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NÚMERO DOS
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A
poco de iniciada la sublevación en España en Julio del 36 el
tradicionalista Maximiliano Fernández de Aleña y
los falangistas Alejandro Frías Balmes y Carlos Linares de Montemayor
constituyeron un grupo de apoyo a los nacionalistas españoles sublevados.
El primero había llegado en Febrero de 1936 a Venezuela en busca de
trabajo y había pertenecido al Círculo Tradicionalista de Santander, según
manifestaría a la Delegación falangista del Exterior en Febrero del 38.
Desde su llegada a Venezuela hizo pro da en prensa "a
favor de las agrupaciones anti-marxistas
nuestras, denunciando las desgracias que reportaría
a nuestra Patria el Frente Popular". Balmes y Linares de
Montemayor procedían de Barcelona y Madrid respectivamente, ambos eran
falangistas y huyeron de sus lugares de residencia con pasaportes
venezolanos. El padre de Frías era de aquel país y residía en la ciudad
condal mientras que Linares era venezolano, descendiente de españoles y
estudiaba en Madrid. Los
primeros contactos del grupo creado debieron ser en el mes de
Septiembre del 36 pero hasta Octubre del 37 no consiguen establecer
contacto con la organización falangista española.
Entre
los viajes de pro da que la Falange Española y los rebeldes
realizaron por los territorios de Iberoamérica y Filipinas, estuvo el de
González Marín a Caracas quien promueve a los anteriores falangistas
,además de algunos españoles más a la constitución de una Junta
organizadora de la Falange. De manera casi simultánea el viaje de
pro da nacionalista realizado por Luciano López Ferrer lograba la
constitución de un Comité nacionalista de apoyo en Venezuela, colofón a
las reuniones mantenidas en el domicilio del español Cecilio Marrero,
capitán de la Guardia Civil y que se encontraba en aquella República
iberoamericana para instruir en la formación de un cuerpo similar al de
la Guardia civil española. Tiempos donde el hombre fuerte de aquella nación
era el general Eleazar López Contreras que intentaba abordar reformas
sociales con
una Carta fundamental otorgada por el Congreso Nacional venezolano
en 1936.
Otro
lugar de reunión y encuentro para los falangistas de Caracas durante los
años 37 y 38 fue el del ciudadano venezolano José Vicente Pepper
Betancohurt, posiblemente cuando se produjo la escisión- clásica por
otra parte- entre los dirigentes del Comité nacionalista y los
falangistas. Los primeros en su intento de predominio llegaron a marginar
a los segundos que separaron sus actividades a pesar de los primeros
acuerdos de actuación conjunta realizados. Como en tantos otros países
se producía el enfrentamiento entre los falangistas y los seguidores de
la derecha española , normalmente en posesión de una cómoda situación
económica. El Presidente del Comité Nacionalista era Manuel Pérez
Abascal de origen santanderino y con gran fortuna, el vicepresidente
primero era
Modesto de Aysa, empresario del frontón Jai
Alai, quien en Julio del 37 había sido encargado por Sangróniz para
intentar el reconocimiento de la España rebelde. Formaban también parte
el ya dicho Cecilio Marrero, un empresario de apellido Saludes, el
banquero Enrique Pérez Dupuy y el Secretario Fernando Benet, protegido de
los jesuitas y acusado por Fernández de Aleña de ser el responsable del
ambiente de desunión entre los favorables a la causa nacional.
Puntuales
acuerdos entre el Comité y la Falange auspiciados por el falangista
colombiano Ginés de Albareda se mostraron de imposible realización
porque la ruptura por falta de entendimiento era la tónica dominante. El
intento unificador proyectado desde España y a cuyo frente se encontraba
Tito Menéndez (exsecretario General de Pro da de FE de las JONS y
destinado a ocupar la dirección falangista de Venezuela) tampoco llegaría
a buen puerto. Este destacado histórico del falangismo llegó en Agosto
de 1938 tras las quejas que Fernando Benet hizo sobre aquella Falange a la
que acusaba de una postura irreligiosa. Argumento basado en el recelo que
ciertos jesuitas vascos , que anteponían su paisanaje a su credo,
procuraban entre los falangistas.
Con
la expresa prohibición de mezclarse en asuntos de política interna
venezolana Fernández de Aleña recibió autorización gubernamental para
el funcionamiento de aquella Falange.
"Obreros,
estudiantes y pequeños comerciantes y empleados de muy escasos
medios de fortuna" integraban aquel núcleo según manifestaba su
responsable. Carentes de una mínima infraestructura material su
funcionamiento se reducía a contactos con agrupaciones afines y a la
organización de actos religiosos en memoria de relevantes caídos de la
España nacional.
