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Rastro de la Historia
Número 2
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De entre las labores más
importantes y desconocidas acometida por la Delegación Nacional del
Servicio Exterior de la Falange estuvo la relacionada con la repatriación
de los "niños de la guerra". Precisamente, una de las
constantes en la historia de la Falange fue la de asumir
tareas de asistencialismo (Auxilio de Invierno, Auxilio Social,
Sección Femenina, Obra Sindical
del Hogar .etc.) aunque en ocasiones mezcladas con actividades de otra índole,
como ocurría en la repatriación. Precisamente
esas funciones de beneficencia y asistenciales de la FET resultaron más positivas que el abordar otro tipo de
escenarios
La
expatriación de niños
Al estallido de la contienda
española y en la situación en que se encontraban muchos niños (con
padres en el frente, muertos en combate o
bajo la tutela del Estado ‑como los niños del Colegio de
ciegos de Madrid‑) y dado el temor de una población sitiada por el
enemigo, decidieron a las
autoridades del gobierno de la República
la evacuación de una parte de niños madrileños (1). Se realizó
su traslado a colonias en zonas dominadas por la República
preferentemente en el Levante español. Poco tiempo después, fueron niños
catalanes, vascos, santanderinos o asturianos los que seguirían la suerte
de los madrileños. Pero no quedó en este traslado interno la movilidad
infantil. La solidaridad internacional con la República brindó la
posibilidad de alojamiento de niños españoles en familias o
instituciones de paises extranjeros y en Diciembre de 1936
comenzaron las primeras expediciones de niños al exterior.
La dispersión de
sociedades o grupos encargadas hasta ese momento decidió al gobierno de
la República , ya establecido en Valencia, en los comienzos del año 37 a
la creación de un organismo que con el nombre de Delegación de Colonias
y dependiente del Ministerio de Instrucción Pública centralizaba el
tema. El control de la mencionada Delegación era tanto para
las colonias en territorio español como para las del extranjero.
En Agosto de 1937 se creó una Delegación Especial para la Infancia
evacuada y algunos días más tarde un Consejo Nacional para la Infancia
Evacuada con claras competencias hacia aquellos niños que había marchado
al extranjero. Las funciones de estos últimos organismos consistían en
el intento de salvaguardar la idiosincrasia cultural de los niños, así
como encargarse de las formas
organizativas y económicas de sostenimiento, bien directamente o bien
coordinando las ayudas (2).
Un balance numérico de niños
acogidos a estos traslados forzosos pone de manifiesto que, los que residían
en las colonias de territorio nacional republicano eran , en Abril de 1938,
8.652 repartidos en 160 establecimientos y el total de menores españoles
expatriados ascendía a 34.037. De estos últimos fueron (con pequeños márgenes
de error) 17.489 a Francia, 5.130 a Bélgica, 4.435 a Inglaterra, 5.291 a
la URSS, 430 a México, 807 a Suiza, 335 a la zona francesa de África y
120 a Dinamarca. 187 establecimientos,
además de los receptores particulares, se hacían cargo de ellos. La
dispersión hacia distintas naciones hizo conveniente la creación de un
Comité Internacional de Coordinación para ordenar, de alguna forma, las
muestras de solidaridad de entidades o particulares extranjeros.
La
repatriación de niños evacuados
Desde el bando Nacional, la
descalificación por la evacuación de niños fue temprana y entre las
distintas fuerzas que lo integraban, destacó el papel de la Falange. En
la postura mantenida por FE se pueden observar varias etapas, que corren
paralelas a su significación dentro del entramado político que se iba
gestando. Así, antes de
Abril de 1937, hubo una actitud, desde las más altas instancias
falangistas, de sensibilización sobre el tema con el deseo de intervenir
directamente en el asunto, quizás por entender que además del móvil
humanitario se hacía preciso asumir ya tareas propias del futuro estado
falangista al que se aspiraba.
