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El Rastro de la Historia. NÚMERO DOS

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Los "niños de la guerra":

expatriación y repatriación

Francisco A. Blanco Moral

 

Rastro de la Historia

Número 2

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De entre las labores más importantes y desconocidas acometida por la Delegación Nacional del Servicio Exterior de la Falange estuvo la relacionada con la repatriación de los "niños de la guerra". Precisamente, una de las constantes en la historia de la Falange fue la de asumir  tareas de asistencialismo (Auxilio de Invierno, Auxilio Social, Sección Femenina, Obra  Sindical del Hogar .etc.) aunque en ocasiones mezcladas con actividades de otra índole, como ocurría en la repatriación. Precisamente  esas funciones de beneficencia y asistenciales de la FET  resultaron más positivas que el abordar otro tipo de escenarios            

La  expatriación de niños

Al estallido de la contienda española y en la situación en que se encontraban muchos niños (con padres en el frente, muertos en combate o  bajo la tutela del Estado ‑como los niños del Colegio de ciegos de Madrid‑) y dado el temor de una población sitiada por el enemigo,  decidieron a las autoridades del gobierno de la República  la evacuación de una parte de niños madrileños (1). Se realizó su traslado a colonias en zonas dominadas por la República preferentemente en el Levante español. Poco tiempo después, fueron niños catalanes, vascos, santanderinos o asturianos los que seguirían la suerte de los madrileños. Pero no quedó en este traslado interno la movilidad infantil. La solidaridad internacional con la República brindó la posibilidad de alojamiento de niños españoles en familias o instituciones de paises extranjeros y en Diciembre de 1936  comenzaron las primeras expediciones de niños al exterior. 

La dispersión  de sociedades o grupos encargadas hasta ese momento decidió al gobierno de la República , ya establecido en Valencia, en los comienzos del año 37 a la creación de un organismo que con el nombre de Delegación de Colonias y dependiente del Ministerio de Instrucción Pública centralizaba el tema. El control de la mencionada Delegación era tanto para   las colonias en territorio español como para las del extranjero. En Agosto de 1937 se creó una Delegación Especial para la Infancia evacuada y algunos días más tarde un Consejo Nacional para la Infancia Evacuada con claras competencias hacia aquellos niños que había marchado al extranjero. Las funciones de estos últimos organismos consistían en el intento de salvaguardar la idiosincrasia cultural de los niños, así como  encargarse de las formas organizativas y económicas de sostenimiento, bien directamente o bien coordinando las ayudas (2).

Un balance numérico de niños acogidos a estos traslados forzosos pone de manifiesto que, los que residían en las colonias de territorio nacional republicano  eran , en Abril de 1938,  8.652 repartidos en 160 establecimientos y el total de menores españoles expatriados ascendía a 34.037. De estos últimos fueron (con pequeños márgenes de error) 17.489 a Francia, 5.130 a Bélgica, 4.435 a Inglaterra, 5.291 a la URSS, 430 a México, 807 a Suiza, 335 a la zona francesa de África y 120 a Dinamarca. 187  establecimientos, además de los receptores particulares, se hacían cargo de ellos. La dispersión hacia distintas naciones hizo conveniente la creación de un Comité Internacional de Coordinación para ordenar, de alguna forma, las muestras de solidaridad de entidades o particulares extranjeros.

La repatriación de niños evacuados

Desde el bando Nacional, la descalificación por la evacuación de niños fue temprana y entre las distintas fuerzas que lo integraban, destacó el papel de la Falange. En la postura mantenida por FE se pueden observar varias etapas, que corren paralelas a su significación dentro del entramado político que se iba gestando. Así,  antes de Abril de 1937, hubo una actitud, desde las más altas instancias falangistas, de sensibilización sobre el tema con el deseo de intervenir directamente en el asunto, quizás por entender que además del móvil humanitario se hacía preciso asumir ya tareas propias del futuro estado falangista al que se aspiraba.

