
con exilados y a cargo de la SERE. Ese mismo años y al terminar la guerra
civil española, el responsable falangista Alejandro Villanueva, experto
conocedor de las Falanges de América, llegaba a hablar de un 95% de la
colonia "simpatizantes de nuestra España".
La fundación del primer núcleo falangista
mejicano se remonta al 2 de Junio de 1936, convirtiéndose por tanto en
uno de los embriones pioneros de las Falanges del Exterior. De manera
espontánea, José Vega, Baldomero Álvarez, Ramón Pérez y Gonzalo Álvarez
iniciaron la organización, fundada en el establecimiento del primero de
ellos en las calles Cruz Azul y Victoria de la Colonia Industrial de Méjico
D.F. A los pocos días y tras una pronta dimisión de José Vega, que había
sido elegido Presidente,(titulación extraña en la Falange a excepción
del Presidente de la Junta Política) una nueva votación dio el cargo,
ahora ya de Jefe, a Baldomero Álvarez quien a su vez nombró Jefe de
milicias a Eduardo L. Vega y como Jefe de Prensa y Propaganda a Beremundo
Ruidíaz Fernández ; asimismo designó un "consejo ejecutivo"
(otra denominación extraña a la Falange) en donde quedaban integrados Ángel
Lozano, Emeterio Bercedo, Marino García, Gonzalo Álvarez, Virgilio
Barragán y José Celorio Ortega. Del hecho fundacional queda el acta que
se levantó sobre lo ocurrido
La actuación de Álvarez en la jefatura fue
contestada en el seno de la propia organización y, en opinión de la
Delegación de Exterior, había sido en parte instigadora de la mala opinión
creada en torno a la Falange mejicana. Se encargó transitoriamente de
reformar las actividades del grupo Doroteo Fernández y a principio del 38
se hacia el nombramiento a favor de José Celorio Ortega, que sería también
contestado por un grupo de militantes en Agosto del 38 con acusaciones
como la de que era nacido y criado en Méjico "desconociendo
por tanto la vida española", el haber intentado medrar con su
registro como español en Octubre del 36 para ser elegido jefe o poniendo
en tela de juicio su honradez comercial o supuesta megalomanía o su
actividad "ostentosa y provocativa" que provocaba el recelo e incluso
algunas medidas represivas del gobierno mejicano. El nuevo jefe propuesto
por estos disidentes era el del Presidente de la UNE Francisco Sáinz
Quintanilla quien según otros contrarios era quien atizaba el fuego de la
discordia. El crecimiento de aquel núcleo fue uno de los mayores
producidos en América; de una afiliación que en 1936 llegaba a los 118
miembros, en julio del 38 había pasado a los 1200. La organización debió
atravesar los problemas clásicos de las organizaciones falangistas,
prematuramente engordadas al compás de la Unificación y con una crisis
de crecimiento, más acusado aquí por la falta de carisma del Jefe
Provincial que se iba ganando la enemistad de muchos falangistas. Había
también disensiones entre las secciones de la FET y así, por ejemplo, el
núcleo de responsables de Frentes y Hospitales, que era una delegación más
de la FET aunque con específicas características, funcionaba de forma
tan autónoma que ni siquiera pertenecían al Partido. El clima de
provisionalidad y de incertidumbre quedaba reflejado en el hecho de que la
llegada del falangista sevillano Fernando Pomposo a Méjico en Junio del
38 se intentara utilizar como guía para el quehacer de las organizaciones
mejicanas. Por la imitativa tendencia hacia lo que ocurría en España
estaba presente el tema de la unificación en una sola organización política
tal y como se había producido en zona nacional; pero la impresión que da
aquello es que detrás de las distintas estrategias se movían intereses
personalistas centrados sobre todo en el jefe falangista Celorio Ortega y
el Presidente de la UNE (Unión Nacionalista Española) Saínz Quintanilla
a quien apoyaba el representantes oficioso del Gobierno de Franco en
aquella República, Augusto Ibáñez
El
enredo que provocaban estas situaciones llevaba
a cada cual a arrogarse la exclusividad falangista y la acusación de
enemistad hacia el oponente; sin embargo suelen estar presentes una
postura falangista que intenta englobar a los demás favorables del bando
nacional y una postura de gentes de talante más conservador, mejor
situados que al compás de los acontecimientos se intentan hacer con esa
organización política única que es la FET. Y no resulta extraño que
gentes que han indagado el funcionamiento de estas colonias de españoles
adjudiquen militancias y preferencias que pudieran entenderse como erróneas.
