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El Rastro de la Historia. NÚMERO TRES

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La dimensión ideológica del Servicio Exterior de la Falange.

El Imperio, el Nuevo Orden y el Quintacolumnismo.

-Francisco Blanco-  

 


El Imperio

La tarea prolongadora del falangismo fuera de las fronteras nacionales en unos tiempos críticos, fines de los años treinta y principios de los cuarenta,  con estados totalitarios bien establecidos y otros emergentes y cada vez de mayor envergadura, provocaba recelos por entender algunos que las extensiones de la Falange implicaban ambiciones hegemónicas, particularmente en el territorio iberoamericano. Se tenía por base para tal argumentación la utilización del término "Imperio", de uso corriente en la fraseología falangista y el contenido de la Norma Programática  número 3  de FE de las JONS, asumido  nominalmente por el Nuevo Estado franquista al igual que las otras normas, a excepción de la 27, aunque sin cobrar ninguna rango legal.

"Tenemos voluntad de Imperio. Afirmamos que la plenitud  histórica de España es el Imperio. Reclamamos para España un puesto preeminente en Europa. No soportamos ni el aislamiento internacional ni la mediatización extranjera.

Respecto de los países de Hispanoamérica, tendemos a la unificación de cultura, de intereses económicos y de Poder. España alega su condición de eje espiritual del mundo hispánico como título de preeminencia en las empresas universales".

Hacer Imperio para José-Antonio Primo de Rivera era un modo de cooperación entre las naciones que disponían de un tronco común en base a la lengua, a la religión y a la característica diferenciadora del modo de ser español, transplantado por generaciones en la gigantesca obra de civilización de tierras descubiertas por España. El que a España le cabía un importante papel en la cohesión de gentes y naciones era evidente. Pero bien lejos de la imposición del control centralista o del monopolismo. Su lenguaje preciso y claro para quien quisiera entenderlo quedaba manifestado en el talante que reflejaba al final de la guerra del Chaco que por varios años había enfrentado a Paraguay a Bolivia que mientras éstas ponían sus hombres, sus hambres y sus muertos, dos petroleras, la una americana y la otra holandesa resolvían sus intereses con crédito ajeno. Reconocido homenaje de José-Antonio Primo de Rivera a quien hacía posible aquella paz y había contribuido a la fraternidad entre los pueblos de Iberoamérica:

"Saavedra Lamas. Jóvenes de España, que soñáis con un imperio español, grabad en vuestra mente este nombre. Es el ministro de Relaciones Exteriores de la Argentina. Es un español de la gran España, de los tiempos que España daba al mundo un Cisneros. Este hombre consiguió que Norteamérica suprimiera la Enmienda Platt en Cuba, ha conseguido  la sincera amistad entre Brasil y Argentina y ha terminado la guerra en el Chaco por medio de una paz a la española, con Te Deum e himnos, paz alegre y generosa. Este hombre trabaja por la caridad espiritual de Hispanoamérica. Trabaja por la formación del imperio espiritual antiguo. Hoy, desde nuestra modestia le damos las gracias. Mañana contribuiremos a su labor. Saavedra Lamas: en nombre de la juventud heroica de España, gracias." (En Arriba 14 24.6.35. O.C. de José A. Primo de Rivera pp. 601).

En poner los ojos en América confluían los pensamientos de Ramiro de Maeztu, de José-Antonio Primo de Rivera o de Ledesma Ramos. Aquel continente con vínculos de lengua, raza y religión acogía además una importante masa de emigrantes españoles que, desde finales del siglo anterior, habían ido allí a encontrar los medios de subsistencia de los que carecían en España. Además de los ensayos teóricos sobre hispanoamericanismo por parte de las mentes más pensantes, existían también en la Falange personajes secundarios, militantes de filas,  que habían sentido la idea americanista de vinculación a España y habían acometido pequeñas empresas para estrechar lazos. Conviene señalar entre ellos la figura de Juan Pérez de Cabo  quien ya en 1935 había vertido su experiencia en aquel "pan bajo el brazo" tal y como denominó José Antonio a su libro Arriba España.

Un apunte más sobre este falangista, teórico hasta cierto punto  de la FE, es que fue ejecutado en 1942 bajo la acusación de estraperlo, único caso de condena a muerte por delito administrativo en España y que resulta posible que Pérez de Cabo moviera hilos una "Falange Española Auténtica" crítica con la oficial lo que podría explicar en parte el excesivo rigor de la condena.  Este abogado  había fundado junto a su hermano Jesús Pérez de Cabo la Confederación Universal de Sociedades Gallegas en donde se reunían setecientas sociedades vinculadas por un boletín mensual.

Por pisar más suelo que otros teóricos, y por ser muy poco conocidos sus planteamientos, conviene recordar unas breves líneas de su crítica a la política española seguida con Hispanoamérica hasta entonces, que exigía de una radical revisión:

"Ahora bien: No queremos pecar de injustos, para no parecer apasionados. Es verdad que el Estado liberal demócrata, monárquico o republicano, en lugar de protegerlo, explotó y explota al emigrante, que pudo ser la avanzada de nuestro Imperio espiritual en América; pero en cambio, todos los años el 12 de octubre, hace brotar en una tribuna en cada capital de América un orador (abunda esta especie en la liberal democracia) que canta la glorias de la unidad hispanoamericana por la Religión, el Idioma y la Raza. Entretanto, a la misma hora, Inglaterra, Francia e Italia, desembarcan en la misma capital sus mercancías protegidas por buenos tratados y transportados en barcos ingleses, franceses, italianos...a pesar de la Raza, el Idioma, etc."

Pérez de Cabo entendía que la prolongación de España, que entrañaba tutela espiritual hacia América y algo más, no se podría dar hasta tanto "...España imponga su personalidad al viejo continente..."  lo que evidentemente conllevaba el cambio del equilibrio político europeo surgido después de la primera gran guerra.

Su análisis del pasado reciente en las relaciones con América era desconsolador, la ineficacia de los gobiernos españoles y la corrupción de las representaciones diplomáticas ("Yo podría probar robos de abintestatos de españoles, venta de consulados honorarios y otras lindezas.") habían abortado cualquier intento serio de estrechar lazos.