Mas adelante, con la Unificación ya lograda, fue un Servicio de la FET el que se hizo con el tema de la repatriación e intentó‑ o así lo hicieron algunos de su miembros‑ el predominio en las gestiones realizadas, frente a otras instancias (caso de la Iglesia), pero teniendo muy en cuenta que no había más remedio que contar con ellas   para llevar a buen fin el proyecto. El Consejo Supremo de Protección de Menores, que orgánicamente no dependía del Partido, era oficialmente el máximo organismo encargado del tema y contaba con la Delegación de Exterior como uno de sus instrumentos básicos. El voluntarismo primitivo se transformaba en la nueva situación y dentro de ella había que articularse por más que se tendiera al predominio.

  Hay  por fin, una última fase en donde el Estado delega en un Servicio de la Falange, ya "especializado" en el asunto, para que realice esa labor, esto es, utiliza de un instrumento, de un organismo subordinado, Esta última parte de la tarea se prolongará hasta la década de los 50.  

La toma de Bilbao en 1937 fue el punto oficial de arranque la preocupación de FET y de las JONS por la tarea de repatriar  a los niños desde sus lugares en el extranjero, al menos la propia FET reescribiendo arteramente la historia asì lo decía .Se iniciaba una labor de la que se esperaba una extraordinaria publicidad para el recientemente creado Partido Único. Por evidentes razones, el encargado de la tarea de repatriación fue el de la Delegación Nacional del Servicio Exterior de la Falange. Pero ya antes de  la existencia de FET como partido único, Falange Española había dado muestras de que la expatriación era un asunto preocupante, aunque los propios falangistas, por desconocimiento o por voluntario olvido querían fijar en la toma de Bilbao  el momento decidido para actuar.  Manuel Hedilla Larrey, máxima cabeza visible de la Falange Española, dirigió en Febrero del 37 una extensa carta al Secretario General de la Sociedad de Naciones  interesándose por el tema y pidiendo que la Sociedad ginebrina organizara la repatriación, la Falange se encargaría de los temas económicos que ello conllevara. La respuesta del alto organismo internacional fue decepcionante para la Falange, basada en la argumentación de que el escrito falangista no procedía de fuente oficial y por tanto no se hacía caso de la petición. En el interior de la Falange  se tenía la esperanza  de que ,mientras el Gobierno Nacional no fuera reconocido por los países que integraban el Consejo de la Sociedad de Naciones, el tema de los niños expatriados  fuera asumido por algún gobierno amigo que estuviera representado en Ginebra.

A pesar de la postura de la Sociedad de Naciones, Manuel Hedilla no se dio por vencido y a principios de Abril del 37,  cuando  quedaban muy pocas fechas para los Sucesos de Salamanca,  el Jefe de la Junta de Mando dirigía  al The Times, a la The General Relief Fundation y  a la Unión Internacional de Socorros a la Infancia la petición de ayuda ante lo que no dudaba en calificar de "inhumana exportación de niños" a la URSS. No se hacía referencia a los evacuados a otros destinos, y se ponía el acento en la antinomia "civilización de occidente‑barbarie de oriente" como baza fundamental para la comprensión británica del asunto. La Unión Soviética resumía el mal y ese infierno de hielo sería  lugar de muerte, por lo menos espiritual, de los niños españoles que allí iban  (3). Pedía Hedilla , incluso, en alguno de sus escritos la creación de un territorio neutral, controlado por algún embajador sudamericano, sufragado por el gobierno nacionalista de España y que dispusiera de clima similar al español para estos niños huérfanos o abandonados. El planteamiento dado por el jefe falangista, sería, curiosamente, atribuido más tarde al general Franco (4).

No se había recatado Hedilla en sus cartas, de relatar la importantísima labor asistencial que con los niños,víctimas de la guerra, estaban realizando los servicios de orden social falangista, ni de exponer, aunque de forma velada, las aspiraciones  falangistas a la conquista del estado. En la misiva dirigida a la Sociedad de Naciones decía que "Falange Española no es todavía el Estado Español", con lo que estaba proyectando con claridad el deseo de conseguir serlo en breve espacio de tiempo.  