Hubo también falangistas mejicanos que murieron
en la guerra de España o que por su militancia política fueron
asesinados. Así por ejemplo el médico Beremundo Ruidíaz que fue
delegado de Prensa y Propaganda en Méjico murió en Teruel cuando formaba
parte como voluntario de la 2ª Bandera de Asturias o Vicente Caso Mier
que siendo teniente de la Legión murió en el frente de Brunete o
Francisco Alonso asesinado en Méjico por gritar ¡Arriba España!
A comienzos del 39 graves problemas internos volvían
a producirse en el seno de la Falange mejicana y en Marzo fueron el
detonante para que el Delegado Nacional de Exterior, José del Castaño,
ordenara a Alejandro Villanueva una visita de inspección, ya anunciada
dos meses antes, para acabar con los elementos perturbadores que se habían
rebelado contra Celorio Ortega. La desobediencia hacía mella en la
Falange. Si Frente y Hospitales funcionaba desligada del Partido, las
cantidades recaudadas para el Auxilio Social no se entregaban por
enemistad con el Jefe Provincial. Pliegos de cargos con un sinfín de
acusaciones tildaban a Celorio de megalómano, de poner la organización a
su servicio, despilfarrando fondos para su mayor gloria y de provocar con
sus actos la reacción de los sindicatos y del gobierno mejicano contra la
Falange, que habían culminado con el asesinato de dos falangistas.
Amparados en una estricta interpretación estatutaria, este grupo rebelde,
reclamaba a un jefe de origen español y no a Celorio, de nacionalidad
mejicana, y se volvía a utilizar de alternativa a Francisco Saínz
Quintanilla,.
La llegada de Alejandro Villanueva se producía el
10 de Marzo del 39 y comenzaba su tarea reorganizadora con la aplicación
de la reglamentación existente, pero con el suficiente tacto como para no
abrir brechas profundas. Sustituía al jefe falangista por "su debilidad de carácter y su poco prestigio" aunque en
recompensa a su abnegación y esfuerzo le nombraba Secretario de la
Inspección para América con residencia en La Habana. Al tiempo imponía
al grupo revoltoso una sanción para no poder ocupar en dos años puestos
de mando en la organización. Medida extremadamente suave, pero que, en
opinión de Villanueva, era la mejor tanto porque la disciplina del
interior de España no era transportable con todo su rigor a las Falanges
del Exterior como para evitar que una sanción más rigurosa les hubiera
convertido en enemigos declarados. Tendía puentes con los miembros de la
UNE de los que esperaba su entrada masiva en la Falange, evitando las
investigaciones preceptivas de la Delegación de Información e
Investigación y a cambio en pocos días esperaba engordar las arcas
falangistas con veinte mil dólares procedentes de la UNE. En aquella línea
de apaciguamiento se nombraba al nuevo Jefe de la Falange de Méjico,
Genaro Riestra, (con prometedor futuro en la FET) íntimo amigo de Sáinz
Quintanilla y representante de productos farmacéuticos, nombramiento que
quedaba a la espera de la confirmación de la Delegación Nacional.
Aquel acuerdo de integración se hacía posible
entre otras razones por la amistad que unía al Presidente de la UNE,
(para quien Villanueva se deshacía en elogios) y al nuevo jefe falangista
Genaro Riestra. El aparente éxito se completaba con la previsible
incorporación a la Falange en breve espacio de tiempo de un grupo de
emigrantes hacendados (Ángel Urraza, Ambrosio Izu, Jaime y Luciano
Arrechederra, Jesús Rivero Quijano, Victoriano Olazábal y Antonio Ordóñez
entre otros)miembros de una agrupación conocida como El Submarino y que
habían procurado fuertes sumas enviadas al Cuartel General de Franco
Aquel cúmulo de éxitos, aumentado por el triunfo
definitivo de la España Nacional hicieron aparecer la euforia más
imprudente. Mil falangistas uniformados recorrían el 28 de Marzo de 1939,
Méjico DF para tomar posesión del Casino Español. En ese local con
aforo de 2500 personas se pensaba realizar cinco días más tarde un Plato
Único en donde los asistentes previstos para celebrar la victoria de
Franco, doblaban ya la cabida.