Llegó a esbozar un plan falangista de actuación en Hispanoamérica que presentaba al Secretario General de la FET, Fernández Cuesta. El plan  iba más allá de los "lazos espirituales" y representaba una alternativa con procedimientos concretos que, de haberse hecho realidad, hubiera tenido enorme trascendencia. Se trataba, en suma, de un proyecto con cinco vertientes: La primera,  la doble nacionalidad con aquellas naciones pioneras en el reconocimiento del Gobierno de Burgos. La segunda, la creación de intereses en América mediante la constitución de una flota mercante en manos de sociedades paraestatales tanto españolas como americanas, acuerdos comerciales complementarios en las producciones comunes para evitar competencias. Incluía un proyecto de unión comercial, bien entendido que cuando en los países americanos se hubieran constituido gobiernos autoritarios, lo que por otra parte no era nada descabellado. La tercera, la creación de un cuerpo consular específico para aquella zona. La cuarta, el establecimiento de tratados comerciales en donde, respetando la defensa de los intereses privativos de cada estado, se llegara a la complementariedad en los intereses coincidentes . Por último,  una prensa capaz para enviar a Hispanoamérica con un cometido fundamental: la captación de capitales para la reconstrucción y en donde "no escribamos...ni una sola vez la palabra "fascismo"... como están haciendo los veinte mil escritores o escribidores que han surgido por escotillón lo mismo que la invasión vertical de los bárbaros"        

Suponía este abogado falangista que esos remedios (en donde se mezclaba diplomacia, comercio y propaganda) para conseguir la "plenitud de la idea imperial" alcanzarían su realización práctica sólo con el triunfo de la Falange . Encadenaba en su mensaje un nuevo papel de España en la política europea con la intervención decidida en América como medio de lograr el ansiado Imperio. Se carece de datos que indiquen que tales proyectos fueran tenidos en cuenta. Ni tan siquiera hemos visto reseñada estas alternativas ,distintas a las tradicionales, en estudios sobre el falangismo. Menudean cuadros de brocha gorda, fuegos artificiales de retórica y crítica mendaz sobre soportes o conjeturas endebles cuando no falsas.  

Entre los analistas de la Falange los hay que  han hecho su análisis a distancia y otros que han demostrado el conocimiento del discurso falangista. Para los primeros, que se han movido en la línea más periférica de la superficie, las repetidas menciones de la palabra imperio mostraban un sentimiento imperialista de dominio, de sometimiento, de sojuzgamiento de antiguas colonias que en verdad nunca lo fueron.  Muchos de los segundos, aunque algún atisbo  pudiera descubrirse en algún pasaje o en alguna personalidad particular vinculada con el mundo de la Falange, llegaron al convencimiento de que la palabra imperio era más que nada un latiguillo retórico insistentemente repetido por esta organización. El profesor Jiménez Campos lo expresaba de la siguiente manera:

"Es posible encontrar bastantes textos en que la noción apuntada no parece incorporar  más carga significativa que la muy marginal de un término grato a los oradores en sus discursos".

Integrado en ciertos textos, esa palabra significaba algo así como un estado de gloria en el quehacer político con lo que se lograrían los mejores resultados a niveles históricos. Así lo había entendido el jonsista Juan Aparicio que llegaba a la dialéctica de "Anarquía o Imperio". Pilar Primo de Rivera, entendía su significado, pero criticaba su uso ya "que mientras que no vayamos en camino franco hacia nuestra plenitud histórica, es mejor no abusar de algunas palabras tales como Imperio, imperiales y otras que dichas en circunstancias poco favorables resultan ridículas y absurdamente arrogantes". Y mentar aquel término tan frecuentemente y tan sin sentido, particularmente en ciertas áreas hipersensibilizadas representaba, además, un riesgo tal y como lo hacía ver el dirigente falangista Sergio Cifuentes desde Cuba.

Uso y abuso, sin ningún tipo de comedimiento, la palabra en cuestión era una muletilla   constante. Una fuente editorial ligada con la propaganda del exterior era Publicaciones Imperial Toledo y el dichoso nombre se volvía a repetir hasta la saciedad, así por ejemplo en diciembre del 38 consta una Biblioteca Imperial del SEU de Cádiz. También era una aspiración del SEU conseguir un teatro imperial. Hasta su cambio por "Plus Ultra", la palabra "Imperio" era la inicial en los telegramas de la Falange Exterior y así se titulaba un diario falangista de Zamora. Imperio era la publicación que en defensa de la Hispanidad se fundó también en Trieste en Enero de 1940 de la mano del falangista Delfín Escolá y con estrechas relaciones con Sol y Luna de Argentina, Abside de Méjico y Revista Javeriana de Colombia. 

El ansía de "imperio" rememoraba los momentos estelares de la historia de España, y aun cuando la naturaleza de un imperio y otro, del creado y del proyectado, no eran exactamente las mismas, España no se hallaba en este tiempo histórico precisamente sobrada de recursos materiales con que construir tamañas estructuras.  El uso abusivo del "imperio" en un país desangrado por la guerra, que pasaba hambre y que portaba aquel estandarte más en los deseos irrealizables, en la utopía, que en las posibilidades reales, fue denunciado por José Bergamín como "estado psicológico, pero no político". Juzgaba la pretensión de "Imperio de la ausencia" y no olvidaba adobar su escrito con espuramajos de estalinismo: "El que agrupó bajo la misma bandera, roja y negra, a los imperialistas de la muerte, las legiones aniquiladoras de la Fai Falange".

Aquella reiteración en el uso daría argumentos a los enemigos interiores  de la Falange y también a los de afuera. Los yanquis podían tener claros intereses en creerse lo del imperialismo  falangista e incluso en incubarlo  y recibían, histriónicamente alarmados, informes del FBI y de sus embajadas sobre ciertas extensiones falangistas que resucitaban sueños imperiales. Y hacían ver, cómo no,  que aquello les preocupaba.