Del conjunto de fuerzas del bando nacional tenía la impresión  Falange de haberse quedado sola en su empresa de repatriación. Si sus denuncias no habían encontrado eco  en el exterior era lo peor que tampoco lo tenían dentro de España. Ese regusto amargo por la falta de solidaridad de las otras fuerzas nacionales suponía, según la Falange, un acicate para ella:

"Nuestra pobre FALANGE, pobre de dinero y poderosa de aliento, quiere para sí sola el sacrificio que suponga el cuidado de esos miles de niños".  Acostumbrados a la brega en solitario los falangistas aseguraban que "nunca nos asustó la soledad en las grandes empresas".

Tras este periodo de sensibilización y de infructuosos intentos y con la FET ya creada, las extensiones exteriores falangistas,  recibían instrucciones o planeaban métodos para lograr la repatriación. A poco más de un mes de ejercer como responsable del Servicio Exterior, proponía del Castaño repatriar a los niños españoles acogidos en Inglaterra por la asociación protestante Salvation Army. Arropaba su demanda en tintes dramáticos sobre el escenario en que se movían los niños, ambientes de tristeza y extranjería y lo a más grave:  rodeados de población comunista. Solicitaba del Secretariado Político de la FET, la publicación de llamamientos en Vizcaya a los familiares de aquellos niños, el otorgamiento de poderes al jefe falangista londinense y la elaboración de un presupuesto para acometer el proyecto.

Desde Londres el activista de la FET, F. G. Sturrup (5), pedía, con tintes alarmistas, a finales del Julio del 37 instrucciones para la repatriación y la agilización en las reclamaciones de niños desde el País vasco a fin de evitar , que estos fueran enviados a Australia . Instaba, además, a una fuerte labor pro dística y de descrédito de la República basada en la situación de desamparo de los niños.

Aquella idea no era nueva, en el interior de la España rebelde la prensa falangista ya lo venía haciendo.  La Gaceta Regional de Salamanca sensibilizaba a la opinión pública con titulares como  "niños evacuados, astrosos y famélicos pasan por Cuba" (6). El desamparo de los niños residentes en Méjico presentaba para el Arriba España rasgos tenebrosos y urgía a los padres de las criaturas a dirigirse al responsable de la Cruz Roja Española Conde de Vallellano para intermediar en el tema .

La carencia de los más elementales medios de subsistencia habían arrojado a los niños residentes en Morella a vivir de la caridad. Tales denuncias,  donde el alarmismo servidor de la pro da antirrepublicana no podía quedar exento, sensibilizaba a la población sobre la atrocidad cometida por la República en su política "exportadora de niños".

El falangista londinense Sturrup ponía tintes dramáticos a la suerte de los niños, supeditada a que les hubiera o no correspondido una tutela católica.  La relajación moral vivida por quienes carecieiran de ella había provocado el embarazo de muchas niñas españolas. La responsabilidad se atribuía directamente a uno de los grupos que apadrinaban, al "comité rojo‑inglés" presidido por la duquesa de Atholl. Este personaje,  junto a los políticos laboristas, eran quienes recibía más invectivas por parte de la Falange.La perversidad que se le suponía llegaba incluso a la acusación de haber auspiciado una colonia de alojamiento de niños en Puigcerdá, junto a la estación de ferrocarril, a sabiendas de que el recinto ferroviario era un posible objetivo de bombardeo de la aviación nacional.

El 9 de julio, a los 8 días de la petición de Sturrup, el Secretariado Político  dirigia al Jefe Provincial de la FET  de  Bilbao una orden para que se dirigiera a los padres de Vizcaya con hijos evacuados a fin de que los reclamaran. Cinco días más tarde desde  Londres se informaba del comienzo de gestiones sobre el tema. Volvía a urgir Sturrup celeridad en el tema de la repatriación con el optimismo que le daba saber que el obispo  católico de Londres era un gran entusiasta de la Falange Española

El activismo de Sturrup no tenía fin, el 29 de julio exponía un plan, elaborado por él mismo, con el objetivo de repatriar a los niños de Inglaterra. En el documento que enviaba, llamaba la atención la redacción del punto 4:

"Para hacer rabiar un poco a estos rojos, sería una buena idea enviar primeramente los niños vascos que al parecer son los únicos que profesan la religión y se portan bien, y dejar para más adelante para que les den a estos un poco más de guerra, a los asturianos y santanderinos que son UNOS FIERAS y por lo tanto conviene que estos les den unos cuantos disgustos más, pues la gente se va dando idea de que si son así los chicos, que es lo que serán sus padres. Nosotros aprovechamos todo esto  para hacer una gran pro da. Son medio criminales. El otro día le arremetieron a un policía con un cuchillo, que se libró por milagro de que lo descuartizaran".

Y aunque los niños en hogares católicos eran los mejor atendidos y el obispo de Londres era seguidor de los falangistas, aparecían los problemas de competencias con un miembro de la Iglesia española. Un cura español, el padre Gábana, se presentó en las Islas con el claro propósito de intervenir también en el asunto de la repatriación. Aquello motivó la protesta de Sturrup al considerar que la cuestión era un asunto exclusivo de la  Falange, ya  a quien lo había comenzado y señalaba el peligro que para el Estado suponía la entrada de eclesiásticos en labores políticas ("pues si no volvemos a lo de antes".) El clérigo obstaculizaba la labor de la Falange al negarse a transferír las autorizaciones paternas preceptivas que obraban en su poder y el Jefe falangista lo desacreditaba ante sus superiores por    la impresión nefasta que daba en las visitas que realizaba a los centros de alojamiento de los niños, "con discursos severos sobre el orden, la disciplina, y la obediencia, con la amenaza de recluirles en reformatorios y otros sitios así". De esta forma y con la competencia surgida, el Jefe de la Falange de Londres sugería a del Castaño su intervención ante Antonio Maseda Bouso, nombrado por la Junta de Burgos delegado Extraordinario de Protección de Menores (7) y  máximo responsable del tema de la repatriación.

Las quejas por la intromisión de Gábana no se agotarían en el propio partido.  Ante el Duque de Alba y ante el Nuncio Antoniutti fue denunciado el sacerdote;  pero la Iglesia no parecía tampoco dispuesta a dejar el tema en manos exclusivas de la Falange e incluso el Delegado de FET en Vizcaya pedía el 25 de Septiembre de 1937 que se unificaran las gestiones de Gábana y Sturrup. Además, el Nuncio apostólico solicitaba al Delegado Extraordinario en Noviembre del mismo año la presencia de un representante suyo en los actos de entrega de niños a sus familias .

La Delegación de Exterior continuaba sus cometidos y  del Castaño pedía ayuda a la Delegación de Prensa y Pro da  del Partido. Las publicaciones de la FET no se limitaron a la condena dentro del territorio español, aprovechando las destinadas  para el exterior se denunciaba "la exportación infantil de los marxistas‑ nueva trata de infantes‑".

En Londres, y durante el mes de Octubre, se había formado un comité para la repatriación presidido por el representante oficioso de Franco, el Duque de Alba, y en donde Falange se convertía en ayuda, reclamando las funciones logísticas necesarias para dar buen fin al cometido, pero asumiendo un claro papel de subordinación. En la capital inglesa funcionaban dos comités de ayuda a los niños expatriados. Uno de matiz progresista dirigido por la Duquesa de Atholl y otro de carácter conservador con el Duque de Wellington a la cabeza. La creación de este último se había realizado a instancias del Duque de Alba y contaba con el apoyo del Gabinete Diplomático de S.E. el Jefe del Estado. El Du a partidario de apoyarse para la Falange en este tema y fue él quien pidió que los falangistas acompañaran el retorno de 1000 niños desde Inglaterra .

Si la Falange se movía con cierta facilidad en las Islas no ocurría lo mismo en Francia. Su posible "intromisión" en tareas propias del Estado no era aceptada por el Gobierno francés, o cuando menos, así lo entendían ciertas autoridades militares españolas cuando indicaban que la repatriación de niños en Francia era tarea exclusiva del Gobierno español porque su homólogo francés se negaría tratar el tema  con otro interlocutor que no fuera el propio gobierno .              