Mas adelante, con la Unificación
ya lograda, fue un Servicio de la FET el que se hizo con el tema de la
repatriación e intentó‑ o así lo hicieron algunos de su
miembros‑ el predominio en las gestiones realizadas, frente a otras
instancias (caso de la Iglesia), pero teniendo muy en cuenta que no había
más remedio que contar con ellas
para llevar a buen fin el proyecto. El Consejo Supremo de Protección
de Menores, que orgánicamente no dependía del Partido, era oficialmente
el máximo organismo encargado del tema y contaba con la Delegación de
Exterior como uno de sus instrumentos básicos. El voluntarismo primitivo
se transformaba en la nueva situación y dentro de ella había que
articularse por más que se tendiera al predominio.
Hay por fin, una última fase en donde el Estado delega en un
Servicio de la Falange, ya "especializado" en el asunto, para
que realice esa labor, esto es, utiliza de un instrumento, de un organismo
subordinado, Esta última parte de la tarea se prolongará hasta la década
de los 50.
La toma de Bilbao en 1937 fue el
punto oficial de arranque la preocupación de FET y de las JONS por la
tarea de repatriar a los niños
desde sus lugares en el extranjero, al menos la propia FET reescribiendo
arteramente la historia asì lo decía .Se iniciaba una labor de la que se
esperaba una extraordinaria publicidad para el recientemente creado
Partido Único. Por evidentes razones, el encargado de la tarea de
repatriación fue el de la Delegación Nacional del Servicio Exterior de
la Falange. Pero ya antes de la
existencia de FET como partido único, Falange Española había dado
muestras de que la expatriación era un asunto preocupante, aunque los
propios falangistas, por desconocimiento o por voluntario olvido querían
fijar en la toma de Bilbao el momento decidido para actuar.
Manuel Hedilla Larrey, máxima cabeza visible de la Falange Española,
dirigió en Febrero del 37 una extensa carta al Secretario General de la
Sociedad de Naciones interesándose
por el tema y pidiendo que la Sociedad ginebrina organizara la repatriación,
la Falange se encargaría de los temas económicos que ello conllevara. La
respuesta del alto organismo internacional fue decepcionante para la
Falange, basada en la argumentación de que el escrito falangista no
procedía de fuente oficial y por tanto no se hacía caso de la petición.
En el interior de la Falange se
tenía la esperanza de que
,mientras el Gobierno Nacional no fuera reconocido por los países que
integraban el Consejo de la Sociedad de Naciones, el tema de los niños
expatriados fuera asumido por
algún gobierno amigo que estuviera representado en Ginebra.
A pesar de la postura de la
Sociedad de Naciones, Manuel Hedilla no se dio por vencido y a principios
de Abril del 37, cuando
quedaban muy pocas fechas para los Sucesos de Salamanca,
el Jefe de la Junta de Mando dirigía
al The Times, a la The General Relief Fundation y
a la Unión Internacional de Socorros a la Infancia la petición de
ayuda ante lo que no dudaba en calificar de "inhumana
exportación de niños" a la URSS. No se hacía referencia a los
evacuados a otros destinos, y se ponía el acento en la antinomia "civilización
de occidente‑barbarie de oriente" como baza fundamental
para la comprensión británica del asunto. La Unión Soviética resumía
el mal y ese infierno de hielo sería
lugar de muerte, por lo menos espiritual, de los niños españoles
que allí iban (3). Pedía
Hedilla , incluso, en alguno de sus escritos la creación de un territorio
neutral, controlado por algún embajador sudamericano, sufragado por el
gobierno nacionalista de España y que dispusiera de clima similar al español
para estos niños huérfanos o abandonados. El planteamiento dado por el
jefe falangista, sería, curiosamente, atribuido más tarde al general
Franco (4).
No se había recatado Hedilla en
sus cartas, de relatar la importantísima labor asistencial que con los niños,víctimas
de la guerra, estaban realizando los servicios de orden social falangista,
ni de exponer, aunque de forma velada, las aspiraciones
falangistas a la conquista del estado. En la misiva dirigida a la
Sociedad de Naciones decía que "Falange
Española no es todavía el
Estado Español", con lo que estaba proyectando con claridad el
deseo de conseguir serlo en breve espacio de tiempo.
