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En los tiempos de la guerra civil (I) -Francisco
Blanco- |
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Estructura y funcionamiento de la Delegación Nacional del Servicio Exterior de FET y de las JONS.
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Una
de las novedades aportadas por el Decreto 255 (Decreto de Unificación) era el
que hacía recaer la dirección de la FET en el Jefe Nacional, asesorado por un
Consejo Nacional y el Secretariado Político. Este último organismo dividió
sus tareas en comisiones o departamentos de actividad política con dos miembros
del mismo al frente de cada una de ellas. En la referida a Exterior figuraban de
responsables el Conde de Rodezno por parte de los carlistas y Fernando González
Vélez por la Falange Además, dos miembros de la Comunión Tradicionalista se
incluían en el aparato del Servicio Exterior y se intentaba que las oficinas en
el extranjero de las que disponían los carlistas se integraran con la Falange,
pero esta opción política desapareció como referente para la
vida del Servicio Exterior, de forma bastante análoga a lo ocurrido en el
conglomerado del Partido, con excepciones limitadas. Casos aislados de
colaboración sí se dieron, pero
nada más. Entre las escasas incorporaciones a Exterior
en los primeros tiempos (6 de Junio de 1937) estaba la de Gonzalo
Herguete de Chévarri y se solicitaba también la colaboración de Ventura Piñeiro,
Duque de Torralba. Por su propia voluntad el requeté Juan Pfeiffer residente en
La Haya, también se ofrecía a la Delegación. Al membrete oficial FE de las
JONS se añadía la palabra "Tradicionalista" (T), pero sólo en
ocasiones puntuales se reclamarían de forma explícita y como propios, a
personajes señeros de esta opción
política. Quedaban sus pensadores encerrados en la ideología del nuevo Estado,
aportando componentes sustanciales al entramado que se creaba, pero en forma
difusa.
Las
repercusiones en los núcleos falangistas del extranjero, ya existentes con
anterioridad del proceso
unificador, iban a ser determinantes en la proyección que a partir de ahora
cobraba el Servicio de Exterior. La multiplicación de creaciones y una
estructuración más eficaz presidirían el
desarrollo de los tiempos inmediatos. La publicación del Decreto citado, que
significaba el fin de Falange Española de las JONS, fusionada con otras
fuerzas, y que en España había
presentado problemas en cuanto a su aceptación por parte de algunos
responsables de la Falange, no iba a tener repercusiones sonadas en el
extranjero. Dejando a un lado el cambio
observable en algunas publicaciones falangistas (como es el caso de Arriba España de La Habana), podría decirse que la unificación
pasaba sin pena ni gloría y que, incluso, responsables de la antigua Falange
encontraban "acertadísimo" el paso dado y se congraciaban con la
nueva situación. A la semana siguiente de producirse el decreto integrador,
Juan Ordinas, responsable interino de la Falange italiana (la más veterana) le
comunicaba al Jefe falangista italiano, Arturo
Cuartero, que se encontraba en el frente de guerra español, lo
siguiente: "Te supongo enterado
del nuevo decreto del Generalísimo Franco. Creo podemos estar satisfechos pues
en ello veo el cumplimiento explícito de nuestro Punto 27" . ¿Sarcasmo
o inconsciencia? Vaya usted a saber.
Si
los iniciados en los saberes falangistas aplaudían la Unificación, qué no
iban a hacer los neofalangistas apuntados el día de antes. Miguel de Lojendio
se expresaba en telegrama en los siguientes términos: "Como
jefe Falange Chile en la Unificación fuerzas nacionales reitero vuecencia
fervorosa adhesión".
Las
llegadas masivas a la Falange desde Febrero del 36, aumentadas sustancialmente a
partir del estallido bélico no habían conmocionado a los dirigentes
falangistas de la vieja hora que quedaron al frente de la organización. Llegado
el momento en que se configuraba el Partido Único y se fundía la Falange en
otra organización distinta que heredaba su nombre y símbolos, las reacciones
en contra de la fusión quedaron neutralizadas rápidamente
Al
compás de la Unificación de fuerzas políticas y con la entidad FET y de las
JONS ya formada se promulgaron, el 4 de Agosto de 1937,
unos Estatutos en donde se
creaba, junto a otras once Delegaciones de Servicio, esta Delegación Nacional
del Servicio Exterior de la FET y de las JONS con fines de vinculación de los
españoles residentes en el extranjero a los ideales del Nuevo Estado. En
palabras de quien fuera su primer Jefe, José del Castaño:
"Se
ha constituido la Falange Exterior precisamente para establecer el vínculo
entre los compatriotas que viven más allá de nuestras Fronteras y los que en
este momento, dentro de España luchamos para conseguir dos finalidades: la de
ganar la guerra contra el marxismo internacional y la de crear un nuevo
Estado...".
En
cuanto al rol representado dentro del Partido, en donde las Delegaciones
encargadas del encuadramiento de masas, Sección
Femenina, SEU y Organización Juvenil, mantenían ya sus contactos con
agrupaciones de países extranjeros, se perfilaba Exterior (en un indudable
paralelismo de organigrama ministerial) en
"...algo
así como el Ministerio de Estado en relación con el Estado español".
Estaríamos
por tanto ante el intento de controlar bajo un órgano rector aquellas valiosas
acciones incontroladas o espontáneas ya referidas, además de fomentar la
creación de nuevas organizaciones y de establecer una representación genuina
del ideario político de la Nueva España. Con anterioridad a la creación de
esta Delegación Nacional, la Junta de Mando falangista
mantenía un relativo control de los núcleos existentes, pero se imponía
ahora la reconducción de actitudes conforme a los esquemas del Partido Único
del nuevo Estado. La heterodoxia y el partidismo debían ser sacrificados en el
nuevo modelo integrador. Este
contaba en su argumentación teórica con la base doctrinal del
nacionalsindicalismo, pero ya en estas fechas y, aun manteniendo la literalidad
de los postulados, era un credo difuso,
amalgama de aderezos distintos y con bases sociales muy diferenciadas
Y,
precisamente, esos distintos ingredientes que formaban el Nuevo Estado, se
intentaba que confluyeran en las colonias españolas desperdigadas por el mundo,
abandonando banderías y personalismos, bajo el control de la Falange Exterior.
El
temor a las fisuras, que no era
sino la manifestación particular de cada entidad confluyente en la Unificación,
se intentaba evitar. La configuración de una artificiosa pero efectiva unidad,
se repetía a través de las publicaciones falangistas. Así, el periódico Arriba
España de Entre Ríos, Paraná, instaba a todos los españoles que
quisieran vincularse con la Patria a su inscripción en la FET utilizando la
siguiente argumentación: "¿Discutirías
a España?, pues si dices ser Español y discutes a Falange o a sus Jefes, eres
peor que los rojos porque Falange es España." .