Un claro ejemplo de sintonía entre el  Estado, la Iglesia y las ideas de la Falange se daba en el  grupo de niños alojados con frailes franciscanos en Friburgo. La Representación en Berna del Estado nacionalista español informaba  de la labor admirable que los frailes habían realizado con el grupo de niños vascos por ellos recogidos:

"Pude comprobar  como aquellos buenos Padres habían cambiado por completo la mentalidad de los chicos, quienes me recibieron saludando con el brazo extendido y a los gritos de ¡Viva Franco y Arriba España!".

Las maniobras  del Gobierno de Burgos preocupaban al Gobierno republicano. El 15 de Octubre de 1937 la Presidencia del Consejo de Ministros dictó un Decreto en donde se ampliaba la jurisdicción consular en el extranjero, en el sentido de proceder a la tutela de los menores.Se dieron órdenes a las representaciones españolas de asumir dos cometidos: A)Protección tutelar, asistencial y educativa, función de carácter social y público. B)Tutela en el sentido civil, en lo concerniente a regular la situación jurídica del menor que carecía de  patria potestad. Con ello se querían torpedear los intentos del gobierno rebelde de repatriar a los niños. Se alertaba a los representantes del gobierno republicano español en el extranjero para que realizaran gestiones políticas o diplomáticas ante los gobiernos respectivos con el fin de forzar la resistencia y oposición de los mismos a los intentos de repatriación.

En Bélgica también hubo problemas. La negativa de algunos a regresar y la multivariedad del gobierno de aquella nación fueron motivos que dificultaron el éxito de repatriar a los niños allí alojados. El gobierno danés, por su parte, exigía la documentación relativa al niño, un depósito de 50 coronas y un examen médico como requisitos imprescindibles para dejar volver a os niños a España .

Pero las quejas más intensas iban referidas a los niños enviados a la URSS. Sobre ellos y, dada la carencia de relaciones diplomáticas o de otro tipo, se hizo cargo, de las peticiones españolas sin resultado alguno, la embajada alemana en aquel país. Por la enemistad del gobierno mejicano hacia el bando nacionalista recibía también ese país los ataques de la prensa nacional. Apoyándose en noticias difundidas por la prensa cubana se criticaba el criminal olvido al que estaban sometidos los 460 niños enviados a México.

Finalizada la guerra, continuó el empeño de la localización de niños y para ello se hizo preciso la relación más completa posible de los expatriados. En Septiembre del 39, el Secretario  General de la FET, Muñoz Grandes, ordenaba a las jefaturas provinciales de Falange relaciones sobre los niños que habían salido de cada provincia. Continuaba el proceso con la ventaja de ser ya el gobierno de Franco el reconocido, con escasas excepciones, y pudiendo realizar una labor de estado en cuanto a la  protección de sus ciudadanos. No sería ajeno a determinadas repatriaciones la ayuda alemana, cuando esta nación invada o domine la práctica totalidad del continente.

En 1941 la Delegación Extraordinaria para la Repatriación de Menores pasó a depender del Servicio Exterior de la FET. Hasta el año 43 la labor de este servicio se realizó con ciertas facilidades disponiendo de una extensión de la Delegación en París encargada de Europa Central, Francia y Bélgica. Desde ese año y por los acontecimientos bélicos que atravesaba Europa las dificultades se agudizaron.

El procedimiento que se seguía para la repatriación consistía en la localización del menor expatriado, tras lo que se solicitaba su devolución  a las familias con las que estuviera. Informes falangistas señalaban casos de "repugnantes regateos "y hubo familias francesas que pidieron compensaciones económicas. Acometido este primer paso si no daba resultado se acudía a la reclamación judicial por medio del estamento consular. Una vez que el menor pasaba a manos de las autoridades españolas se le llevaba a España y se le entregaba al Delegado de Frontera, que comunicaba a Madrid la llegada. Si había reclamación sobre el niño se le entregaba a su familia; en caso de que no la hubiera -tengamos en cuenta los muertos y desaparecidos en guerra y años siguientes- y tras anuncios en prensa y radios locales, el menor pasaba a depender de la Junta de Protección de Menores.