Los
discursos, exhibiciones y demás muestras de
incontinencia iban a costar caro. El Gobierno de Méjico aprovechó
aquellos fastos para expulsar a Villanueva, a Celorio y a Riestra al
tiempo que suspendía las actividades de la Falange. A los tres dirigentes
falangistas que habían sido convocados por Cipriano Arriola, Jefe de
Información Política y social posteriormente les fue comunicado su
traslado a Veracruz y la consiguiente expulsión
Nada
de arrepentimiento sino todo lo contrario:
orgullo por la lucha llevada a cabo, tal y como relata el periódico
mejicano Excelsior. Villanueva
manifestaba: "Soy un soldado al
servicio de España. Este incidente vale bien poco, comparado con la
sangre que mis hermanos han derramado en las benditas tierras de España.
Regreso a Cuba donde continuaré la labor que me ha encomendado el
Caudillo Franco"; Genaro Riestra no se quedaba atrás: "He
trabajado por España sin ningún interés personal y cumpliendo con un
deber…Me voy diciendo un entusiasta ¡viva México! Y ¡arriba España!".
Celorio mostraba su tristeza por dejar Méjico, país al que amaba y
calificaba de "caballeros" a las autoridades de Gobernación
mejicana por las atenciones recibidas, a pesar de la expulsión.
El 4 de Abril la Falange era disuelta, el diario Excelsior
relataba el día 5 Abril: "Acatando
las disposiciones gubernamentales la Falange Española de Méjico acordó
disolverse, según informó hoy el señor José Pría Noriega que fungía
como delegado de administración de la misma". El mismo Pría,
según el periódico referido trataba con exquisito tacto las resoluciones
de disolución adoptadas e incluso señalaba que a los falangistas
expulsados (Riestra, Villanueva y Celorio) "…las
autoridades de gobernación les han dispensado toda clase de
atenciones" continuó la actividad política encubierta. Al
frente se situó a Eulogio Ortega
El
9 de Mayo Fidel Ruiz y Amador Fernández
Noriega, encargados Provisionales de la Delegación Provincial de Prensa y
Propaganda de FET y de las JONS, publicaban la siguiente nota: "Para los fines a que haya lugar y con objeto de que cualquier actividad
que se pretenda desarrollar al amparo de la Falange Española
Tradicionalista se considere como plenamente desautorizada, manifestamos públicamente
que esta organización ha quedado totalmente disuelta, debiendo los españoles
radicados en territorio mejicano acatar incondicionalmente las leyes del
país que les brinda su hospitalidad absteniéndose de participar directa
o indirectamente en actividades de índole político."
José del Castaño, que siempre había reclamado
prudencia en las actuaciones, evitando aquellos rasgos más llamativos que
provocaban restricciones a la Falange, había ordenado a Riestra, tras
quejarse del comportamiento exhibicionista de la Falange mejicana, la
inscripción de una Hermandad Exterior con estatutos similares a los del
Auxilio Social de Cuba para centralizar la actuación benéfica en favor
de la colonia española y como tapadera de la Falange en los casos de
disolución o suspensión de la misma. Villanueva, Celorio y Riestra
expulsados de México marcharon a Cuba.
La situación se iba a complicar. La llegada de
contingentes españoles de exiliados próximos a los 50.000, gracias a las
condiciones legales creadas por el Presidente Cárdenas y su ministro de
Gobernación, convertían a Méjico en tierra de asilo. A los problemas ya
tradicionales de la Falange se unía ahora esa considerable masa de españoles
enemigos de la Falange. No faltaban tampoco las acusaciones desde algunos
periódicos del intento de apoderarse de la directiva del Centro vasco de
Mexico o el ataque al Consejo de la Hispanidad por considerarlo un órgano
franquista contra los pueblos americanos para sorprenderlos "con una cruzada de templarios fascistas" que caldearía los ánimos.