Del conjunto de fuerzas del
bando nacional tenía la impresión Falange
de haberse quedado sola en su empresa de repatriación. Si sus denuncias
no habían encontrado eco en
el exterior era lo peor que tampoco lo tenían dentro de España. Ese
regusto amargo por la falta de solidaridad de las otras fuerzas nacionales
suponía, según la Falange, un acicate para ella:
"Nuestra pobre FALANGE, pobre de dinero y poderosa de
aliento,
quiere para sí sola el sacrificio que suponga el cuidado de esos miles de
niños". Acostumbrados a la brega en
solitario los falangistas aseguraban que
"nunca nos asustó la soledad en las grandes empresas".
Tras este periodo de
sensibilización y de infructuosos intentos y con la FET ya creada, las
extensiones exteriores falangistas, recibían
instrucciones o planeaban métodos para lograr la repatriación.
A poco más de un mes de ejercer como responsable del Servicio
Exterior, proponía del Castaño repatriar a los niños españoles
acogidos en Inglaterra por la asociación protestante Salvation Army.
Arropaba su demanda en tintes dramáticos sobre el escenario en que se movían
los niños, ambientes de tristeza y extranjería y lo a más grave:
rodeados de población comunista. Solicitaba del Secretariado Político
de la FET, la publicación de llamamientos en Vizcaya a los familiares de
aquellos niños, el otorgamiento de poderes al jefe falangista londinense
y la elaboración de un presupuesto para acometer el proyecto.
Desde Londres el activista de la
FET, F. G. Sturrup (5), pedía, con tintes alarmistas, a finales del Julio
del 37 instrucciones para la repatriación y la agilización en las
reclamaciones de niños desde el País vasco a fin de evitar , que estos
fueran enviados a Australia . Instaba, además, a una fuerte labor
pro dística y de descrédito de la República basada en la situación
de desamparo de los niños.
Aquella idea no era nueva, en el
interior de la España rebelde la prensa falangista ya lo venía haciendo.
La Gaceta Regional de Salamanca sensibilizaba a la opinión pública
con titulares como "niños
evacuados, astrosos y famélicos pasan por Cuba" (6). El desamparo de los
niños residentes en Méjico presentaba para el Arriba España rasgos
tenebrosos y urgía a los padres de las criaturas a dirigirse al
responsable de la Cruz Roja Española Conde de Vallellano para intermediar
en el tema .
La carencia de los más
elementales medios de subsistencia habían arrojado a los niños
residentes en Morella a vivir de la caridad. Tales denuncias, donde el alarmismo servidor de la pro da antirrepublicana
no podía quedar exento, sensibilizaba a la población sobre la atrocidad
cometida por la República en su política "exportadora
de niños".
El falangista londinense Sturrup
ponía tintes dramáticos a la suerte de los niños, supeditada a que les
hubiera o no correspondido una tutela católica. La relajación moral vivida por quienes carecieiran de ella
había provocado el embarazo de muchas niñas españolas. La
responsabilidad se atribuía directamente a uno de los grupos que
apadrinaban, al "comité rojo‑inglés" presidido por la
duquesa de Atholl. Este personaje,
junto a los políticos laboristas, eran quienes recibía más
invectivas por parte de la Falange.La perversidad que se le suponía
llegaba incluso a la acusación de haber auspiciado una colonia de
alojamiento de niños en Puigcerdá, junto a la estación de ferrocarril,
a sabiendas de que el recinto ferroviario era un posible objetivo de
bombardeo de la aviación nacional.
El 9 de julio, a los 8 días de
la petición de Sturrup, el Secretariado Político dirigia al Jefe Provincial de la FET de Bilbao una
orden para que se dirigiera a los padres de Vizcaya con hijos evacuados a
fin de que los reclamaran. Cinco días más tarde desde
Londres se informaba del comienzo de gestiones sobre el tema. Volvía
a urgir Sturrup celeridad en el tema de la repatriación con el optimismo
que le daba saber que el obispo católico
de Londres era un gran entusiasta de la Falange Española
El activismo de Sturrup no tenía
fin, el 29 de julio exponía un plan, elaborado por él mismo, con el
objetivo de repatriar a los niños de Inglaterra. En el documento que
enviaba, llamaba la atención la redacción del punto 4:
"Para hacer rabiar un poco a estos rojos, sería una buena idea
enviar primeramente los niños vascos que al parecer son los únicos que
profesan la religión y se portan bien, y dejar para más adelante para
que les den a estos un poco más de guerra, a los asturianos y
santanderinos que son UNOS FIERAS y por lo tanto conviene que estos les
den unos cuantos disgustos más, pues la gente se va dando idea de que si
son así los chicos, que es lo que serán sus padres. Nosotros
aprovechamos todo esto para hacer una gran pro da. Son medio criminales. El otro
día le arremetieron a un policía con un cuchillo, que se libró por
milagro de que lo descuartizaran".