Tamaña
simplificación resultaría de fácil desmontaje con el recurso a infinidad de
argumentos, pero el componente irracional debe ser muy tenido en cuenta en el
trance bélico por el que se atravesaba y en donde cobraban efectividad
este tipo de mensajes globalizadores. Si para un experto
conocedor de aquel entramado como era Federico De Urrutia, la
Falange, Franco y España eran lo mismo
¿qué no iba a ser para aquellos nuevos iniciados? La incorporación al
Partido, a la Falange, al bando anticomunista se hacía sin necesidad de hilar más
fino. "O con la Falange o contra España" clamaba el falangista
Valmitjana, jefe de la agrupación del Paraná. El primitivo proyecto de la
Falange entraba, también fuera de España, en una vía de revisión, de
posibilismo político distinto al proyectado, pero quienes habían conocido
etapas anteriores participaban con exquisito fervor en este fenómeno de
conjunción de masas.
Si
la incorporación de advenedizos se
había dado en el interior y se reproducía fuera con modelos parecidos, también
la sumisión ferviente a Franco, jefe de la Falange, era palpable
junto la admiración por las
naciones amigas de Italia o de Alemania”:
La sumisión ferviente religiosa al Jefe late
en la entraña de nuestro concepto político. Como vive pujante en los
movimientos italiano y alemán que convierten
al Cesar Duce o Führer en expresión
firme de la unidad nacional".
Fernando
González Vélez, manejaba los resortes de Exterior en relación con la Secretaría
Política, pasando al Secretario Ladislao López Bassa, propuestas y
nombramientos; pero todo iba a ser pronto conducido por la persona de José del
Castaño, encargado en estos principios del traslado de las decisiones del
Secretariado a las agrupaciones falangistas y de la elaboración de propuestas para reorganizar el Servicio. Del
Castaño, comenzó a ejercer como tal alrededor del 20 de Mayo, un mes después
de producirse el Decreto de Unificación. Por esa fecha enviaba comunicados a la
Falange de Italia para el conocimiento preciso de miembros y jerarquías de
aquellos núcleos y ya se le tenía
por responsable del Servicio; pero el nombramiento oficial no se producirá
hasta el 14 de Junio. firmado por López
Bassa, Secretario del Secretariado Político, quien le comunicaba en nombre del
Caudillo su nombramiento para que con urgencia procediera a la organización e
integración de los servicios de Exterior. La actividad, impuesta
al socaire de la guerra, producía situaciones, en donde el ejercicio del
mando iba por delante del hecho administrativo.
Precisamente
esa reorganización requerida, la ejecutaba cuando trasladaba las normas
inmediatas subsiguientes al Decreto de Unificación. Trasplantaba medidas
tomadas en la España nacional a las organizaciones foráneas. En ellas se
establecían un compás de espera en tanto se articularan nuevas disposiciones;
de inmediato, la integración con agrupaciones tradicionalistas del extranjero
y la momentánea no-admisión de afiliados exceptuando aquellos que
antes del 20 de abril estuviesen ya en la Falange o en el Requeté. El
temor a la infiltración masiva en el ahora Partido único exigía de tales
medidas:
"En
efecto, no sería justo que gente que nos ha despreciado en los tiempos heroicos
de la pobreza, la dificultad y la persecución y que en los momentos que van del
17 de julio a la fecha del Decreto de Unificación, han sido escépticos,
maliciosos o crueles con nosotros, vengan ahora a filtrarse en nuestras filas
con propósito de desvirtuar la Revolución Nacional Sindicalista. Los Antirrevolucionarios, los
contrarrevolucionarios, o los revolucionarios del otro lado; los tímidos, los
incrédulos o los arribistas, nada tienen que hacer de momento en nuestra compañía,
más tarde el Jefe establecerá nuevas condiciones de ingreso".
La
misión de González Vélez, en la franja de mando del Partido iba quedando
revestida de intermediación y supervisión de las peticiones de Del
Castaño, claramente dirigidas a ordenar las agrupaciones exteriores y crear un embrionario
organismo con cierta coherencia. Con tal fin, durante el mes de Junio realizó
una serie de propuestas, algunas sin concreción inmediata, pero que volverían
a tenerse en cuenta más adelante. Entre ellas estaba la creación de un sello por parte del Servicio Exterior para
allegar fondos (proyecto que se volvió a presentar el 9 de Diciembre y se
autorizó a los dos días) y que
consistía en emitir, fabricados por la Casa Fournier, 200.000 sellos con un
precio de costo de 7 pesetas el millar para venderlos a 10 cms. cada uno; el
establecimiento de una especie de protocolo que presidiera las relaciones entre
los representantes consulares y diplomáticos del Estado español y los
respectivos jefes falangistas o el intento de acabar con la duplicidad de
funciones que presentaba el Departamento de Intercambio y Propaganda con el de
Exterior.
Fueron,
posiblemente, los intentos de poner orden en las Falanges de América, el más
importante de los cometidos emprendidos. González Vélez, en Junio de 1937
proponía al Secretario de la Junta Política la inclusión de un delegado
falangista en la Misión del Estado que con fines propagandísticas se dirigía
a América; este delegado iría
con funciones de inspección "de
las JONS de aquellos países cuyo funcionamiento y cuyos jefes están siendo
objeto de crítica". Para
dar mayor fuerza a las actuaciones proponía que en la misión fuera un miembro
de la Junta Política Ya el mes siguiente concretaba su propuesta: Augusto
Atalaya, jefe Comarcal de la Falange de Tetuán, debería hacerse cargo de la
Falange de Argentina y cesar a su jefe Nicolás Quintana. Los informes
recibidos desde ese país y enviados por Martín Cotano exigían drásticas
medidas. Este antiguo Jefe de Prensa y Propaganda de la Falange en Marruecos,
había cursado en Julio el siguiente telegrama:
"Altos intereses de España peligran por
disensiones representación diplomática Falange exigiendo envío inmediato
inspector nombre Generalísimo plenos poderes. Arriba España"
En
aquella labor organizativa, impulsora del Servicio, se llegaba a la creación de
un Consejo de la Delegación de carácter consultivo en donde estaban presentes
el Delegado, el Jefe de Intercambio y los tres inspectores nombrados. Una mínima
infraestructura humana compuesta por un Jefe de Oficina, Florencio Fiscowich, un
Oficial administrativo, S. Servell Morell, tres auxiliares y un flecha
trabajaban en las dependencias de la Delegación.
A
la conversión del Departamento de Intercambio y Propaganda de la antigua
Falange en un organismo más potente y más sometido a Exterior de lo que había
sido, se unía la propuesta para que desapareciera el Servicio de Fronteras de
la extinguida Falange Española de las JONS. Había funcionado éste
en tareas de información bajo el mando de Manuel Illera primero y de Ramón
Calderón más adelante. Servicios de informaciones y confidencias eran su
cometido, que se pasaban al Comandante Troncoso, Jefe de la Frontera en Irún.
Junto a esta labor de espionaje se habían realizado además
algunas recaudaciones de dinero, autorizadas por el propio
Manuel Hedilla, para conseguir su financiación.
En
la nueva situación de centralización y ordenamiento, el hacer la guerra cada
uno por su cuenta quedaba descartado y, en consecuencia,
del Castaño abogaba por la disolución.