Su respuesta respondía a una trayectoria ya conocida , en donde una pretendida provocación servía de excusa para su actuación. En 1898 Blackton realizaba en USA uno de los primeros films de la historia del cine, su título: Desgarremos la bandera española. Cuando por acumulación de gases u otros motivos ajenos todos ellos a la voluntad española, el Maine estallaba, USA declaraba la guerra a España, para librar uno de esos combates desiguales a los que nos tienen acostumbrados los Estados Unidos de América, y rapiñaba los despojos del imperio colonial español. La sociedad americana ,perfectamente instruida por las poderosas cadenas de periódicos ( cuyas rotativas regalarían poco después al nacionalismo separatista vasco)  atizaron el fuego. El resultado es de todos conocidos. El "destino manifiesto" había conseguido que de la limitada tutela española se pasara a la tutela absoluta americana y !cuidado con los gobiernos de aquel continente que osaran hacerse fuertes con el gigante del Norte!. Aquellas mentiras quedaron prendidas en el tiempo, miserias indelebles, sobre todo en los oídos deseosos de escucharlas. Todavía en 1953 un diario del rigor de Le Monde informaba en un recordatorio: "1898 16 de Febrero. El crucero americano Maine es hundido delante de La Habana por españoles, lo que desencadena la guerra hispanoamericana"

Rubén Darío había  dedicado, en clave de Hispanidad, a Teodoro Roosevelt una Oda en la que resumía con maneras modernistas, el desprecio que sienten las naciones oprimidas a quien fuerte y fiero ejemplar de tu raza aplastaba a la América que reza en español  a quien todo lo tenía pero sólo una cosa te falta: Te falta Dios. Mas no sólo era la forma del lenguaje quien adoptaba aquellos tonos, el mismo contenido era un grito contra la filosofía de racionalismo positivista con que se nutría Norteamérica. De aquella visión  "irracionalista" del Modernismo se alimentaba también la Falange Y no sólo era Rubén Darío. Sabemos que en Venezuela Domingo Castillo en 1905 y más tarde García Calderón en Perú y Manuel Ugarte en Argentina criticaron también cómo la Doctrina Monroe interpretada por USA convertía al continente en propiedad privada de los yanquis. Y no eran cantos de sirena, no entretenimientos vacuos. Texas, Cuba, Colombia, Nicaragua, Panamá, Santo Domingo... cuentas de un rosario de la interminable historia de agresión USA a las naciones hispánicas. Pierre Renouvin recuerda que  el 6 de Diciembre de 1905 en un mensaje, el Presidente americano había declarado la posible  actuación USA cuando en algún estado americano se perjudicaran sus derechos o los de sus ciudadanos y ese estado no fuera capaz de asegurar el orden. El continuador de Roosevelt llegaría a más y daba como causa de intervención el que los estados de Antillas o la América Central Tuvieran fondos económicos caóticos . Se enfrentaban dos lenguajes muy distintos para poder entenderse. Porque  la tarea "expansionista" del "imperio" español no entrañaba apetencias territoriales o injerencias en política de otros estados, al menos no se disponen de datos suficientes que opinen en contrario. No se trataba de una política imperialista en su versión más común. No se reclamaban "espacios vitales" y se matizaba con enorme precisión algo que estaba claro ya en las palabras de José Antonio Primo de Rivera cuando  hablaba del Imperio.

Desde el primer diario de la Falange, el Arriba España de Pamplona se justificaba la vital necesidad de "amplias fraternales llamadas" a las  naciones de Hispanoamérica, llenas de desprendimiento y de hermandad:

"La voluntad imperial que hemos de inculcar en la mente de los hispanos debe ir limpia de  egoísmos, sin pretender la concesión de exclusivas ventajas para las naciones que lo constituyen; porque, el Imperio, pacto de hermandad entre los pueblos de Hispania, basado en su vinculación espiritual, ha de servir ideales comunes y no ha de ir en pos de hegemonías nacionalistas que serían suicidas"

Además de esas claras manifestaciones, figuraba como mazazo de advertencia la siguiente frase: "Nada de cuanto acaece en los Estados Unidos de Norteamérica debe sernos ajeno. El Pan Americanismo es enemigo del Pan Hispanismo".

Se trataba pues de una expansión cultural, tutelar, de tradición histórica, nunca con afanes territoriales. Participaban, incluso, de estos postulados los falangistas más próximos ,por aquel entonces, al modelo alemán. Antonio Tovar en su libro El Imperio de España  afirmaba :"Nuestro imperialismo no va a ser no lo ha sido nunca un imperialismo de petróleo o de caucho, un imperialismo de piratas y negreros". Rechazados las tradicionales fórmulas del mundo anglosajón quedaba claro que no se trataba de adquirir nuevos territorios: "Porque nuestra idea imperial, especialmente española y atenta a nuestras fronteras y límites actuales...". La aspiración española era ,precisamente, la de ser "Madre Patria". Al menos eso se desprendía del pensamiento del teórico Tovar al reclamar ,  por parte de España, la protección y la tutela de la comunidad hispanoamericana, en defensa de la civilización española en el mundo y "No derechos de "protectorado" según la hipócrita fórmula europea para ocultar una despiadada explotación."

El mismo Tovar pronunciaba en Julio del 40  una conferencia en Berlín, La idea del Imperio español en la Historia y en el  presente,  en donde, lejos de reclamaciones territoriales y en una regocijante rememoración histórica calificaba a Trento como la más grande expresión teórica del genio español y a Alemania como el mayor aliado frente a los enemigos francés e inglés. Y, precisamente, aquella confraternización, era lo que resultaba imperdonable, las amistades peligrosas constituían el nudo gordiano que el Tio Sam debía cortar. Las acusaciones que se hicieron a la Falange, eran más por los escenarios y por las amistades que por la misma esencia de su discurso, sin olvidar, por supuesto, la incapacidad anglosajona de asimilar ciertos conceptos.

Esas manifestaciones de negar tajantemente pretensiones de nuevos territorios, extender dimensiones geográficas a cuenta de otros o por las armas, contaban  con la unanimidad  de todas las publicaciones falangistas del exterior.