Y aunque los niños en hogares
católicos eran los mejor atendidos y el obispo de Londres era seguidor de
los falangistas, aparecían los problemas de competencias con un miembro
de la Iglesia española. Un cura español, el padre Gábana, se presentó
en las Islas con el claro propósito de intervenir también en el asunto
de la repatriación. Aquello motivó la protesta de Sturrup al considerar
que la cuestión era un asunto exclusivo de la
Falange, ya a
quien lo había comenzado y señalaba el peligro que para el Estado suponía
la entrada de eclesiásticos en labores políticas ("pues
si no volvemos a lo de antes".) El clérigo obstaculizaba la
labor de la Falange al negarse a transferír las autorizaciones paternas
preceptivas que obraban en su poder y el Jefe falangista lo desacreditaba
ante sus superiores por la
impresión nefasta que daba en las visitas que realizaba a los centros de
alojamiento de los niños, "con
discursos severos sobre el orden, la disciplina, y la obediencia, con la amenaza
de recluirles en reformatorios y
otros sitios así". De esta forma y con la competencia surgida,
el Jefe de la Falange de Londres sugería a del Castaño su intervención
ante Antonio Maseda Bouso, nombrado por la Junta de Burgos delegado
Extraordinario de Protección de Menores (7) y
máximo responsable del tema de la repatriación.
Las quejas por la intromisión
de Gábana no se agotarían en el propio partido. Ante el Duque de Alba y ante el Nuncio Antoniutti fue
denunciado el sacerdote; pero
la Iglesia no parecía tampoco dispuesta a dejar el tema en manos
exclusivas de la Falange e incluso el Delegado de FET en Vizcaya pedía el
25 de Septiembre de 1937 que se unificaran las gestiones de Gábana y
Sturrup. Además, el Nuncio apostólico solicitaba al Delegado
Extraordinario en Noviembre del mismo año la presencia de un
representante suyo en los actos de entrega de niños a sus familias .
La Delegación de Exterior
continuaba sus cometidos y del
Castaño pedía ayuda a la Delegación de Prensa y Pro da del Partido. Las publicaciones de la FET no se limitaron a la
condena dentro del territorio español, aprovechando las destinadas
para el exterior se denunciaba "la
exportación infantil de los marxistas‑ nueva trata de
infantes‑".
En Londres, y durante el mes de
Octubre, se había formado un comité para la repatriación presidido por
el representante oficioso de Franco, el Duque de Alba, y en donde Falange
se convertía en ayuda, reclamando las funciones logísticas necesarias
para dar buen fin al cometido, pero asumiendo un claro papel de
subordinación. En la capital inglesa funcionaban dos comités de ayuda a
los niños expatriados. Uno de matiz progresista dirigido por la
Duquesa de Atholl y otro de carácter conservador con el Duque de
Wellington a la cabeza. La creación de este último se había realizado a
instancias del Duque de Alba y contaba con el apoyo del Gabinete Diplomático
de S.E. el Jefe del Estado. El Du a partidario de apoyarse para la
Falange en este tema y fue él quien pidió que los falangistas acompañaran
el retorno de 1000 niños desde Inglaterra .
Si la Falange se movía con
cierta facilidad en las Islas no ocurría lo mismo en Francia. Su posible
"intromisión" en tareas propias del Estado no era aceptada por
el Gobierno francés, o cuando menos, así lo entendían ciertas
autoridades militares españolas cuando indicaban que la repatriación de
niños en Francia era tarea exclusiva del Gobierno español porque su homólogo
francés se negaría tratar el tema con
otro interlocutor que no fuera el propio gobierno .