Desde
finales del verano de 1937 hasta que en Diciembre tome posesión de la
Secretaria General, Raimundo Fernández
Cuesta, se producía un fenómeno repetitivo consistente en las continuadas
propuestas que realizaba Del Castaño y en la aprobación, casi automática y
sin ninguna objeción, que se realizaba desde el Secretariado Político. Así se
iban desgranando los nombres que el Delegado Nacional proponía para jefes de
las Falanges:
El
16 de Agosto, Delegado en Rumanía Luis Beneyto; el 19 del mismo mes Gonzalo
Callejas, Fernández de la Vara y Felipe Fernández como Jefe, Secretario y
Delegado de Prensa y Propaganda en Filipinas. Once días más tarde, propuesta
para que Alejandro Villanueva fuera a Cuba y relevara a Gregorio Prendes; el 19
de Octubre extensión de su jefatura francesa a Bélgica y Suiza para Eduardo
Aunós, Antonio Aunós y Pedro Abadal. El 23 del mismo mes García Dopico y
Manuel Resumil como Jefe y Secretario en Santo Domingo. Casi de forma simultánea
las propuestas como jefes de Panamá y Venezuela de Antonio Hernández y
Maximiliano Fernández. Cuatro días más tarde, el 27 de Octubre Carlos Ariel
en Colombia y Alvarez Melgar en Costa Rica.
Partiendo
del Reglamento del Servicio Exterior de la extinguida FE de las JONS, Del Castaño
le sometió a una revisión que encajaba mejor en la estructura del Estado que
se iba configurando. Esta revisión del antiguo Reglamento, cuya copia no consta
que se enviara a las sucursales del extranjero, resulta enormemente
significativa porque define una especie de programa de lo que representaba la
Delegación del Servicio Exterior para el flamante Delegado. Se limaban algunas
asperezas totalizadoras del texto antiguo y se engarzaba al Partido como
prolongación y colaborador del Estado. También se reestructuraba el
organigrama de mando y desaparecía el cargo de Subjefe del Servicio y la del
Secretario de Política Exterior. En el nuevo modelo aparecería la figura del
Secretario de la Delegación Nacional del Servicio Exterior (más adelante
Secretario Nacional) como segundo de a bordo, con enorme importancia ya que, en
ocasiones, coincidiría en la misma persona ese cargo y la Jefatura de
Intercambio y Propaganda. Incluso habrá periodos en
que el Secretario Nacional será el auténtico soporte del Servicio
Exterior tal y como ocurrirá con los Secretarios Genaro Riestra y Sergio
Cifuentes.
Otra
enmienda del Reglamento primitivo llevaba a que las propuestas de Jefes de las
JONS no se harían ya al Jefe Nacional sino al Secretario General con lo cual se
colocaba al General Franco, en quien se concentraban
los poderes del Estado, en una situación de mayor independencia a la vez
que se ubicaba al Partido como un departamento del Estado. Al tiempo, ciertas
asperezas del léxico falangista anterior, en la relación con los diplomáticos
quedaban limadas. Así, el antiguo artículo 38 que hablaba de una relación
diplomáticos jefes falangistas "sin
que ello suponga en ningún caso merma de la autoridad de estos jefes",
ahora se modificaba. Además de la supresión de esa frase, se añadía:
"sin que ello suponga intromisión en la función
de aquellos funcionarios. Las relaciones entre unos y otros se inspirarán en
las mismas normas que las que inspiran en
España las relaciones entre los Jefes de FET en España y las autoridades
oficiales de nuestro país."
La
actitud normalizadora emprendida se había realizado mediante circulares o
normativas que, si respondían a un claro intento controlador, se habían
promulgado un poco improvisadamente al compás de los acontecimientos. Para
vertebrar aquella incipiente obra normativa se recurrió en 1938 a una
articulación sumamente compleja. Para ello se dispuso de un Reglamento
de la FET en el exterior. Este abultado documento contenía 189 artículos
y trataba de reflejar, una vez más, en las organizaciones del exterior la
organización del Partido en el
interior del territorio con ligeras modificaciones. Estas afectaban a
variantes en algunos de los servicios de las Falanges Exteriores o a la
no exigencia de un "numerus clausus" para constituir Falanges locales
se encontraba la alternativa a la carencia numérica, en la figura de un
Delegado de la FET con carácter representativo. Es decir, que la Falange
Exterior contaría con organizaciones allí donde hubiera un colectivo
suficiente que lo permitiese y con delegaciones en donde no se dieran esas
circunstancias, lo que por otra parte ya se había puesto
en práctica con anterioridad.
A
principios del 1938 las jefaturas falangistas, respondiendo a las instrucciones
recibidas, enviaron comunicación
acerca de la organización de las colonias alemanas e italianas en sus países.
Ello se debía, entre otras razones, a que la relación con partidos fascistas y
totalitarios era "una de las
actividades más interesantes" y el estudio de esos modelos era muy
a tener en cuenta en el diseño de la organización española. El empeño en
saber cómo resultaba la organización y el funcionamiento de
formaciones fascistas o totalitarias propias del país de residencia era
también solicitado desde Salamanca. Para las jerarquías falangistas
las relaciones con las mencionadas agrupaciones debían ser estrechas, y
"de colaboración intensa" poniendo
como única cortapisa el condicionante de que no se encontraran en franca
oposición al poder vigente en los respectivos territorios y la relación con la
Falange pudiera acarrear a esta última inconvenientes.
En
cuanto a la vida interna de las colonias españolas ocurría que, algunas
agrupaciones de apoyo al movimiento nacionalista y que no se habían situado en
la órbita de la Falange, acabaron
transformándose en agrupaciones falangistas al compás del proceso uniformador
que seguía la España de Franco. Tal fenómeno se dio con la Junta Nacionalista
de Guayaquil convertida en Noviembre de 1938 en FET del Ecuador o el Comité
Patriótico pro liberación de España de El Salvador. Subsistieron también de
forma autónoma esos Comités Nacionalistas, algunos muy enfrentados con la Falange, y cuya actuación fue transigida por la
utilidad recaudatoria que tenían para el bando nacional. Su final estaba
previsto pero, mientras tanto, aguante y cautela tal y como recomendaba el
Delegado del Castaño al jefe cubano Alejandro Villanueva.
Tanto es así, que por circular de 31 de Diciembre del 37 se había
rechazado la fusión, la absorción o la disolución de las "Juntas
recaudadoras Nacionalistas" (obsérvese cómo se las titula) procurando,
eso sí, que la Falange se encontrara en ellas representada. El proceso de la
Unificación debía ser adaptado en América
"gradualmente y con mucho
tacto", con la certeza de que mientras que la Falange continuaría
acabada la guerra, las Juntas se disolverían.
Recapitulando,
debemos distinguir, pues, tres niveles de concreción hasta perfilarse el
Servicio:
1º.
-El que llega hasta Julio de 1936. Funcionamientos espontáneos, a excepción de
la prolongación de Milán, que actuaban sin dependencia orgánica y de escasa
importancia como ocurrió en Argentina
y Cuba.
2º.