El Decálogo para los camaradas de la Falange Exterior, una especie de mandamientos para los falangista de fuera, tras el  fervor y amor debido a Patria, Yugo y Flechas, Caudillo y Falange, decía textualmente en su punto VII: "Amar la nación en que vivan. Respetar sus leyes y banderas y aportar generoso esfuerzo a su engrandecimiento, uniéndose en comunión de alegría y dolor con las gentes con quienes parten el trabajo y el pan de cada día".

Jesús de la Landa dejaba claro, cuando ya la guerra civil había  terminado, que la especie vertida por los marxistas sobre ambiciones territoriales de la nueva España era una patraña y cifraba como mejor gloria para España el haber engendrado patrias libres.  Así pues, esta actitud de la FET no obedeció a momentos coyunturales. El Comercio de Lima publicaba en Agosto del 39 un artículo del Jefe de la Falange peruana, Herminio Santibañes contra la acusación de imperialismo que se hacia a la Falange. Aquella defensa para imponer la verdad entrañaba riesgos, el encontrar espacio en ese diario producía presiones inglesas bajo la forma de amenazas en restringir el suministro de papel. Había que silenciar la discrepancia.  Algo quedaba del todo claro, los falangistas entraban al trapo de la acusación de imperialismo por entender que aquel calificativo se les dirigía con  intenciones de desprestigio. La necesidad del contraataque, de estar en guardia, se había convertido en una constante de la Falange. A las acusaciones del representante americano en Lima, Thomas, en el otoño del 40 diciendo que la FET quería retornar Puerto Rico a España y acusando al partido español de doctrina similar con el nazismo se le respondía desde un editorial del periódico falangista peruano Unidad. El mencionado Santibañes enviaba a España la propaganda antiespañola de las agencias de prensa norteamericanas sobre las pretendidas intenciones hispanas de reconquistar las colonias, al tiempo que se lamentaba de que la acusación de imperialismo hiciera mella en medios intelectuales del Perú.

Tanto durante la guerra de España, como en los primeros años del expansionismo alemán deglutiendo Europa, así  como en la fase de declive del Eje (y, naturalmente, en años posteriores) hubo una general aquiescencia en la negativa de ambiciones territoriales o de dominio político externo sobre territorios soberanos. A pesar de lo cual la aparición de lo "imperial" en la Falange como término de uso corriente en su particular retórica , acarrearía problemas cuando otros imperios (estos de verdad o en formación) utilizaran de arma arrojadiza el "imperialismo" de la Falange.

Se faltaría a la verdad silenciando que hubo también (los menos), quienes al hablar del imperio mezclaron no sólo elementos espirituales sino también territoriales, aunque fuera como ejercicio teórico. Pero estos teóricos de la marginalidad en el tema del imperio ni tan siquiera fueron referente para quienes acusaban a la Falange de imperialista. Prefirieron los panfletos de Allan Chasse o las informaciones deformadas de sus particulares Mortadelos y Filemones. Entre esos teóricos imperiales algo más prosaicos, Manuel Ballesteros, desde Jerarquía, aunque distinguía entre Imperio e imperialismo decía que el primero era "mando o dominio absoluto sobre la base de la expansión racial y de la extensión territorial" por lo que en cierta manera participaba de conceptos que en otros textos falangistas habían sido rechazados. Una de las manifestaciones más claras de ejercer como potencia consistía en dominar (utilizando fórmulas de protectorado o similares) zonas territoriales. No es extraño, pues, que al igual que hacían Francia o Gran Bretaña, existieran falangistas que pensaran que, en el futuro Nuevo orden, a España le correspondiera también la necesaria expansión. Esa prolongación material, presente también en el texto de Areilza y Castiella, Reivindicaciones de España, más como alegato histórico jurídico que como propuesta geopolítica para poner en práctica, se circunscribía al continente africano. Quedaba pues fuera de cualquier tentación, incluidas las de  los más expansionistas, soñar con reconquistas del antiguo imperio español. Ese pensamiento sólo se dio en aquellos que lo utilizaban para ir contra  la Falange.

Los acontecimientos durante este periodo han sido observados desde dos posturas antagónicas. Por una parte, está la que proclamó la Falange y más delante el Partido único, en el sentido de que la extensión de la Falange, volcada especialmente en Hispanoamérica era exclusivamente una labor espiritual, de afianzamiento de los valores hispánicos en cuanto a religión o cultura, algo así como la identidad  de una cosmovisión entre España y su antigua prolongación americana. Frente a esta versión, se alzó, y ,con enorme éxito si tenemos en cuenta que es la que mayor número de historiadores  siguen, la versión norteamericana. Esta última puede resumirse en que La Falange era la punta de lanza  del III Reich en América. Esta postura, la de los "norteamericanistas", coincide con la forma de ver las cosas que se hacía desde el Departamento de Estado de USA, quien basaba su idea en un aspecto fundamental: Todo lo que se opusiera a la proyección política internacional USA (o sea al imperialismo norteamericano) era una provocación de imperialismo enemigo. Ese recelo americano podría encontrar su lógica si se tiene en cuenta que en España, la FET se posicionaba claramente contra la estrategia política  de Roosevelt que era considerada una amenaza. Un ejemplo de ese estado de ánimo puede servir de elemento ilustrativo: en Mayo de 1939 el idealismo seuísta publicaba una "Carta abierta a Rooselvelt" en tono desafiante: "España, mientras haya una nación española amenazada en su integridad material y espiritual, no puede menos de sentirse amenazada también”.

El Nuevo Orden

La base ideológica primera a la podía recurrir el régimen franquista en su política de hispanidad encontraba sus pilares en Ramiro de Maeztu y en José Antonio Primo de Rivera.