Las
órdenes de seguir actuando con otra cobertura
y otros personajes ya se había decidido desde España cuando la orden de
expulsión de los falangistas. En efecto, el delegado del Castaño había
considerado y así se lo había dicho a Genaro Riestra que no debía
continuar en el cargo de jefe de la Falange mejicana incluso en el
supuesto de que se levantara la orden de expulsión que pesaba contra él.
La posibilidad de funcionamiento pasaba por "…que
nuestra organización en Méjico, valiéndose de terceras personas
influyentes y bien situadas cerca del Gobierno mejicano, gestionen tu
regreso a aquel país; nosotros trataremos también de conseguir ese
resultado por los medios y procedimientos que se nos ofrezcan como
posibles …El caso del camarada Celorio Ortega creo debe ser enfocado en
la misma forma que el tuyo". Daba también instrucciones de
seguridad y repliegue: poner en lugar seguro toda la documentación de
aquella Falange y suprimir en los escritos "el
membrete y sello de nuestra Organización"
La difícil situación creada dificultaba la
actuación y producía numerosas bajas entre las antes repletas filas
falangistas. Estos, mientras tanto, intentaban demostrar lo benéfico que
resultaba el régimen franquista para España y los logros conseguidos,
entre los que destacaba la redención de penas por el trabajo, exaltada en
la publicación La Justicia de Franco editada por aquella Falange.
A principios del año 40 el nuevo Jefe Provincial
Eugenio Celorio se quejaba al Jefe de Prensa de Exterior, Manuel Aznar, de
la falta de comunicación con España, de la vigilancia a que se
encontraban sometidos por las autoridades mejicanas y de la actividad
antifalangista del representante Augusto Ibáñez. Se emitieron circulares
en donde a este y a otros significados personajes se les acusaba de ser "los
responsables directos del estado de desorientación y mistificación-sic-en
que se encuentra la colectividad española".
Tal cúmulo
de luchas internas, apariciones y desapariciones de la Falange,
suspensiones, expulsiones, pactos o enfrentamientos de grupos de dentro de
la Falange, de ésta con otros grupos afectos al Régimen, de éstos con
exiliados republicanos etc. hacen dificultosa la labor de saber quién era
quién en Méjico, pero existen estudios simplificadores que, si bien
tienen la ventaja de resultar más comprensibles, responden a verdades a
medias de lo ocurrido.
Con el Presidente Ávila Camacho parece hubo
cierta tolerancia hacia actividades que las extensiones de la FET tenían
en Méjico. Presiones de los grandes órganos periodísticos yanquis en
base a supuestos servicios servicios falangistas en favor del nazismo y
sin duda, la presión política norteamericana acabaron con la disolución
oficial de la Falange mejicana en el verano de 1942, (año en el que Méjico
entra en guerra en el bando aliado). A. Chase con sus acostumbradas
exageraciones y mentiras llegaría a hablar de militantes falangistas en Méjico
colaboradores de los nazis a través de una agrupación sinarquista que
controlaba a más de quinientas mil personas. Tal estrategia resultaba
"inverificable" hasta para el Departamento de Estado americano
que leía en el libelo de Chase que los agentes nazis eran transportados a
Méjico en barcos españoles, barcos que "…no habían atracado en
puertos mexicanos durante años") según comenta Lidia Mularska-Andziak
Encubierta
en actividades de auxilio, los restos de la Falange continuaba de alguna
manera su funcionamiento y hay constancia de recaudaciones de dinero en
1944. Pero la carencia de relaciones oficiales entre el gobierno de España
y el mejicano impedían el envío de estas cantidades. Con el pretexto de
ser donaciones para ayudar a los damnificados del incendio de Santander se
realizaron gestiones para desbloquear la cuentas utilizando la
intermediación de la representación portuguesa.
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