-El que va de Julio de 1936 a Abril de 1937 Funcionamiento ya más controlado a
partir de la guerra ( y precisamente por ella) y en donde un incipiente Servicio
Exterior, desde comienzos del 37 estableció
contactos o creó núcleos falangistas y en donde con anterioridad un Servicio
de Intercambio y Propaganda dependiente
de Prensa y Propaganda de la Falange cubría aspectos muy en relación con
Exterior. Por esa situación de
guerra se establecieron colaboraciones
con otros integrantes del bando
nacional, pero manteniendo cada uno su particular proyecto político. Fue
la contienda española y el proceso político interno de la España nacional,
precisamente, la causante de la expansión de Exterior. Intercambio y Propaganda
se vio en la necesidad de aumentar sus relaciones lo que junto a la toma de
partido de núcleos españoles precisó de un servicio coordinador. La vinculación
a los ideales de los rebeldes, la propaganda y los recursos materiales eran
razones más que suficientes para articular el Servicio Exterior de la forma más
sería posible.
3º.
-Por último, funcionamiento claro y de dependencia, centralizado y controlador
a partir de la Unificación. El intento de absorción dentro de la FET de otros
núcleos o tendencias favorables a las fuerzas nacionales era evidente y
legalmente inevitable, aunque aplazable en el tiempo por coyuntura o
resistencias. En esta etapa se debe distinguir el periodo donde el Secretariado
Político dirigía la actividad de la FET de la etapa
en que comienza el mandato del Secretario General,
Fernández Cuesta; pero el tracto de
continuidad del Servicio se dio por la dirección de del Castaño. Su tesón
organizativo y su prudencia no han
evitado su caída en el olvido.
Esta
etapa de expansión, fomentada por la dinámica bélica, acompañó el mandato
del diplomático; tras este periodo se asistirá a una especie de repliegue en
la actividad de los trabajos, aun teniendo en cuenta que las condiciones
exteriores hacían que repliegue o expansión no sincronizaran en las distintas
naciones donde había extensiones falangistas.
En
Diciembre de 1937 la Delegación del Servicio Exterior publicaba un importante
documento de carácter totalizador: la circular nº 31, en donde se justificaban
las normas de inscripción en la Falange del Exterior tanto con el argumento de
la dispersión de falangistas por distintos países como por el apoyo de españoles
residentes en el extranjero hacia el Movimiento español. De esa redacción se
desprendía la existencia de "falangistas" y "otros". Jurídicamente
aquello era verdad, porque desde Abril la única posibilidad política era la
que se integraba en FET y de las JONS, pero, sin duda, surgieron descontentos
por parte de las fuerzas no falangistas coadyuvantes de la causa nacional.
Quedaba
también claro en la mencionada circular el deseo de controlar a todos
los falangistas de antes de la "Integración" y que no lo estaban por parte del Servicio
Exterior. La conducta de aquellos militantes que no se habían presentado en las
Falanges Exteriores por discrepancias
"personalistas con respecto a los
mandos y jerarquías de la Falange Exterior"
se juzgaba de "antipatriótica".
Esta
circular normativa, realizada a
propuesta de la Delegación de la Falange Exterior y ordenada por la Junta Política,
además de dictar las normas de encuadramiento, en su artículo 1º mandaba que "cada español en el extranjero" tenía que inscribirse en
la Falange de su localidad o en la
de la localidad más próxima. Con
semejante redacción no parece descabellado suponer que se estaba imponiendo la
obligatoriedad a todos los españoles residentes fuera de España de inscribirse
en la Falange. De resultar cierto este mandato, a la hora de la redacción del
documento y aunque los resultados finales no dieran el fruto esperado, se
esperaba que esta sección del
Partido cumpliera funciones propias de consulados y embajadas y, habida cuenta,
de los problemas de esas representaciones de la España nacional en muchos países,
se estaría otorgando a la
Falange funciones tan de
colaboración con el Estado que, a priori, eran privativas de él.
Al
intento de control se sumaba también la intención de aislar organizativamente
a los que residían en el extranjero. Efectivamente, el
artículo 14 de la mencionada
circular prohibía terminantemente la inscripción de españoles en el
extranjero en organizaciones de la FET en el interior del "Territorio
Nacional, Colonias y Protectorado". Encuadraba, además, a diplomáticos,
cónsules y agregados en las filas de la Falange Exterior "por
su función y extraterritorialidad". De la sensación de
obligatoriedad para todos que imponía aquel texto, tan solo se libraba el
personal de embajada, pero también a éste se le ofrecía sitio en las filas
del Movimiento ya que podría pasar a la Falange Exterior si pertenecían con
anterioridad al Partido o a las
distintas fuerzas que en él habían confluido.
El
intento de articular las organizaciones del Exterior como si se tratasen de una
jefatura provincial con características
peculiares, obligaba a la creación de las Organizaciones Juveniles y de la
Sección Femenina, a urgir la extensión falangista mediante jefaturas locales o
comarcales, al traslado de comunicación y propaganda a esas jefaturas
o a crear la correspondiente Sección de Prensa y Propaganda, vital para
el desenvolvimiento de la organización y para la justificación de la sublevación
contra la República.
Esta
expansión ordenada, que se produce al poco tiempo del nombramiento como
Secretario General de la FET del histórico Fernández Cuesta, intentaba un
cierta control en las organizaciones mediante la extensión del Servicio de
Información e Investigación tanto
en las provinciales (regionales) como en las comarcales y locales donde las
peticiones de entrada resultaran numerosas. Pero no se debe atribuir a la
incorporación del histórico falangista este desarrollo aunque exista
coincidencia en lo ocurrido, porque ya antes de que este obtuviera su
nombramiento tras la libertad merced al canje, del Castaño, columna vertebral
del Servicio, había ordenado en el caso de existencia de suficientes camaradas
femeninas, la creación de núcleos de Sección Femenina
y del Auxilio Social.
La
reproducción de las secciones propias de las Delegaciones provinciales de la
Falange siguieron un proceso escalonado, si bien en algunas extensiones no se
esperó a que llegara la instrucción
desde España. Por otra parte, se creaban Servicios con competencias
distintas debido a la peculiaridad
que suponía su funcionamiento fuera de España. Así, por ejemplo, la Delegación
de Justicia y Derecho, encargada de la aplicación
de contenciosos dentro del Partido, ampliaba sus funciones en el exterior
y abarcaba asuntos como el de ser asesoría jurídica, tutela legal de los
falangistas e incluso protección
legal de los trabajadores. A principios del
39, el 24 de Enero, se ordenaba la existencia tanto en las Provinciales como en
las Locales, de Delegaciones de
Sección Femenina, Organizaciones Juveniles, Intercambio y Propaganda, Auxilio
Social, Sanidad, Trabajo, Justicia y Derecho, Hermandad Exterior, Cultura y
Recreo y Tesorería y Administración.
Para
organizar parte de las competencias que se acumulaban en la Delegación Nacional
del Servicio Exterior se concretaba el Departamento
de Organización Exterior de la Delegación y se
incluía entre sus cometidos los referidos a personal, demarcaciones
exteriores, simpatizantes extranjeros, entidades adheridas, el registro general
y el archivo. Su jefe era la tercera jerarquía del Servicio. Casi de forma
simultánea se suprimía la
Delegación de Información e Investigación en las Falanges del exterior
por sus connotaciones represivas y controladoras, aunque se dejaba margen
a la existencia de un falangista que llevara sigilosamente aquel tema, adscrito
a la Secretaría de la Falange respectiva.