El uno se encuadraba en lo más florido del pensamiento conservador, colaborador de Acción Española,  asesinado al comienzo de la contienda civil y olvidada su espantosa muerte al compás de la saturación de otros recordados, de otros asesinados por distintos matarifes. El otro iniciador de una postura nueva, dinámica, con raíces en la tradición pero con un calado innovador de otro cuño.  Pudieron pensar algunos que a la Falange  le correspondía ser el brazo que recogiera la flecha caída a mitad de camino en el medio hacer de la obra de España que reclamaba Maeztu ; lo que no podía nunca ser del agrado de quienes entendían "de facto" que su espacio vital iba de Bering a Hornos por lo menos. De las ideas de ambos no se desprendía apetencia territorial o  dominio político sobre el marco americano. Pero no toda la política exterior era Iberoamérica, ni mucho menos.  Por eso no convendría olvidar la visión supranacional o universal que en sus orígenes y por lo que respecta a este estudio, tenía la Falange. De forma sintética y siguiendo la línea del Profesor Martín López (en un curso impartido en la Facultad de Derecho de la Complutense madrileña y en el que ya pesa el paso del tiempo) sobre el esquema histórico político del que partía José-Antonio Primo de Rivera llegaba el conferenciante  a la conclusión de que éste se encontró inmerso en una época de crisis en donde las perspectivas eran catastróficas. Teniendo por base intelectual a Gibbon, Spengler y Toynbee (de quienes tomó las divisiones en edades medias y clásicas, la disolución de Occidente o el vislumbrar que sólo eran esperanzadores los rasgos nuevos de la civilización occidental) estableció un planteamiento en donde lo fundamental no iba a ser sólo la satisfacción de la conciencia con independencia del resultado (Jasper), sino que, desde una actitud vital de optimismo, pensaba que era posible adelantarse a la decadencia misma a través de una minoría  que sintetizara los valores espirituales tradicionales  y el espíritu de abnegación y solidaridad que aportaban los nuevos "bárbaros".

Esa actitud inconformista, de ruptura hacia el orden vigente internacional y que llevaba gérmenes de una construcción creadora por parte del fundador de la Falange se había esbozado en su conferencia en el Círculo Mercantil de Madrid:

"Y entonces mirad qué dos perspectivas para Europa: de una parte, la vecindad de una guerra posible; Europa, desesperada, desencajada, nerviosa, acaso se precipite a otra guerra; de otro lado, el atractivo de Rusia, el atractivo de Asia, porque no se os olvide el ingrediente asiático de esto que se llama el comunismo ruso, en el que hay tanto o más de influencia marxista, germánica, influencia típicamente anarquista, asiática." .

Francisco Bravo que historió a la primitiva Falange dejaba un testimonio clarificador al respecto:

"La necesidad de un nuevo orden mundial no era eludida por José Antonio quien estaba convencido de la caducidad impuesta en Versalles y aspiraba a un lugar preeminente de España... "porque o se es un país inmenso que cumple una misión universal o se es un pueblo degradado y sin sentido. A España hay que devolverla la ambición de ser un país director del mundo. Buscar la rectoría internacional entre el grupo de naciones directoras teniendo muy claro que "no hay continentes ya por conquistar, es cierto, y no puede haber ilusiones de conquista".

Desde esa perspectiva, que exigía con urgencia un cambio, mediante la creación de una nueva vía o de un nuevo orden hay que inscribir el pensamiento del fundador de la Falange. Y resultaba también ,que esa tercera vía intuida pero carente de sistematización, iba a encontrar particulares prolongaciones e interpretaciones en otros teóricos de la Falange (Torrente, Ridruejo, Castiella etc.) algún tiempo después.

Gonzalo Torrente Ballester, adivinaba también a nivel mundial una necesaria salida opuesta al capitalismo clásico y al comunismo y otorgaba además a España posibilidades  de directriz en un hipotético nuevo orden. 

"Vivimos años de gran intensidad, y los que aún somos jóvenes, asistiremos a grandes cambios en la estructura social y política del mundo. Tendremos en la transformación lucido papel. Los españoles particularmente, podemos tener el de protagonistas."

En las publicaciones donde se explayaban los intelectuales falangistas no era extraño encontrar afinidades con el nuevo Orden preconizado para Europa, partiendo del supuesto de que tanto el Pacto de Versalles como la Sociedad de Naciones resultaban negativos para la Patria, justo lo contrario de lo que significaba el nuevo Orden al que se le adjudicaban "ídeas nobles  y útiles" .La filosofía política de los seguidores de modificar el estatus existente había sido también defendida por  falangistas representativos. Pedro Laín Entralgo, por ejemplo, exaltaba a Mussolini porque "arrumbó el chririmbolo inútil del liberalismo político. 

Resultaba evidente, además, que el Partido único y el Estado en su conjunto habían volcado sus simpatías hacía el Eje y que miembros destacados de la FET (Pedro Laín, Luna, Beneyto, Castiella o Moscardó) no se conformaban con las relaciones institucionales que generaba el Estado y que podían parecerles carentes del arrojo necesario en algún momento y por eso ampliaron sus contactos en cuanto  miembros de la FET o promovieron actividades de estrecha colaboración como ocurría en 1942 con la Asociación Hispano Germana, auspiciada por el MAE. El sentimiento antialiado era patente y muchos falangistas pensaban en la necesidad de arriesgarse con todas las consecuencias ante la situación planteada .

La sintonía se fundamentaba en la negativa a aceptar el estatus vigente de después de la Primera Guerra Mundial, mucho más que en acuerdo alguno de una construcción futura. Se estaba contra el "orden caduco" y a favor de uno nuevo; pero qué suponía ese nuevo Orden mediante un proyecto concreto de actuación futura, estaba por determinar.

La primera declaración razonada por parte de Alemania sobre el nuevo Orden no se hizo hasta el 25 de Junio de 1940. En esa fecha Walter Funk, Ministro de Economía del Reich  cimentaba el futuro marco en la necesaria búsqueda de recursos materiales en el viejo continente. Esta faceta, ya teorizada, acerca de la idea del Nuevo Orden o la necesidad del "Lebensraum" (supuesto rechazada por los falangistas) no alejaba, sin embargo, la sentida necesidad de compartir nuevos ideales con Alemania. Poco coincidente el discurso falangista de su Nuevo Orden con el expresado por los alemanes, difícilmente puede entenderse la pertinacia en acompañar aquel proyecto que, a diferencia de lo demostrado por Alemania, se reducía más a actitudes de inconformismo que a tangibles proyectos creadores. 