Junto a las peripecias de la Falange de Londres posiblemente sea  la repatriación de niños de la URSS el asunto de mayor truculencia. El primer repatriado fue un soldado ruso, antiguo niño expatriado, que cayó prisionero durante la guerra ruso finlandesa. De sus informaciónes dedujeron los servicios de la Falange Exterior, la preparación como activistas de los niños españoles que allí fueron. Tal versión, en su último aspecto, se confirmaba con los 14 menores de una "escuela de activistas" apresados por las tropas alemanas en Agosto del 42 y que fueron repatriados a España en Diciembre del mismo año. Quizás, se generalizaba lo que no eran sino muestras, pero tampoco es descartable, en la situación por la que atravesaba la URSS, la finalidad indicada para estos jóvenes. Un caso muy particular fue el de Albino Zapico, quien procedía de una evacuación de niños de Gijón y tras infructuosos  huidas de la URSS consiguió al final escapar. En Febrero del 48 volvía a España.

A finales de los 40, la FET disponía de un representante en Austria quien, amparado en asuntos comerciales, pasaba con facilidad a la zona soviética. Sus informaciones hablaban de la imposibilidad de trabajar el tema de la repatriación en la URSS o en sus  países satélites. Pesaba además el que en caso de lograr repatriaciones, estas se harían sobre personas en donde la sovietización ya habría hecho mella. Quedaba aquel testimonio de impotencia como causa más que suficiente para justificar el fracaso en el retorno de los niños de la URSS. Los temores sobre jóvenes expatriados y educados en ideologías abiertamente contrarias a las españolas vigentes, ponían en guardia a la Falange   ante la posible llegada de antiguos evacuados a México, suponiendo que algunos de los que querían regresar pertenecieran a sociedades secretas masónicas 

En Noviembre de 1949 el Servicio Exterior de la Falange, que había vuelto a aparecer utilizando un nombre histórico aunque su realidad distaba mucho de los que fue años atrás, daba cuenta del tema y aportaba datos numéricos sobre la cuestión. La labor emprendida de repatriación había supuesto un éxito relativo: la vuelta de 20.266 niños (8) no completaba el total de los que había marchado.

El que fuera jefe falangista de Francia  Fidel Lapetra remitía un informe a finales de ese año en donde no olvidaba entre otros temas el de la repatriación y, aunque opinaba que se debía continuar con él, dejaba constancia que "por el tiempo transcurrido la mayor parte de los menores expatriados van dejando de serlo." Y, además, señalaba una barrera de difícil acceso, consistente en los subsidios familiares que cobraban las familias francesas donde no había exigencia de que "los hijos sean del mismo lecho, bastando que convivan con los subsidiarios" y que sobrepasaban los 50.000 francos mensuales si había cinco menores.

En Julio de 1951, el Ministro Secretario General del Movimiento, Raimundo Fernández Cuesta enviaba a Martín Artajo la relación de personas que más se habían significado en el tema de la repatriación para que recibieran la debida recompensa. Esa relación la componían Genaro Riestra, Sergio Cifuentes, F.  Barberana -Delegado de Fronteras en Fuenterrabía entre 1943-1951- , Mercedes García Quintana- Jefe del Departamento femenino entre 1943-1951- Felipe Yurrita, José Luis Carselle (Delegado de Frontera en Cataluña), Roberto Alfonso Ferré Gomis (Delegado en Lisboa), Francisco Álvarez García (Administrador en el periodo 1943‑51), Jorge Becher (Jefe de Archivos 1940‑44) y los funcionarios José Miguel Martín y Fernando Fuentes.

El asunto aún coleaba en 1952. El encargado de Protección de menores, el falangista Sergio Cifuentes, (un histórico del Servicio Exterior) enviaba un oficio confidencial a los Delegados Provinciales de las Falanges del Mar (9) en donde les anunciaba la aparición en periódicos provinciales de la labor desarrollada por el Departamento de Protección de Menores, con respecto a la repatriación.