En
el mes siguiente se desarrollaba la labor que debían tener cada una de las
delegaciones diseñadas y cuyas
funciones no hubieran sido explicadas (casos de OOJJ en Circular
98, Sección Femenina en Circular 97, e Intercambio y Propaganda Circular en la
96) o bien se insistía en las normas que con anterioridad habían sido
previstas.
Tan
ambiciosos proyectos, que abarcaban desde la
protección de los trabajadores españoles a la formación del cuerpo de
"Damas Enfermeras" y "Enfermeras sociales",
no podían ser ajenos a la fase triunfante de una guerra, que alcanzaba
su etapa terminal, ni a la construcción de un Estado, presuntamente imbuido de
nacionalsindicalismo.
Otras
dependencias falangistas habían quedado tiempo atrás prohibidas, así ocurría
con las Milicias en las que dado su carácter paramilitar tenían que sufrir
encontronazos forzosos con los Estados de las naciones donde se crearan. Pero
aunque su desaparición había sido prevista, el gustillo falangista por tales
manifestaciones guerreras y la particular interpretación de las circunstancias
políticas de cada país, llevaron (caso de Cuba) a hacer caso omiso de este
tipo de prohibición (que por otra parte desde los tiempos de la primitiva
Falange Española - sin T- estaba ordenada y que caía en saco roto). Se hacían
llamadas a la prudencia en la exteriorización de uniformes y concentraciones
mediante circulares para evitar que aquella coreografía, tan de moda en todo
tipo de ambientes, pudiera entenderse como provocación. Observaciones de
cautela para todos o enviadas de
forma particular y reiterativa a aquellos que más gustaban de tales alardes.
Junto
a estas normas que aportaban la trama organizativa del Partido, se habían
apuntado con anterioridad y en referencia a las colonias de españoles, la
necesidad de liderarlas; para ello se hacía preciso
tomar conciencia de sus problemas y
trasplantar la preocupación social del nacionalsindicalismo a tierras
extrañas. A principios de Enero de 1938 ,se habían dado instrucciones para que
las sucursales falangistas crearan
un censo de españoles, una bolsa de trabajo y un departamento para la información
sobre legislación laboral. Así mismo y como remedio a la zozobra de los recién
llegados a tierras extrañas, se debería comenzar con la creación de una
especie de "Casa de España" falangista con el nombre de Hogar Español.
Esta
parcela de contenido social resultaba querida para la Falange que intentaba
erradicar el concepto de emigrante por las connotaciones que ello tenía. La
relación entre el español y su Patria se resentía cuando el primero tenía
que marchar a la aventura por carecer de posibilidades en su nación de origen.
El utópico sentimiento de autosuficiencia en las posibilidades económicas que
podía brindar España, en donde no faltaba el deseo de redistribución de la
riqueza, movía a la Falange a la declaración de querer terminar con aquello.
A
la par que se extendía la organización y los intentos de llegar a los miembros
de las colonias españolas, algunas Delegaciones alcanzaban una importancia básica.
En efecto, en aquellos lugares donde el funcionamiento de la Falange como tal
resultaba problemático, se acudió a la ficción de nombrarla como Auxilio
Social Español y encubrir allí las distintas secciones. Su carácter benéfico
asistencial permitía adaptarse a las legislaciones de países en donde la
Falange contara con pocas simpatías gubernativas.
Se
había precisado también un mínimo control de las calidades. Con ánimo
formativo, del que estaban bastante huérfanas aquellas Falanges y para difusión
del pensamiento del recientemente nombrado Secretario General de la FET, acompañando
a la circular 54, el 21 de Enero de 1938 se envió el discurso pronunciado en
Sevilla unos días antes por Fernández Cuesta. La distribución del folleto
puede aportar aproximaciones en cuanto a la entidad de los núcleos del Exterior
a comienzos del 1938, si bien teniendo
en cuenta el carácter aproximativo de esta cuantificación, sujeto a variables
diversas. Así La Falange de México dadas las dificultades que atravesaba,
recibía un numero de impresos muy inferior a su entidad numérica, mientras que
Uruguay recibía excesivos ejemplares para
su núcleo falangista.
Las
cantidades remitidas fueron las siguientes:
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Argentina
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1500 |
|
Uruguay
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1000 |
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Chile
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1000 |
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La
Habana
|
1000 |
|
Brasil
|
500 |
|
Perú
|
250 |
|
Bolivia
|
100 |
|
Paraguay
|
100 |
|
Colombia
|
100 |
|
Guatemala
|
100 |
|
Panamá
|
100 |
|
Costa
Rica
|
100 |
|
El
Salvador
|
100 |
|
Puerto
Rico
|
100 |
|
Santo
Domingo. |
100 |
|
Venezuela
|
100 |
|
México.
|
100 |
|
Tánger
|
100 |
En
cualquier caso, beber en las esencias más puras del falangismo se había
convertido en tarea harto compleja que era preciso desentrañar, para ello Rodríguez
de Gortázar, Secretario de Exterior y responsable de IP, solicitaba, tanto de
los Delegados Nacionales de la Falange como de acrisolados pensadores
falangistas, la elaboración de capítulos temáticos con materias de sus
competencias, a fin de ser resumidos posteriormente en los folletos doctrinales
que se preparaban, porque en el exterior el concepto es "muy
parcelario y aun equivocado de nuestro Nacional
Sindicalismo".
La
captación de recursos entre las colonias españolas constituía uno de los
fines primordiales de Exterior. Las Juntas recaudadoras Nacionalistas cumplían
esa misión de una forma un tanto anárquica. La Delegación del Servicio
Exterior intentaría ,con distinto éxito, ordenar aquellas aportaciones. La
primera medida fue de carácter interno: ninguna organización de la Falange podía
recaudar por su cuenta fondos en el extranjero. Esta práctica, que la habían
venido realizando Servicios falangistas, Jefaturas provinciales e incluso
locales quedaba en las exclusivas manos del Servicio Exterior.
Aparecieron
problemas con tres de los
servicios de la Falange: el Auxilio
Social, la Sección Femenina y Frentes y Hospitales. Hacia la primavera de 1938,
Del Castaño afirmaba tener el control de los representantes del Auxilio Social
y de sus recaudaciones, pero no ocurría lo mismo con Sección Femenina.
Esta mantenía su tradición
recaudatoria de antes de la Unificación y aunque remitía, una vez recibidos
los cheques a la Delegación Nacional de Exterior las aportaciones, habida
cuenta de que en los efectos recibidos figuraba el nombre de Pilar Primo de
Rivera, se la retornaba para su cobro por la Delegación que ella dirigía. La
importantísima labor realizada por las mujeres falangistas y el apellido de su
Delegada, eran razones poderosas para que siguieran su marcha en paz.