Si fueron múltiples los contactos y muestras de simpatía Falange Eje no existieron compromisos serios que vincularan a la Falange y a los nazis en el mismo proyecto. Si la corriente empática estaba más que servida y los motivos de la misma según el falangista, Carlos Alonso del Real eran geopolíticos, ideológicos, económicos y de resentimiento no terminó de precisarse que se escondía tras esos términos. Pero algo  resultaba de una claridad meridiana: Alemania era un aliado imprescindible en el confuso proyecto falangista y resultaba  imprescindible su triunfo. Bien lo sabía Castiella y así lo había expuesto también Genaro Riestra desde Cuba, donde la prudencia en la actuación de la Falange era el primer paso de una estrategia de mayor alcance: "Por el momento hay que dar a conocer a España en toda América; más tarde llegará el momento que vendrá sólo con el triunfo de Alemania y de hablar de otras cosas."

Quedó por saber cuál era esa estrategia futura. Fundida en un Estado, que a pesar de su ropaje no era de los totalitarios al uso y bastante poco "imperial" (al uso también), la Falange habría de conformarse con capear los temporales internos de España y los que se producían fuera de nuestras fronteras. Y quedó por saber porque  el marco teórico ante un hipotético triunfo de las potencias del Eje no fue definido con precisión. Hubo escarceos, empatías y también profundas diferencias.

El quintacolumnismo de la Falange

Finalizada la guerra española, las banderas de la victoria tremolaban sin poder olvidar la generosa cooperación italo alemana. A los soportes humanos y materiales prestados, se añadía una prueba cualitativamente muy importante para la Falange del Exterior y también para  los  que esperaban pruebas de colaboración con los países totalitarios. Debido a las dificultades en el envío de comunicación desde España con frecuente  desaparición de la correspondencia o cuanto menos de su interceptación, se recurrió a ello por medio de valijas diplomáticas alemanas e italianas. ¿Qué más podían querer quienes estaban tan ávidos de pruebas? A las  que ellos mismos  tejían podían añadir una cierta.

Hacia la primavera de 1940 se jaleaba una consigna con base en EEUU que consistía en atribuir a la Falange la función de "quinta columna" y extender aquel sambenito como arma arrojadiza.  La prensa cubana se hizo eco de aquel infundio que, como muy acertadamente señalaba  Genaro Riestra resultaba "...ridículo y absurdo si tenemos en cuenta que por la distancia y por un sin número (sic) de circunstancias que resulta prolijo enumerar, estas tierras no sólo están apartadas del teatro de la guerra sino totalmente a cubierto de las consecuencias materiales que pudieran derivarse..."

Aunque no hubiera base argumental para aquello, sólo el infundio servia de pretexto para la adopción de medidas restrictivas. En Julio de 1940 en La Habana se reunieron los Ministros de Exteriores americanos y expresaron su temor de que las infiltraciones totalitarias acabaran con sus democracias. Apadrinados en esa preocupación por EEUU, el gigante del norte no iba a dejar indefensos a los países americanos y les brindada el préstamo de sus dólares para rearmarse convenientemente.

No faltarían en Hispanoamérica quienes entendían la postura imperial de la nueva España y que respondieran a las nuevas acusaciones. Querido Moreno Jr. dando la vuelta al "quintacolumnismo" intruso en América, que no era más que retórica de desprestigio al enemigo político, citaba una frase del coronel Lindberg que ponía el dedo en la llaga:"Los Estados Unidos están hoy en peligro de guerra, no porque los europeos traten de intervenir en los asuntos internos de América, sino porque los norteamericanos han tratado de intervenir en los asuntos internos de Europa".

En la misma publicación donde aparecían artículos de esta naturaleza frecuentaban también los contrarios, o sea la acusación de influencia nazi a través de la Falange llegando incluso, en un acto de rastrero servilismo, al comentar la negativa del cubano Batista a recibir una espada obsequio de la Falange con la siguiente frase: "Para cortar las amarras de Cuba, y de todos nuestros países, con los amables protectores del continente, no será."

Ese mismo año, el FBI creaba unas secciones especiales para informar sobre las actividades del Eje en Iberoamérica y donde, al parecer, el peso del espionaje lo llevaban los consejeros legales de las distintas embajadas yanquis, prestos a informar, a conjeturar o a mentir. Según informa Lidia Murlaska-Andziak en Noviembre del 40 Eric Wendellin, perteneciente a la División Europea del Departamento de Estado  preparó un informe en donde veía la polìtica de hispanidad como el contrapeso deseado en contra del pan americanismo yanqui, esta idea se adobaba con la "hipotesis totalmente fantástica" en palabras de Murlaska, del deseo de Franco de convertirse en líder espiritual del mundo hispánico.

Arturo Rajul, jefe de la Falange colombiana, entendía perfectamente lo que estaba ocurriendo y realizaba un lúcido análisis a principios del 42:

"...confirmando lo que te citaba en mi anterior del contraste de posturas adoptadas por los propagandistas del norte en su acerba campaña contra la nueva España, en quien ven, no por su potencialidad bélica ni su poder económico, sino por sus vínculos espirituales más efectivos que aquellos, al verdadero enemigo de su política de anexión económica tan fácilmente llevada a efecto con algunos Países de este hemisferio, los que, como en el que vivimos, dada su situación económica, no son muy reacios a entrar en la peligrosa órbita del patrón dólar con todas sus dolorosas consecuencias".

Precisamente ese 1942 presentaba un informe la Oficina de Servicios Estratégicos en donde afirmaba que España pensaba reconquistar su antiguo imperio, incluso los pertenecientes a USA que habían formado parte del Imperio español. Analizando tal dislate  la historiadora antes citada llega a la siguiente conclusión: "Los argumentos de la OSS parecían ser los típicos de cualquier servicio secreto que, a través de la exposición de intenciones de sus presuntos oponentes, intentaba obtener más fondos. Es más, el trabajo de un servicio tan relativamente joven, era bastante inexperto".

