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El Rastro de la Historia. NÚMERO TRES

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Cara al Sol... naciente. 

Balbuceos falangistas en el Japón de los años cuarenta.

-Francisco Blanco-

Versión japonesa del himno falangista "Cara al Sol"


La propaganda franquista al final de la contienda mundial aireó el partido que el Régimen había tomado por los EEUU de América del Norte en su particular enfrentamiento con el Japón. Sacó a relucir su tesis de "las tres guerras" simultáneas (La ampliación a tres, de las dos que en 1942 Franco había descubierto al Presidente Oliveira Salazar). En esta ocasión la España franquista era neutral ante la guerra entre los países europeos y beligerante en la guerra de Alemania contra la URSS. A partir del 44, cuando la seguridad de la derrota del Eje es casi completa, se aumenta la interpretación de las guerras de la Guerra, y serán ya tres. A las dos anteriores se suma ahora el decidido apoyo español a USA en la guerra del Pacífico.  Podría parecer que desde toda su corta vida, ya una vez comenzada la contienda, Japón había sido considerada enemiga de España, lo que evidentemente era falso También en aquellas latitudes llegó a funcionar una delegación de la FET sin problemas y con reconocimiento  y cierto apoyo y consideración presidió su  transcurrir durante algunos años. 

A comienzos de 1941, cuando el Japón había tomado clara posición aunque no hubiera entrado en guerra, desde la central española de Exterior se pensaba en la concesión de  recompensas  al responsable falangista de aquel país y también a algunos dirigentes japoneses amigos.  El traicionero ataque a Pearl Harbour no fue condenado ni contestado desde España, existen noticias de que, más bien al contrario, aquello no arrancó lamentos. Aquella era la respuesta japonesa hacia el estrangulamiento comercial auspiciado por USA y un firme paso adelante en el sentimiento antioccidental. Tampoco es que en España se lanzaran cohetes, ni mucho menos, pero  no es posible desligar la actitud española con el acoso que se estaba dando en el área de Iberoamérica a las prolongaciones españolas de la FET o al deseo de Hispanidad frente a la exclusividad hegemónica de los yanquis con aquel continente.

El caso de la Falange japonesa es uno de los raros ejemplos en donde los problemas internos, tan comunes a las prolongaciones del Servicio Exterior,  no se dieron y ello por una causa de fuerza mayor: sólo había un falangista, Eduardo Herrera, Ministro de España, que asumió el papel de representante de la Falange en Agosto de 1938.

Sus primeras actividades, antes de ser nombrado responsable político, se centraron en anular las tendencias favorables a la República existentes en el Ministerio de Asuntos Extranjeros japonés influido por Inglaterra y Francia. En unión del representante diplomático oficioso del Gobierno de Burgos, Francisco José del Castillo, y con los apoyos del Príncipe Konoe, Presidente del Gobierno; del representante legal del Ministerio de Asuntos Extranjeros, Thomas Baty; del ejército y de la marina japonesa además de los representantes alemán e italiano   se logró el reconocimiento del Gobierno de Franco a finales de 1937. El marco político del Japón venía definido por el nacionalismo, el militarismo y el socialismo de estado.

La fundamental actividad emprendida por Herrera, ya Delegado de la Falange, fue la relación con núcleos anticomunistas para acciones de contrainformación que neutralizaran la propaganda en favor de la República y acabaran con  el silencio acerca de los éxitos de los rebeldes.  El enlace con las distintas agrupaciones anticomunistas se hizo gracias a una de éstas  la Nippon Alemano Italiana que contaba con Herrera  para sus festividades conmemorativas. Estas sociedades anticomunistas celebrarían conjuntamente el 22 de Marzo de 1940 un velada festiva en honor de la victoria de las tropas nacionales españolas.

La difusión primero de los éxitos bélicos y más tarde de las actividades  del nuevo Estado se estaba logrando. En aquella labor (conseguida no precisamente por la inoperancia de la legación española, denunciada por Herrera) colaboraban los Misioneros jesuitas españoles.

Frecuentes fueron también los contactos con la Sociedad Hispanojaponesa constituida en tiempo de la República por ciudadanos japoneses y en donde Herrera ocupaba un puesto de consejero. La transcripción al japonés de la letra del Cara al Sol y su representación cantada por un tenor coreano e interpretada "por una bailarina de bastante renombre", se alternaban con otras actuaciones donde la escenografía de luces y banderas hacían más espectacular la demostración de amistad. Debió resultar impactante el Cara al Sol para los japoneses, pues según el jefe falangista, reservistas, organizaciones juveniles y exploradores de aquel país cantaban el himno. Nada extraño para el País del Sol naciente y más si tenemos en cuenta la proliferación de sociedades que habían funcionado años atrás con nombres como La Sociedad del cerezo, el Partido de la Espada Celeste o la fraternidad de la sangre.