Un claro ejemplo de sintonía
entre el Estado, la Iglesia y
las ideas de la Falange se daba en el
grupo de niños alojados con frailes franciscanos en Friburgo. La
Representación en Berna del Estado nacionalista español informaba
de la labor admirable que los frailes habían realizado con el
grupo de niños vascos por ellos recogidos:
"Pude comprobar como
aquellos buenos Padres habían cambiado por completo la mentalidad de los
chicos, quienes me recibieron saludando con el brazo extendido y a los
gritos de ¡Viva Franco y Arriba España!".
Las maniobras
del Gobierno de Burgos preocupaban al Gobierno republicano. El 15
de Octubre de 1937 la Presidencia del Consejo de Ministros dictó un
Decreto en donde se ampliaba la jurisdicción consular en el extranjero,
en el sentido de proceder a la tutela de los menores.Se dieron órdenes a
las representaciones españolas de asumir dos cometidos: A)Protección
tutelar, asistencial y educativa, función de carácter social y público.
B)Tutela en el sentido civil, en lo concerniente a regular la situación
jurídica del menor que carecía de patria
potestad. Con ello se querían torpedear los intentos del gobierno rebelde
de repatriar a los niños. Se alertaba a los representantes del gobierno
republicano español en el extranjero para que realizaran gestiones políticas
o diplomáticas ante los gobiernos respectivos con el fin de forzar la
resistencia y oposición de los mismos a los intentos de repatriación.
En Bélgica también hubo
problemas. La negativa de algunos a regresar y la multivariedad del
gobierno de aquella nación fueron motivos que dificultaron el éxito de
repatriar a los niños allí alojados. El gobierno danés, por su parte,
exigía la documentación relativa al niño, un depósito de 50 coronas y
un examen médico como requisitos imprescindibles para dejar volver a os
niños a España .
Pero las quejas más intensas
iban referidas a los niños enviados a la URSS. Sobre ellos y, dada
la carencia de relaciones diplomáticas o de otro tipo, se hizo cargo, de
las peticiones españolas sin resultado alguno, la embajada alemana en
aquel país. Por la enemistad del gobierno mejicano hacia el bando
nacionalista recibía también ese país los ataques de la prensa
nacional. Apoyándose en noticias difundidas por la prensa cubana se
criticaba el criminal olvido al que estaban sometidos los 460 niños
enviados a México.
Finalizada la guerra, continuó
el empeño de la localización de niños y para ello se hizo preciso la
relación más completa posible de los expatriados. En Septiembre del 39,
el Secretario General de la
FET, Muñoz Grandes, ordenaba a las jefaturas provinciales de Falange
relaciones sobre los niños que habían salido de cada provincia.
Continuaba el proceso con la ventaja de ser ya el gobierno de Franco el
reconocido, con escasas excepciones, y pudiendo realizar una labor de
estado en cuanto a la protección de sus ciudadanos. No sería ajeno a determinadas
repatriaciones la ayuda alemana, cuando esta nación invada o domine la práctica
totalidad del continente.
En 1941 la Delegación
Extraordinaria para la Repatriación de Menores pasó a depender del
Servicio Exterior de la FET. Hasta el año 43 la labor de este servicio se
realizó con ciertas facilidades disponiendo de una extensión de la
Delegación en París encargada de Europa Central, Francia y Bélgica.
Desde ese año y por los acontecimientos bélicos que atravesaba Europa
las dificultades se agudizaron.
El procedimiento que se seguía
para la repatriación consistía en la localización del menor expatriado,
tras lo que se solicitaba su devolución
a las familias con las que estuviera. Informes falangistas señalaban
casos de "repugnantes regateos
"y hubo familias francesas que pidieron compensaciones económicas.
Acometido este primer paso si no daba resultado se acudía a la reclamación
judicial por medio del estamento consular. Una vez que el menor pasaba a
manos de las autoridades españolas se le llevaba a España y se le
entregaba al Delegado de Frontera, que comunicaba a Madrid la llegada. Si
había reclamación sobre el niño se le entregaba a su familia; en caso
de que no la hubiera -tengamos en cuenta los muertos y desaparecidos en
guerra y años siguientes- y tras anuncios en prensa y radios locales, el
menor pasaba a depender de la Junta de Protección de Menores.