Un ejemplo de ataques basado en las conjeturas fue el de H. Southworth, adelantado en acusar a la Falange de imperialista y de propagandista nazi. Para el historiador americano, el Boletín Semanal Informativo de la Falange de Colombia era "propaganda nazi". Esta publicación, en donde se atacaba la política USA y en donde según el Jefe falangista Arturo Rajul no había "ni una sola palabra que pudiera traducirse en propaganda nazi propiamente dicha" era la base en que se asentaba el descrédito buscado por Southworth. En la nación colombiana  El Siglo calificaba de patraña la acusación de "quintacolumnismo". Los americanos veían "infiltrados" en cualquier tipo de actitud contraria a la preconizada por ellos. La idea mantenida entonces por Southworth la siguió conservando años más tarde. Para él, una de las características del fascismo a nivel genérico era la acción imperialista cuya finalidad residía en salvar los conflictos internos de clases Desde ese punto de mira no entendía argumentos de comunidad de idioma o de pensamientos o de visión ante el mundo, reducía todo a los intentos de dominio territorial y económico por parte de los países fascistas hacia otros territorios y ,además, aparejaba en  coalición o frente a estas naciones fascistas para el logro de sus objetivos. Afortunadamente aunque hizo escuela  y mantiene buen número de catecúmenos hay también muchos que no le creen y que entienden su postura como la de un contratado para la invención, algo así como un profesional de los fondos de reptiles en tiempo de guerra

Pero hay quien hay que darle el mérito por ser el primero en mostrar preocupación ante el quintacolumnismo de la Falange hasta llegar a escribir un libro sobre ello es a Allan Chasse, que continúa con seguidores, o con gentes que le cita a pies juntillas, a pesar de que su libro, un panfleto de propaganda, es completamente endeble y definido por el Profesor Payne en los siguientes términos "un ejemplo extremo de la hipérbole de tiempos de guerra"  Y hasta la propia División Europea del Departamento de Estado calificaba de inverificable lo expuesto por Chasse y acusaba de distorsionar la idea de Hispanidad  

Observar, después de la lectura de la documentación interna de los jefes falangistas, la falsedad de las acusaciones no es tarea difícil; pero tampoco puede extrañar la fácil inclinación de algunos, en los tiempos que corrían, a admitir el quintacolumnismo, cuando desde la misma Embajada alemana en Madrid se utilizaban argumentos que negaban la labor de zapa en algunas naciones al mismo tiempo que  italianos y alemanes sí entendían a España de posible intermediaria de sus proyectos.

La idea genuinamente española de hacer su "imperio" con independencia completa de otros países que podían aspirar también a un Nuevo orden se manifestó en ocasiones variadas. En 1938 el Delegado Nacional del Servicio Exterior, del Castaño, había ordenado al jefe italiano Zayas la abstención, aunque se hiciera de forma discreta, guardando las formas en colaborar con la revista Imperio. Esta periódico destinado a la juventud española y fruto de una iniciativa particular era bien vista desde Exterior, pero porque  su publicación se hacía en Roma y temiendo interpretaciones aviesas que ,interesadamente, observasen el desplazamiento del centro de la Hispanidad (España) a la nación italiana se prefirió la no participación.

Con el fin de evitar la confusión, el jefe de la Falange en Italia dirigía en 1941 un escrito al Vicesecretario Gamero del Castillo para que se suprimiera (con el pretexto de falta de espacio) el texto de Mario Apelius que a continuación sigue, porque "daría la razón a los rojos en América" ya que se establecía una confluencia argumental entre estos y el escritor italiano partidario del nuevo orden.

"España es el puente espiritual y geográfico entre Europa y la América Indio Latina y vigorosamente ayudada en ciertas naciones Sudamericanas por Italia tiene entre otras empresas aquella de proyectar constantemente hacia la América Central y Meridional la típica civilización romano germánica de Europa".

Se trataba, según confirmaba el falangista italiano, de la visión oficial que tanto Berlín como Roma tenían de España: la de ser intermediaría de sus intereses. Si se tiene en cuenta, por otra parte, la amistad hacía esos países se prefería obviar el asunto mediante una argucia técnica (la falta de espacio) " que entablar polémica con los italianos haciéndoles ver que la Hispanidad no es el eje..."

A medio camino entre el particular proyecto falangista y los intentos de mediatizarlo, se pronuncian algunos historiadores. En el estudio de M. Quijada se  afirma que :"Las apelaciones a un Nuevo Orden Europeo que irradiaban desde la Alemania de Hitler habían calado hondo en algunos sectores del régimen español, especialmente en el seno de la Falange". Idea que es compartida por otros muchos. La reelaboración del concepto de la hispanidad por parte de la Falange quedaba expresada por la mencionada historiadora   de la siguiente forma:

"Ello imprimió un nuevo sesgo a la doctrina de la Hispanidad basada en la catolicidad y la restauración del eje espiritual hispánico, tal como fuera anunciada por Ramiro de Maeztu. Con la Falange, las referencias a Iberoamérica se cargaron de un tono paternalista, al que subyacían tanto la retórica "imperial" de José Antonio “Tenemos vocación de Imperio. Afirmamos que la plenitud histórica de España es el Imperio..." (José-Antonio Primo de Rivera, 1945:519), como la propia estrategia propagandística del Tercer Reich en Iberoamérica".

Esta penetración alemana a costa de la Falange se basaría, en opinión de M. Quijada,  en una estrategia diseñada por el embajador y Director del Instituto Iberoamericano de Berlín Von Faupel (ya sugerido por Chasse). Tal idea se mantiene en los estudios de V. Kulistikov y Delgado López Escamilla, aunque el soporte resulta endeble, como bien se afirma :"Lamentablemente, el segundo basa su información en el primero, y este en material de propaganda aliada editado durante la guerra".