Efectivamente, cuanto menos en los diarios Los Sitios, La Prensa, Diario de Cádiz, Alerta, "Hierro, El Correo Españo-El pueblo Vasco, la Verdad e Información apareció, el 13 de Marzo de 1952 un artículo de Federico de Urrutia " el poeta de la Falange" sobre el tema . Con el título de "Españoles sin Patria"  hablaba del normal olvido de la guerra por su dureza, mas para los  españoles "no inconscientes, no traidores o no olvidadizos" aún seguía pendiente el tema de "los menores expatriados en 1937 que lo fueron a la fuerza o engañados" Fijaba su atención en los niños que fueron a la URSS "porque dada la infrahumana educación recibida, estos, ya habrían dejado de ser criaturas humanas, para convertirse en desalmados entes sovietizados". Niños educados para el activismo e insensibilizados al cariño"...que no solamente habían perdido la facultad de sentir afecto, sino que hasta repudiaron a sus padres con el más soviético de los cinismos". Niños corrompidos por el comunismo en Rusia y por la  masonería en México.

Contra estos dos países las invectivas de Urrutia y una loa final al Servicio Exterior de la FET que intentaba a los españoles sin patria devolverles el amor a España "y con ello abrirles los caminos de la luz que les devuelvan la sonrisa que les arrebató el marxismo".

Años más tarde, en 1957, el buque Crimea depositaba en Castellón a 412 españoles, antiguos niños de la guerra. Se rumoreaba por aquellos tiempos el inicio de relaciones con la URSS y un extraño acercamiento entre el régimen y comunistas soviéticos.  

NOTAS 

1.- En el acta de la sesión de la Junta de Defensa de Madrid del 13 de Noviembre de 1936, el vocal Caminero del Partido Sindicalista, dio cuenta de la disposición sobre un Comité de Auxilio de niños presidido por el Consejo de evacuación y otro personal que se designaría. J. Aróstegui  y J. Martínez. La Junta de Defensa de Madrid Comunidad de Madrid 1984 p. 297. 

2.- Otros informes hablan también de Checoslovaquia, Holanda y Suecia como puntos de destino receptores de niños españoles.

3.- Tan amarga visión hacia la URSS contrasta con la absolutamente positiva de alguna estudiosa del tema (V. Grego Navarro R. y Zafra García E. comunicación El exilio español en la Unión Soviética al Congreso de Oposición al franquismo Tomo II pp.23-41.) Casi 50 años antes de esta valoración, Irene Falcón, en el periódico sueco Stormklocman (En Stormklocman nº 12.-21.08.41 p.6 ) elogiaba la acogida soviética y la enfrentaba a la crueldad del trato del gobierno francés de Daladier, que habría provocado centenares de niños muertos de hambre y frío .

4.- En folleto sobre la expatriación de niños vascos de Germán Fernández Fraga.

5.- El nombre Sturrup  mueve a la confusión. Un tal Fernando González Uña, dirigía a Eduardo Aunós y a Pilar Primo de Rivera  sendas cartas sobre la tragedia de los niños expatriados. Sturrup podía tratarse de un seudónimo.

6.- 30.06.37.- La mencionada publicación dependía del Departamento de Prensa y Pro da de la Falange.

7.- Esta institución había sustituido en el asunto de la repatriación al organismo supremo encargado de ello hasta entonces, el Consejo Supremo de Protección de Menores.

8.- (De las procedencias siguientes: URSS 34, Francia 12381, Bélgica 3798, Inglaterra 2822, Orán 23, Casablanca 1, Suiza 643, Dinamarca 58 y Méjico 56)

9.- A pesar de los temores de Urrutia, desde la SGM se seguía pensando en la integración de esos muchachos en la vida española. A raíz de una carta enviada por el embajador español en Francia sobre la petición de regreso de un antiguo "niño de la guerra" acogido en la URSS, Fernández Cuesta preguntaba al Delegado Nacional del Frente de Juventudes, Elola Olaso, si su organización acogería con garantías a los niños que fueron a Rusia.