Caso
aparte resultó la extensión de la Delegación de Asistencia a Frente y
Hospitales. Este servicio, en manos de tradicionalistas y enfrentada con otras
delegaciones del Partido, intentaba campar a sus anchas en los países donde
funcionaba y encontraba buen apoyo en los Comités Nacionalistas enemigos de la
Falange. Sus labores, centradas en la recogida de donativos, contaron con
bastante libertad concedida por el Servicio Exterior. De hecho, y aunque orgánicamente
fueran un Servicio del Partido, realizaron una labor diferenciada por más que
fuera en teoría el Servicio Exterior la
única fuente canalizadora de ayudas. Esa permisividad en labores de suministro
no le sentaba nada mal al Estado y se dio la curiosa circunstancia de que
extinguida esta Delegación por Decreto del 24 de Mayo de 1939 se permitió su supervivencia en la organización del
Exterior con el fin exclusivo de recaudar divisas.
La
autonomía del funcionamiento de Frentes y Hospitales llegaba al extremo de que
la mayoría de sus miembros en el exterior no pertenecían a la FET a pesar de
ser legalmente una parte del mismo. Por evitar fricciones, lo que no se permitía
a ninguna delegación falangista se consentía a Frentes y Hospitales. En Italia
los nombramientos que realizó el Auxilio Social sin contar con Exterior fueron
anulados lo que no ocurrió con los realizados por Frentes y Hospitales. La
condescendencia se compensaba con aportes humanos y materiales y
estaba, además, el plazo fijado para su existencia: el final de la
guerra.
Las
jefaturas provinciales (regionales) de la Falange
De
aquellas primitivas minorías falangistas habían surgido jefes espontáneos que
fueron confirmados o revocados conforme se institucionalizó Exterior y, a
medida que esto ocurría, la propia Delegación Nacional procuraba mandar a los
responsables de aquellas secciones desde España a no ser que tuviera confianza
en los jefes existentes. También se
mantuvo ocasionalmente a éstos últimos, con carácter "accidental",
por tiempo indefinido, aunque
su labor no fuera del agrado de la central falangista. Al igual que los Jefes
Provinciales de la FET, estas jerarquías recibían una contraprestación económica
por su dedicación casi exclusiva, pero a diferencia de los primeros no se
establecían lugares de distinta categoría a priori sino que, según la situación
económica de las respectivas Falanges podían tener mayores o menores
percepciones; así por ejemplo los responsables de Falanges numerosas como la
argentina y la cubana cobraban en
1938 la cantidad de 150 dólares mensuales.
Posiblemente ese estar al albur de las coyunturas económicas
particulares forzó, a algunos de los responsables falangistas, a situaciones
donde las malversaciones de fondos o cuando al menos el desbarajuste económico,
se dieron con alguna frecuencia Para
los dineros, fuente de conflicto, había una regulación muy similar a la seguida en las provinciales españolas.
Se establecía de único responsable de las recaudaciones
al Jefe Provincial quien enviaría mediante cheque al Secretario General
del Movimiento las cantidades recaudadas, si bien las sucursales falangistas,
por la colaboración prestada, podían retener el 5% de su importe y hasta el
20% en el caso de que la ayuda recibida no fuera de carácter específico
ordenada desde España.
Resultaba
chocante el que las organizaciones del Exterior tuvieran la consideración de
Jefaturas Provinciales, aunque se engrandeciera el minimalismo del nombre añadiendo
entre paréntesis la palabra "(regional)"; pero la taxonomía era
clara y debía respetarse. Mediante la circular 64 se recordaba a los jefes con jurisdicción en un país o nación
que no eran Jefes Territoriales como algunos gustaban de denominarse sino Jefes
Provinciales. Habrá que esperar a 1942
con Felipe Ximénez de Sandoval en el cargo de Delegado Nacional y con el apoyo
del Vicesecretario General Luna Menéndez, para el cambio de
la denominación "Provincial (regional)" por la de
"Territorial". Ahora bien, es cierto
que con los servicios recortados, el esquema organizativo de las
Falanges del Exterior guardaba bastante similitud con la organización de
las Jefaturas Provinciales españolas y aún más, se dio la paradoja de que
mientras las Jefaturas Provinciales (regionales) de la FET en el Exterior disponían
de Servicios como la Organización Juvenil, el Auxilio Social, la Sección
Femenina y otros, en España había Jefaturas Provinciales de la Falange sin
ningún servicio en aquellas provincias que estaban en poder del gobierno
republicano, registrándose tan solo la existencia de un Jefe Provincial con
residencia en otra provincia de las controladas por los nacionales. Dicho de
otro modo: La Organización Juvenil
de la FET de La Habana, o de Manila fueron más veteranas que las de Alicante,
las de Barcelona o las de Madrid.
Al
año de fundarse la Delegación Nacional del Servicio Exterior, los núcleos
falangistas habían experimentado un enorme incremento, al menos eso opinaba el
Delegado Nacional para
"quien los numerosos españoles que
residen en el Exterior han sabido comprender el alcance y significación del
Movimiento Nacional...".
Sabía
también del Castaño que la guerra actuaba de catalizadora y que, numéricamente,
con las excepciones de Cuba, Méjico, Argentina y Filipinas, las Falanges del
Exterior eran agrupaciones minoritarias, con graves problemas en la marcha
normal de su funcionamiento e incluso con peligrosas tensiones y deterioros en
su interior. Pero resultaba lógico exteriorizar logros y no fracasos, hablar de
unidad y no de diversidad; por ello la relación de localidades con presencia
falangista, en Junio del 38, era la mejor muestra de esta expansión, aireada
con orgullo para conocimiento de todas las Jefaturas Provinciales
(Territoriales). Treinta y una naciones, casi todas con Jefaturas Provinciales,
además de las Comarcales y de las Locales, muy extendidas éstas últimas en
Argentina y Cuba, formaban parte de la retícula de las Falanges del mundo.
La
comunicación con todas las dependencias exigía un enorme esfuerzo distinto en
su intensidad según los momentos. El apretón propagandístico así como la
necesidad de allegar recursos en el último tramo de la guerra, llevaba al
Servicio a una enorme tarea de propaganda. Desde Diciembre de 1938 a Febrero de
1939, se habían puesto en
circulación 28.600 ejemplares de prensa diaria del Movimiento, 17.400 revistas,
13.500 ediciones extraordinarias, 8.500 hojas sueltas, 26.250 folletos varios,
3800 carteles y retratos, 2100 ejemplares del Boletín informativo en español,
1500 ejemplares del Boletín informativo en alemán, (Nationalsyndikalismus),
3000 boletines informativos reproducidos en Berlín, 1600 fotografías,
3.330 artículos y revistas, 850 libros, 100.000 publicaciones periódicas
y ediciones varias de la FET exterior y 3.800 hojas de divulgación en varios
idiomas.
Del
Castaño resumía la labor del Servicio en unas declaraciones hechas a la
publicación falangista Fotos a las que no podía faltar, como es de suponer, el
ingrediente del triunfalismo y hacía un balance cuantitativo de su Delegación:
50.000 afiliados en 300 organizaciones componían la trama humana del Servicio
Exterior, se publicaban 16 periódicos en los distintos núcleos, el boletín
del Servicio se confeccionaba en alemán, francés, inglés y español y se había
creado una oficina de información para familias de combatientes y
desaparecidos. Mostraba además una doble intención, la de incrementar la
propaganda y la de realizar un Congreso de las Falanges Exteriores al finalizar
la guerra.