Junto a las peripecias de la
Falange de Londres posiblemente sea la
repatriación de niños de la URSS el asunto de mayor truculencia. El
primer repatriado fue un soldado ruso, antiguo niño expatriado, que cayó
prisionero durante la guerra ruso finlandesa. De sus informaciónes
dedujeron los servicios de la Falange Exterior, la preparación como
activistas de los niños españoles que allí fueron. Tal versión, en su
último aspecto, se confirmaba con los 14 menores de una "escuela de
activistas" apresados por las tropas alemanas en Agosto del 42 y que
fueron repatriados a España en Diciembre del mismo año. Quizás, se
generalizaba lo que no eran sino muestras, pero tampoco es descartable, en
la situación por la que atravesaba la URSS, la finalidad indicada para
estos jóvenes. Un caso muy particular fue el de Albino Zapico, quien
procedía de una evacuación de niños de Gijón y tras infructuosos
huidas de la URSS consiguió al final escapar. En Febrero del 48
volvía a España.
A finales de los 40, la FET
disponía de un representante en Austria quien, amparado en asuntos
comerciales, pasaba con facilidad a la zona soviética. Sus informaciones
hablaban de la imposibilidad de trabajar el tema de la repatriación en la
URSS o en sus países satélites.
Pesaba además el que en caso de lograr repatriaciones, estas se harían
sobre personas en donde la sovietización ya habría hecho mella. Quedaba
aquel testimonio de impotencia como causa más que suficiente para
justificar el fracaso en el retorno de los niños de la URSS. Los temores
sobre jóvenes expatriados y educados en ideologías abiertamente
contrarias a las españolas vigentes, ponían en guardia a la Falange
ante la posible llegada de antiguos evacuados a México, suponiendo
que algunos de los que querían regresar pertenecieran a sociedades
secretas masónicas
En Noviembre de 1949 el Servicio
Exterior de la Falange, que había vuelto a aparecer utilizando un nombre
histórico aunque su realidad distaba mucho de los que fue años atrás,
daba cuenta del tema y aportaba datos numéricos sobre la cuestión. La
labor emprendida de repatriación había supuesto un éxito relativo: la
vuelta de 20.266 niños (8) no completaba el total de los que había
marchado.
El que fuera jefe falangista de
Francia Fidel Lapetra remitía
un informe a finales de ese año en donde no olvidaba entre otros temas el
de la repatriación y, aunque opinaba que se debía continuar con él,
dejaba constancia que "por el tiempo transcurrido la mayor parte de
los menores expatriados van dejando de serlo." Y, además, señalaba
una barrera de difícil acceso, consistente en los subsidios familiares
que cobraban las familias francesas donde no había exigencia de que
"los hijos sean del mismo
lecho, bastando que convivan con los subsidiarios" y que
sobrepasaban los 50.000 francos mensuales si había cinco menores.
En Julio de 1951, el Ministro
Secretario General del Movimiento, Raimundo Fernández Cuesta enviaba a
Martín Artajo la relación de personas que más se habían significado en
el tema de la repatriación para que recibieran la debida recompensa. Esa
relación la componían Genaro Riestra, Sergio Cifuentes, F.
Barberana -Delegado de Fronteras en Fuenterrabía entre 1943-1951-
, Mercedes García Quintana- Jefe del Departamento femenino entre 1943-1951-
Felipe Yurrita, José Luis Carselle (Delegado de Frontera en Cataluña),
Roberto Alfonso Ferré Gomis (Delegado en Lisboa), Francisco Álvarez García
(Administrador en el periodo 1943‑51), Jorge Becher (Jefe de
Archivos 1940‑44) y los funcionarios José Miguel Martín y Fernando
Fuentes.
El asunto aún coleaba en 1952.
El encargado de Protección de menores, el falangista Sergio Cifuentes,
(un histórico del Servicio Exterior) enviaba un oficio confidencial a los
Delegados Provinciales de las Falanges del Mar (9) en donde les anunciaba
la aparición en periódicos provinciales de la labor desarrollada por el
Departamento de Protección de Menores, con respecto a la repatriación.