Las
instituciones españolas Casa de España y Cámara de Comercio eran
favorables a la España republicana mientras que el Centro Español se
mostraba a favor de la España nacional. La dicotomía existente en la
colonia española traspasaba los umbrales civiles y llegaba a los
religiosos, y así, mientras que los dominicos españoles prestaban
completo apoyo a la causa nacional y en su templo del Sagrado Corazón se
realizarían funerales por caídos
de la España nacional, algunos jesuitas vascos, se mostraban
reticentes con ella y con la Falange ("entre
los rojos y Franco son tan preferibles los unos como los otros"). En el local de los frailes agustinos de Caracas y
a pesar de las amenazas
vertidas por Benet, se constituyó la Sección Femenina de la
Falange venezolana. Un miembro de esa congregación, Angel Sáenz, llegó
a ser el responsable de Prensa y Pro da falangista.
Dada
la situación de monopolio político que en la España nacional tenía la
FET y de las JONS, al ser el Partido Unico, Fernández de Aleña intento
que desde la España nacional se dispusiera que el Comité Nacionalista
venezolano quedara en la órbita de la Falange transformándolo en el
Auxilio Social con lo que, en cierta manera, quedaría bajo la disciplina
de la organización falangista y destino en cierta manera lógico ya
an gentes de recursos con posibles para las misiones propias del Auxilio
. Tal deseo no llegaría a hacerse realidad por negativa del Comité ya
que argumentaban que "Falange
no tiene ninguna razón de existir en el extranjero" y porque en
España la pervivencia en la autonomía de esas Juntas recaudadoras
nacionalistas proporcionaban unos beneficios materiales que una unión
"a fortiori" podía llevar al traste.
Fernández
de Aleña contraponía la debilidad del Comité con el ímpetu
del grupo falangista :"Pese a
la "sesuda opinión" de estos señores, nosotros no hemos cejado
ni un solo momento en nuestra entusiasta labor en pro de la Causa de España.
Sin local, sin máquina de escribir, sin recursos económicos, todos los días
hemos venido facilitando a la prensa de esta población una especie de
Boletín de Información sobre las actividades en los frentes de batalla,
denuncia de la situación en la Zona esclavizada, organización de la España
liberada; facilitando igualmente artículos con nuestra firma y
concurriendo a las Agrupaciones políticas de este país afines a nosotros
y a cuantas personas hemos estimado conveniente para explicarles la
verdadera significación del Movimiento Salvador de España."
En el diario La Esfera, donde Fernández Aleña desempeñaba la
jefatura de la Sección de Fotograbados era donde se realizaba la mayor
parte de la pro da.
A
finales de Noviembre de 1938 se nombraba Delegado de la FET con carácter
honorífico a Isidro Sáez de Heredia y Osio, en quien concurría ser
pariente de José Antonio Primo de Rivera y Secretario del Representantes
del Estado José Antonio Sangróniz. De tal forma que se había creado una
situación compleja. Por una parte, había un jefe nombrado y que no acudía:
Tito Menéndez; por otra un Jefe en funciones, Fernández de Aleña; y por
último un Delegado con respaldo de los organismos dirigentes de la España
nacional.
A
principios de 1939 Fernández de Aleña continuaba ejerciendo la jefatura
y seguía quejándose del poco eco de los Comités nacionalistas para las
recaudaciones
que, con destino al Auxilio Social de las provincias liberadas, había
iniciado en aquel país y cuya recaudación había alcanzado los tres mil
dólares. Pero su mandato iba a finalizar en breve haciéndose cargo
Isidro Sáenz de Heredia ante la imposibilidad de que Menéndez se hiciera
con
la jefatura. El nuevo responsable llegó a una actitud de concordia
con los integrantes del Comité nacionalista con quienes creó de forma
conjunta
un Hogar Español que integraba a la Falange, al Consulado, a la Cámara
de Comercio y al Comité Nacionalista y que obtuvo el beneplácito del
Delegado Nacional del Servicio Exterior, José del Castaño Cardona.
La
nueva Junta directiva de la Falange incluía a antiguos miembros del Comité
y contaba con Santos Valdés de Secretario, Múgica Millán en Trabajo,
Julián Hernández en Administración, Fernando Benet en Prensa y
Pro da, Manuel Gorachón en Sanidad e Higiene y Claudio Faure al
frente de Información e Investigación. Aquellos cambios no sentaron nada
bien a antiguos dirigentes falangistas y el 15 de Mayo de 1939, Manuel de
Goya, antiguo Delegado de Trabajo, Carlos Linares de Montemayor, fundador
de aquella Falange y antiguo Delegado de Prensa y Pro da y Alejandro
Frías elevaban una instancia ante las autoridades españolas contra el
nuevo jefe Saènz de Heredia acusándole de estar dominado por Sangróniz
y de haber colocado en puestos de responsabilidad como Delegados a
personajes adinerados de los Comités. A la acusación anterior se sumaba
el de no permitir la afiliación, ni tan siquiera como simpatizantes, de
naturales de Venezuela cuando ese contingente suponía el 80% de la
Falange en una colonia con algo más de seis mil españoles y en donde la
gran mayoría eran enemigos del nuevo estado franquista.
A
pesar de esas informaciones negativas la Falange venezolana o el sucedáneo
que de ella quedaba en Venezuela, desarrollaba una labor más
institucional que de partido y ampliaba sus dependencias a Maracaibo,
Barquisimeto, San Cristóbal y Valencia.
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