A falta de otras pruebas más concluyentes cabe la hipótesis (¿por qué no?) de  que la estrategia de penetración del III Reich a costa de la Falange fue diseñada no sólo por Alemania sino también por el Departamento de Estado americano y el FBI  en colaboración con los controladores de la opinión pública USA. Resulta curioso que mientras que los informes aportados por algunos funcionarios  americanos respondían en general a situaciones comprobables, donde nombres o hechos son contrastables y existe documentación fehacientemente probatoria, otro tipo de comentarios más condenatorios para la Falange en donde la truculencia conspiradora pronazi es denunciada y, que carecen de apoyo documental, parece tener su fuentes de origen en embajadas americanas y en prensa yanqui o proyanqui. Como resumen de esta última actuación inquisitorial contra la Falange se transcribe la nota publicada por El Comercio de Lima el 8 de Enero de 1941:

"Associated Press Washington 6 (AP) Se sabe de fuente autorizada que el Departamento de Estado esta observando de cerca las actividades de la Falange Española en las Repúblicas americanas. Esta política se debe a que oficialmente se cree que la creciente colaboración de España con el Eje puede extenderse hasta el apoyo a la propaganda italo germana en el hemisferio occidental.

En fuentes informadas se dice que España ha iniciado una campaña de propaganda destinada a revivir los sueños de la ascendencia española en los países americanos y las Filipinas. Se dice también que se han recibido aquí copias de documentos del Gobierno español por lo que se descubre que los falangistas que operan al servicio  de los Departamentos oficiales del Gobierno español podrían también transformarse en agentes activos de la propaganda nazi. Las informaciones oficiales que se han recibido aquí indican que las actividades de los italianos y alemanes en la America Latina están dirigidas hacia la formación de las doctrinas nazi y fascistas, al aliento de las quinta columnas y a fomentar la oposición a la política interamericana o a los planes de defensa unificada de todo el hemisferio.

Una persona bien informada dijo:"Hasta la fecha los propagandistas de la Falange Española han hecho muy poco, según parece, pero están fortaleciendo y expandiendo sus actividades entre los pueblos de idioma español de América y se transforman en una amenaza para la solidaridad americana, a menos que sean denunciados". Agregó que el director de esa oficina de propaganda es el propio Serrano Suñer, Ministro de Relaciones Exteriores de España, que es el Jefe del Partido Falangista, que al mismo tiempo la principal figura política partidaria de una colaboración más estrecha de España con el Eje. Cuando fue designado Ministro de Relaciones Exteriores, después de su visita a Berlín y Roma, hizo una declaración en que dijo:"Desde hoy en adelante la Falange será en el extranjero un elemento más que debe tenerse en cuenta en la vida diplomática de España." Agregó aquella persona bien informada que Suñer comenzó casi inmediatamente a hacer una revisión de funcionarios diplomáticos y consulares de España en los países  de la América del Sur y del Centro, con la intención de colocar a los falangistas destacados en los cargos más importantes Este proceso de nombramientos está desarrollándose ahora."

Tendríamos, pues, que ha prevalecido mayoritariamente un complejo de prejuicios y conjeturas a la demostración de los hechos. Resultaba cierto  que los intentos de mantener neutrales a los países iberoamericanos fueron apoyados por la Falange, y que tal actitud desde luego no perjudicaba al Eje, al tiempo que irritaba a los Estados Unidos que pretendían una actitud de beligerancia continental. Pero el neutralismo no era una invento falangista. En Colombia, Nicaragua, México, Argentina, Uruguay, Perú, Panamá o Bolivia  había partidos políticos autóctonos  que mantenían esa postura.

Organismos de penetración cultural diseñados por el Gobierno español, en cierta  línea falangista, eran intolerables para los norteamericanos .La creación del Consejo de la Hispanidad que se anunciaba como la representación  de la ambiciosa política exterior española, y que no iría más allá de una labor cultural y de expansión de los valores hispánicos, ponía en guardia a la Administración estadounidense y echaba más leña aún a la tensión creada. Bien es cierto que entre los miembros del Consejo de la Hispanidad se encontraba el Delegado del Servicio Exterior de la Falange y los Delegados de Prensa y Propaganda, de Juventudes y de la  Sección Femenina del Partido, pero figuraban también representantes de centros culturales, religiosos y personal de otros ministerios, fundamentalmente del MAE, además de intelectuales como Ortega y Gasset, Menéndez Pidal, Fernández Flores, Eduardo Marquina, Fernández Almagro o Jesús Pabón. Quizás colocados algunos para disimular, pero en cualquier caso, allí colocados.

Falangistas en el exterior, Consejo de la Hispanidad ... elementos en suma que Estados Unidos no podía permitir camparan a sus anchas en su particular "espacio vital" continental.     

Un informe del Servicio Exterior de la Falange  acusaba a los EEUU de influir en los gobiernos de Hispanoamérica en contra de las colonias de españoles y más concretamente en contra de la Falange aplicando contra ella las leyes de seguridad interior. Esta persecución tuvo uno de sus centros en Cuba. El gobierno de Batista fue un ejemplo. Acabaría tomando parte en la guerra mundial al lado de los americanos. Su total dependencia económica de USA le dificultaba tener "huéspedes" con la consideración de avanzadilla del EJE en América. Consecuentemente, allí fue disuelta la Falange, y su Secretario Territorial, Álvarez García, era detenido en 1941 y obligado a abandonar la isla tras un juicio en donde resultó absuelto de las acusaciones de "espía y quintacolumnista". Ante acciones de este tipo la respuesta falangista para continuar su existencia en el continente americano consistió en el cambio de denominación, apareciendo como asociaciones de beneficencia , culturales...etc. Con el fin de salvar estos obstáculos, se propuso el encuadramiento directo en España de los miembros de la Falange Exterior, evitando tener que hacerlo en núcleos de los países de residencia en donde las trabas por ello incidían en su quehacer político.

Este cúmulo de dificultades obstaculizaba el desenvolvimiento de la Falange Exterior en América que perdió la pujanza del periodo 37-39. No se distinguió convenientemente entre lo que significaba Nuevo Orden e imperialismo para la Falange y lo que comportaba para otras ideologías totalitarias. Se juzgó a la Falange más por la naturaleza de sus amigos que por la suya y USA volvía a dejar claro la vigencia del slogan monroísta: "América para los americanos" (para los del norte, por supuesto).