Efectivamente, cuanto menos en
los diarios Los Sitios, La Prensa, Diario de Cádiz, Alerta, "Hierro,
El Correo Españo-El pueblo Vasco, la Verdad e Información apareció, el
13 de Marzo de 1952 un artículo de Federico de Urrutia " el poeta de
la Falange" sobre el tema . Con el título de "Españoles
sin Patria"
hablaba del normal olvido de la guerra por su dureza, mas para los
españoles "no inconscientes,
no traidores o no olvidadizos" aún seguía pendiente el tema de
"los menores expatriados en
1937
que lo fueron
a la fuerza o engañados" Fijaba su atención en los niños que
fueron a la URSS "porque dada la infrahumana educación recibida, estos, ya habrían
dejado de ser criaturas humanas, para convertirse en desalmados entes
sovietizados". Niños educados para el activismo e
insensibilizados al cariño"...que
no solamente habían perdido la facultad de sentir afecto, sino que hasta
repudiaron a sus padres con el más soviético de los cinismos".
Niños corrompidos por el comunismo en Rusia y por la
masonería en México.
Contra estos dos países las
invectivas de Urrutia y una loa final al Servicio Exterior de la FET que
intentaba a los españoles sin patria devolverles el amor a España "y
con ello abrirles los caminos de la luz que les devuelvan la sonrisa que
les arrebató el marxismo".
Años más tarde, en 1957,
el buque Crimea depositaba en Castellón a 412 españoles, antiguos
niños de la guerra. Se rumoreaba por aquellos tiempos el inicio de
relaciones con la URSS y un extraño acercamiento entre el régimen y
comunistas soviéticos.
NOTAS
1.- En el acta de la sesión de la Junta de Defensa de
Madrid del 13 de Noviembre de 1936, el vocal Caminero del Partido
Sindicalista, dio cuenta de la disposición sobre un Comité de Auxilio de
niños presidido por el Consejo de evacuación y otro personal que se
designaría. J. Aróstegui y J. Martínez. La
Junta de Defensa de Madrid
Comunidad de Madrid 1984 p. 297.
2.- Otros informes hablan también de Checoslovaquia, Holanda
y Suecia como puntos de destino receptores de niños españoles.
3.- Tan amarga visión hacia la URSS contrasta con la
absolutamente positiva de alguna estudiosa del tema (V. Grego Navarro R. y
Zafra García E. comunicación El
exilio español en la Unión Soviética al Congreso de Oposición al
franquismo Tomo II pp.23-41.) Casi 50 años antes de esta valoración,
Irene Falcón, en el periódico sueco Stormklocman
(En Stormklocman nº 12.-21.08.41 p.6 ) elogiaba la acogida soviética y
la enfrentaba a la crueldad del trato del gobierno francés de Daladier,
que habría provocado centenares de niños muertos de hambre y frío .
4.-
En folleto sobre la expatriación de niños vascos de Germán
Fernández Fraga.
5.-
El nombre Sturrup mueve
a la confusión. Un tal Fernando González Uña, dirigía a Eduardo Aunós
y a Pilar Primo de Rivera sendas
cartas sobre la tragedia de los niños expatriados. Sturrup podía
tratarse de un seudónimo.
6.- 30.06.37.- La mencionada publicación dependía del
Departamento de Prensa y Pro da de la Falange.
7.- Esta institución había sustituido en el asunto de la
repatriación al organismo supremo encargado de ello hasta entonces, el
Consejo Supremo de Protección de Menores.
8.- (De las procedencias siguientes: URSS 34, Francia
12381, Bélgica 3798, Inglaterra 2822, Orán 23, Casablanca 1, Suiza 643,
Dinamarca 58 y Méjico 56)
9.-
A pesar de los temores de Urrutia, desde la SGM se seguía pensando en la
integración de esos muchachos en la vida española. A raíz de una carta
enviada por el embajador español en Francia sobre la petición de regreso
de un antiguo "niño de la guerra" acogido en la URSS, Fernández
Cuesta preguntaba al Delegado Nacional del Frente de Juventudes, Elola
Olaso, si su organización acogería con garantías a los niños que
fueron a Rusia.
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