La
labor informativa asumida por los núcleos falangistas comportaba aspectos
humanitarios, políticos y de investigación, con insistencia en algunas
ocasiones, entre las que destacaba el intento, comunicado con carácter
reservado a todas las Jefaturas falangistas americanas, del mayor interés en la
localización de Federico Enjuto Ferrán, huido a Iberoamérica, juez instructor
del sumario que el 18 de Noviembre de 1936 había condenado a muerte a José
Antonio Primo de Rivera.
Las
frecuentes desviaciones y un comportamiento no acorde con lo que desde la metrópoli
se intentaba que fueran esas Falanges, movió a poner en marcha un cargo que
figuraba en los Estatutos de la FET del 37, como ya los tuviera también la
Falange primitiva, la figura del Inspector y que contaba con justificación más
que sobrada para la supervisión del Servicio. Cobraba esta figura una enorme
importancia en el vastísimo contexto geográfico de funcionamiento de las
Falanges exteriores, así como ante el peligro que suponía la entrada de neófitos,
muchos de los cuales, desarrollaban puestos de responsabilidad.
El
primer Inspector Extraordinario, nombrado el 20 de Octubre de 1937, fue Augusto
Atalaya Benítez del Arco, con jurisdicción en Argentina, Uruguay, Chile y
Paraguay y con amplias concesiones tanto para reorganizar las Falanges
existentes como para crear otras nuevas. Casi justo al año siguiente era
nombrado Inspector General de Marruecos y sustituía a López Bassa. Joaquín
Rodríguez de Gortázar, al ser nombrado Secretario del Servicio en Agosto del
38 venía desempeñando ya una Inspección General de la Falange del Exterior;
cargo que revelaba una potestad general en asuntos externos del Partido, pero
estas Inspecciones, solían tener el carácter limitativo de
"Regionales" y "extraordinarias", aunque se volviera a
utilizar el más pomposo de "Inspección
General de las Falanges de América"
al nombramiento de Alejandro Villanueva, Jefe de la Falange cubana por una interpretación particular y beneficiosa que éste
hizo sobre el tema. La misión que se encargó a Villanueva en 1938 se refería
a Méjico, Cuba y algún otro país y con el fin de evitar las suspicacias de
algunas Repúblicas iberoamericanas ( que se hubieran producido en el caso de
que en el nombramiento se hubiera colocado el nombre de esos países)
el Servicio Exterior decidió dar
una calificación genérica, aunque tanto en el ánimo de quien nombraba como en
el del nombrado quedaba clara la circunscripción debida. Pero en una época
donde jefaturas y cargos cuanto más grandes mejores, movieron a Villanueva a
hacer gala de su titulación. Aprovechando su venida a España en Abril de 1939,
la Inspección General de América desaparecía. La Delegación Nacional
mostraba a partir de entonces, con mayor interés, su voluntad de nombrar
inspectores de forma puntual y para países determinados, lo que no obstaculizó
el que, precisamente del Castaño,
al mes siguiente de manifestar este deseo, se convirtiera el mismo en Inspector
General de la FET para las organizaciones del Exterior.
Desde
el 20 de Junio del 38 hasta el 7 de Noviembre del año siguiente, Alfonso de
Zayas y Bobadilla, simultaneó la Jefatura de la Falange en Italia con la
Inspección Extraordinaria de la FET para Italia, Yugoslavia, Grecia, Rumania y
Bulgaria. A su cese se hizo cargo de la Inspección el hermano del Delegado, José
Antonio Jiménez Arnau.
Continuaron
las inspecciones acabada la guerra civil. A finales de 1942 y a causa de la
guerra mundial y de la desunión en las colonias españolas, se vio necesario el
envío de inspecciones en un intento de restablecer la normalidad allí donde no
la había.
Pedro
de Prat y Soutzo, que fuera representante en Rumania, actuó también como
Inspector en el Lejano y Medio oriente hasta Mayo del 43, siendo sustituido por
Manuel de la Aldea y Ruifernández. En esas fechas también cesaría como
Inspector en Turquía Antonio Gullón Gómez.
Una
reglamentación cambiante acompañó la organización de aquellos extranjeros
que se apuntaban a la Falange. Se daban casos distintos, fundamentalmente de dos
tipos: aquellos que estaban en España y aquellos otros que se integraban al
movimiento nacionalsindicalista español en sus respectivas naciones de origen o
residencia. Dado el matiz cambiante de estos "agregados" de la Falange
y las variaciones en cuanto al momento de afiliación, estancia geográfica o
finalidad para la que se integraban se creó una complicada casuística a la que se hizo frente
con variadas disposiciones.
El
Reglamento del Servicio Exterior de FE admitía en su seno a extranjeros, con la
limitación de considerarlos "adheridos" y sin que pudieran participar
en la vida política falangista (art. 35) pero la llegada a España de
contingentes de otros países, ideológicamente afines a los intereses de la
España nacional y su inclusión en las Milicias de Falange o Milicias
Nacionales alteraba la consideración reglamentaria por la propia esencia de la
colaboración prestada (en las milicias) y ello tuvo su repercusión en el aumento de militantes
extranjeros integrados en la FET.
A
partir del 11 de Noviembre de 1937 se
disponía que ningún extranjero podría afiliarse a la Falange bajo
ninguna de las dos modalidades existentes (militantes y adheridos) creándose
para ellos un grado especial el de Simpatizantes extranjeros, dejando abierto el
resquicio de la excepcionalidad de la militancia para casos muy especiales. Se
había llegado a aquel grado por dos motivos fundamentales: el primero, para que
el control de las organizaciones quedara
siempre en manos de españoles, y sobre todo por las dificultades que hubiera
acarreado en países de fuerte nacionalismo como los hispanoamericanos, la
militancia en Falange de ciudadanos de aquellos contornos. Ya en la Nochebuena
del 37 el Servicio Exterior
ordenaba que en aquellas zonas donde los núcleos falangistas contaran con más
veteranía (Argentina, Uruguay, Chile, Brasil, La Habana e Italia) se
suspendiera la admisión de militantes extranjeros.
Esa
especie de militancia de tercer orden, la de simpatizante extranjero, se debía
aplicar según su propio autor, Del Castaño, "con
un criterio de gran amplitud, especialmente respecto a los hijos de
españoles". Había que ser flexibles en muchos casos, y de
hecho se llegó a la paradoja jurídica de que uno de los escasos jefes
extranjeros que tuvo la Falange del Exterior fue un estadounidense, responsable
de la Falange de Puerto Rico.
Con
carácter simbólico, y apartados de la disciplina de la Falange, se
preveía también la condiciòn de Miembros de honor
para distinguir a personalidades extranjeras colaboradoras con el
Partido.