La colonia española, por aquellos tiempos reducidísima, no tuvo ninguna preferencia por las actividades falangistas. Más nutrida la representación de religiosos, con cuya rama femenina de Hondo y Shikoku se tenía la intención de organizar "una buena Sección Femenina".

Sobre la formación, afinidad política y patriotismo de los misioneros desperdigados en las islas del Japón, el juicio del jefe falangista no podía ser más positivo; pero "se hallan afiliados a una Colosal Organización Internacional de carácter que pudiéramos llamar religioso Sindicalista de la cual tenemos no poco que aprender..." lo que imposibilitaba su militancia en la Falange, quedando, por tanto, en la esfera de amigos y aliados.  

La prensa japonesa mantuvo información frecuente de las acciones pro Eje del Estado español, así ocurría con el envío de la División Azul y suministraba informaciones muy favorables de la reconstrucción de España tras la guerra civil. Sin embargo, ese forzado acercamiento parece que sufrió un giro decisivo a partir de la invasión de las islas Filipinas por las tropas niponas. El Diario de Barcelona en un momento donde la prensa estaba dominada por una Vicesecretaría del Partido, la VEP, publicaba una artículo acusando a Alemania de renegar de sus principios "al ponerse al servicio del mayor de los peligros que amenzaban el futuro de España...el peligro amarillo".

En efecto, el ingrediente asiático, opuesto al concepto de civilización europea y denunciado en el en el comunismo por Primo de Rivera, no era de recibo para los falangistas españoles. En 1943 en el viaje que realizó el Ministro Secretario Arrese a Alemania expresó (según relata Ramón Garriga) encontrarse más cerca de naciones occidentales aliadas que del Japón pagano y hubo, incluso, difusos proyectos de enviar una división de voluntarios falangistas a luchar contra el Japón a raíz de la invasión de las Filipinas. La matanza de españoles o de descendientes de éstos, las destrucciones y el sojuzgamiento de una población mayoritariamente católica eran elementos imposibles de digerir en España. Si añadimos a ello la dominación del Timor portugués y la solidaridad española con el vecino peninsular y , además, que las tornas de la guerra pintaban bastos para el Eje quizás, se consiga entender los posteriores movimientos del régimen español.

En Agosto de 1944 la Delegación Nacional de Prensa se ratificaba en  la postura mantenida " a lo largo de estos últimos años" (sic) de repugnar  "cualquier triunfo de Oriente" y como norma general se reclamaba la neutralidad ante los países en conflicto, pero no ante los países de Oriente. En una entrevista concedida por el General Franco a United Press no se olvidaba el Jefe del Estado de practicar el malabarismo diplomático de las palabras para asegurar su amistad por los Estados Unidos de América, poniéndolos en el mismo rasero que a Brasil, es decir, en cuanto que naciones americanas no hispánicas El 6 de Marzo de 1945 se dictaban órdenes para que la prensa española destacara las victorias del ejército chino de Chang Kai Cheg sobre las tropas japonesas, en un conflicto bélico donde el Japón buscaba su espacio vital en el continente desde hacía ya catorce  años. Once días más tarde se prohibía cualquier información de fuentes japonesas y se indicaba expresamente la obligatoriedad de sobresaltar las que procedían de los Estados Unidos.

Aparcada la Hispanidad por razones de fuerza mayor se balbuceaba con un ejercicio complejo y algo retorcido. Consistía éste en encontrar que la defensa de la Hispanidad era también (y efectivamente también lo era) la defensa de la personalidad de las Filipinas. Pero curiosamente esta postura, bien defendida en 1945, llevaba como consecuencia la condena del Japón y un intento de acercamiento al enemigo de mi enemigo. Casualmente el amigo americano.

No duraría mucho este intento de aproximación, pero curiosamente, otra vez, la circularidad de las conductas, la necesidad de adaptacionismo o vaya usted a saber qué convergerían para que  a finales de los cuarenta, se vuelvan a encontrar el enemigo de mi enemigo y el régimen de Franco (Ved cómo tenía razón) por conflictos bélicos originados en el Océano Pacífico. 


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