Si
las restricciones aplicadas podían
tener efectividad fuera de España, el problema se complicaba con quienes habían
venido a participar en la contienda. Para los afiliados anteriores a la fecha
del 11 de Noviembre y que se hubieran integrados en las Milicias se les
reservaba la condición de militante, si bien bajo la denominación de
"Militante extranjero" que conllevaba la limitación en la actividad
política interna conforme "a
lo que la Legislación preceptúe para los extranjeros". Para
aquellos otros que no hubieran formado parte de unidades de combate se les
reservaba el grado de "simpatizantes extranjeros".
También
en esta reglamentación de afiliaciones se produjeron excepciones reseñables.
El 28 de Diciembre de 1937 del Castaño con el visto bueno de Fernández Cuesta
proponía la categoría de Militantes de honor
a los rumanos miembros de la Guardia de Hierro venidos a España, aunque
no combatieron en Milicias de la Falange
Finalizada
la guerra los combatientes extranjeros que lo desearon, afiliados algunos de
ellos a Jefaturas Provinciales españolas pero dependientes del Servicio
Exterior, fueron remitidos a sus lugares de origen, tras la tramitación de los
correspondientes permisos de entrada y los gastos de embarque
La
fecha del Decreto de Unificación tuvo una importancia decisiva en el desarrollo
de la Falange y en la configuración del Estado. También el 20 de Abril, día
de la publicación del Decreto se convertiría en una especie de frontera para
el contingente humano de la Falange exterior, pues andando el tiempo y cuando se
prepare un proyecto para centralizar definitivamente a los afiliados extranjeros
en el 1942, se establecería esa
fecha de límite divisorio de clasificación de los extranjeros apuntados a la
Falange otorgando la consideración de militantes a los anteriormente apuntados
a esa fecha y de simpatizantes para los inscritos posteriormente.
En
el final de la guerra
Finalizada
la guerra española, el desarrollo del Servicio Exterior sufrió un proceso de
ralentización, como no podía ser menos, al faltar el ingrediente que aportaba
la tensión del combate. Se iban a acometer
tareas institucionales, de estrecha colaboración con un Estado ya
asentado, no con una facción insurgente más o menos numerosa.
El
asumir papeles menos combativos y más de tipo asistencial volcado hacia las
colonias de emigrantes y trasladando a ellas las directrices del Estado, sin el
furor militante de tiempos pasados, se convertía en una necesidad, pero además
coincidía con el diseño que pensaba del Castaño, más de diplomático que de
miliciano. En una comunicación dirigida a la Falange de Guatemala en Mayo del
39 decía:
"La
nueva modalidad que adoptamos se halla más en consonancia con la forma
definitiva que corresponde a nuestras Organizaciones del Exterior. Siempre creí
que la forma como hasta ahora hemos venido actuando no podría subsistir mucho
tiempo; sin embargo era conveniente aprovecharla mientras durase la guerra
porque se conseguía mejor la finalidad de
mantener la vibración y el espíritu combativo de nuestras Organizaciones del
Exterior.
Terminada
la guerra, nuestra labor debe ser efectiva pero silenciosa; menos espectacular y
más de fondo, tendente a lograr en lo posible la unidad espiritual de todos los
buenos españoles dentro de los ideales que informan el nuevo Estado español".
Los prolegómenos de la conflagración mundial y luego esta condicionarían la nueva etapa. Aumentarían las dificultades en la actuación de las Falanges y se llegó en muchos casos a la inactividad en el área de Hispanoamérica, zona de influencia de los EE UU de América del Norte, incapaces de soportar la actuación falangista por sus simpatías pro Eje y por las elucubraciones de "punta de lanza" del III Reich que suponían en ella. Contrariamente se asistirá al desarrollo de los núcleos falangistas en zonas controladas por Alemania, caso de Francia, que anteriormente había sido dificultoso, así como a una mayor relación y diversidad en los movimientos de Alemania, Italia o Japón.
De
forma involuntaria contribuían a crear la animadversión, (o cuanto menos a
otorgar argumentos contra la España franquista y sobre todo contra la Falange)
ciertas manifestaciones verbales, excesos en la presencia falangista y otras
labores, como la información debida a la metrópoli que no debía
ser muy aceptada por algunos países anfitriones, marcadamente contrarios
a políticas totalitarias.
La
prudencia exigida en las extensiones falangistas chocaba con la euforia de
algunos medios de difusión nacional. El 20 de Junio de 1939 el diario
Solidaridad Nacional publicaba el artículo "Cuando
la Falange de Londres intentó capturar al "José Luis Díez”, en
donde se daba detallada información de la organización de la Falange en la
capital británica. Por mucha carga de optimismo que produjera el final
victorioso de la guerra aquello era una temeridad que podía cargar de razones a
naciones que no veían con buenos ojos a la Falange y que esperaban prestos
cualquier excusa que añadir a su trama de hipótesis. Rodríguez de Gortázar,
ante la situación planteada, propuso
en Julio del 39 al Jefe Nacional de Prensa la abstención completa en la
divulgación de informaciones sobre el Servicio Exterior así como el ordenar a
los censores de prensa que junto a sus relaciones de temas prohibidos incluyeran
éstos.
Del
Castaño había mostrado últimamente
su inclinación por fortalecer la organización
mediante la selección de los afiliados; montar, en suma, una fuerte
estructura de militantes y evitar las demostraciones exteriores que servían
para dar pie a los gobiernos hostiles a emprender actitudes represivas para con
la Falange. No se vio correspondido en sus peticiones, sobre todo en
actuaciones en que aparecía Alejandro Villanueva. Lo paradójico era que
la voluntad de este último, que soportaba una mala salud peligrosa, era enorme.
Su actividad desplegada era pareja a su temeridad y, además, quien había
decidido su nombramiento, primero como Jefe de Cuba y más tarde como Inspector
General de América, había sido el propio del Castaño. Villanueva, actuando
como un nuevo virrey, producía la desesperación del delegado ante las
temeridades cometidas. Sin embargo, seguía siendo un hombre de su confianza.
Parecía un mimbre indispensable para tejer aquel cesto que era la Falange del
Exterior
A
poco de finalizar la contienda, llegaba también el fin del mandato del Delegado
Nacional. José del Castaño. Vivió la tragedia de la guerra civil en su propia
carne. Sus padres residieron en Madrid, mientras él dirigía el Servicio
Exterior de la Falange.
Su preocupación hizo que, ante el desabastecimiento que sufrían los madrileños, procurara allegar alimentos a sus padres e intentara sacarlos del infierno madrileño. Esta última tentativa, en la que incluso intervino el Duque de Alba, no resultó fructífera. A la caída de Madrid, el 30 de Abril de 1939, del Castaño llegó con las avanzadas del Ejército nacional para sólo poder abrazar a su madre. Su padre había fallecido unos meses antes. De Agosto del 39 es una comunicación suya desde San Sebastián, donde descansaba del ajetreo al que se había visto sometido y del dolor por la reciente pérdida de su madre. El 27 de Mayo había sido cesado de Delegado Nacional y se le asignaba una Inspección General adscrita a la Delegación que tanto le debía. Un año después sería enviado como cónsul y Jefe de la Falange a Filipinas.